31 de octubre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Llevo varios días recordando el remanso de aquel tiempo; el gris asfalto de la entrada y las verjas laminadas, con tonos verdinegros, que relataban la existencia de dos mundos parejos y contrapuestos. Maestro, lo recuerdo todo: la arena del patio; las canchas abiertas; el gimnasio que nos parecía inmenso al principio, pero minúsculo al final. Aún escucho el ruido de la sirena sincronizando aquella correspondencia sonora: el eco del patio como una campana que modula y tañe; el silencio de un pueblo dormitorio como un mar en calma.

Tenía yo poco más de una década; algo más que ahora. Por entonces, las enseñanzas y consejos venían solos, sin buscarlos, pues bastaba escucharte, callar y, de vez en cuando, trabajar en la tarea encomendada. Decías tú: «La infancia es la verdadera patria, pues acontece en ella tanto, tan intenso, que aunque la olvides, ella no lo hace». Decías que se colaba en nosotros y anclaba nuestros pies en su jardín. Ahora, me recuerda, de hecho, su jardín a la puerta abierta que nos permite mantener el paso: la vuelta a la morada en días gélidos.

Qué oportuno, maestro, es echar la vista atrás y añorar la inocencia y remembrar las primeras batallas. La infancia es nuestra primera batalla. La infancia es nuestra primera historia, y la escuela, el primer escenario.

foto: Felipe Schiarolli

Pienso en el trabajoso tránsito del lapicero al bolígrafo; en la voladura diminuta –inmensa para mí– provocada por la caída sobre la gravilla del patio. Pienso mucho en ella; sobre todo ahora que ando por los veintidós con pies de plomo, sobre una sociedad que apunta alto y dispara en corto: a los pies, para no avanzar más de la cuenta. Echo de menos tu enseñanza de corta distancia; la enseñanza lenta y poderosa.

Extraño la palabra, el dictado, la corrección. Te extraño, maestro. Dicen que la enseñanza online funciona bien; dicen también que llegaría tarde o temprano, y que si llegó ahora y no cundió el pánico, fue porque hemos progresado. Hablan mucho; pero ambos sabemos que cantidad no es calidad: se puede hablar mucho y no decir nada.

Hace cuatro días –permíteme contarte esto– abrí el periódico (online, por supuesto) y leí sobre la necesidad de contratar a más como tú; leí, a continuación, un decálogo de buena conducta de mi Universidad: lavado de manos, distancia social y mascarilla (lo lógico: nada que no supiera ya). Pero no encontré en ella ni rastro de enseñanza; ya sabes: instrucción; trabajoso tránsito de la magistral al seminario; idea que nace en cabeza ajena a raíz de otra idea. No queda nada de aquello. Pensé que, después de lo acaecido durante estos meses, todo sería distinto. Supuse que los niños irían a clase y aprenderían del vuelo del mirlo, del poema hablado o cantado; imaginé incluso al maestro, como Fernando Fernán Gómez en “La lengua de las mariposas”, hablando del llamativo mecanismo de la trompa de este insecto; del nácar de una flor siendo succionado por ellas. Pero no hay nada de eso: ni un solo colegio nuevo; nada: tampoco tu nombre en el portal de mi Universidad.

Maestro, ¿cómo se explica que esta foto sea más gris que la anterior? ¿Cómo se narra este fracaso desgarbado, que, entre pitos y flautas, se reparten y terminan vendiendo a quienes son como tú? ¿Cómo sigue en pie nuestro mundo, si nadie nos mira a los ojos? Hace dos días, hice yo el ejercicio de mirar a los ojos, y no fui capaz de decir nada, pero conseguí escribirte algo:

Sale mi miedo a la plaza, / como ulula el viento en la era, / y relata y embellece y agranda / la enseñanza que pende de un hilo: / de ti, que escudas el hilo de mi patria.

Lo escribí mientras mi padre leía el móvil y me contaba que seguía Madrid sin contratar a maestros suficientes. Cuando terminó, volví a escribir:

Sale el miedo a la plaza, / como prende el miedo en la llama, / y se quema y balbucea y arde / su mano en el pecho, / con la lumbre dilatada que se entierra.

foto: bromas

Maestro, ya sólo quedáis vosotros y la condición precaria de un aula a rebosar, sin garantías ni respeto hacia lo que significa enseñar. Ya sólo queda, en algunos como yo, tu pensamiento madurado: nada hay más poderoso que la educación. Fue tuyo y gracias a ti el tránsito del lápicero al bolígrafo; el primer poema recitado; la atención precisa sobre aquella montaña. Fue tanto que aún continúa; aún continúa la creencia de que la educación vale y los maestros sirven y existes más allá de aquella clase.

Mas es un hecho, también, que quien gobierna Madrid no recuerda, o recuerda y quiso abandonarnos; o piensan: «prefieren la elegía a la narración suave, el látigo a la bonzanza, para no creerse más que ayer». Duele su prioridad (¡y la de muchos otros!): el dinero sobre la educación. Y sé que también a ti te duele; sé que te duele este rumbo mísero para los que siempre padecen, pero bello para unos pocos.

Ay, maestro, qué panorama nos aguarda; qué horizonte nos quedará si nos hurtan hasta la infancia. Yo, de momento, no concibo cambiar de camino; no quiero avanzar sin tu recuerdo; no quiero vivir sin enseñanza. Quiero mantener el legado que aún persiste en mi memoria: heredo tu palabra madura, como heredé, hace tiempo, esta patria que no se olvida.

The following two tabs change content below.
Juan Montero Martin

Juan Montero Martin

Estudiante de Derecho y Ciencia Política, Universidad Autónoma de Madrid. Escritor. Autor de "Tierra de temporal", poemario inédito, y "La cárcel 2118", monólogo teatral representado en Madrid. Ha participado como ponente en conferencias, debates y ferias literarias. Sus textos han aparecido en espacios como "Cuarto Poder", "Cartas de interior" o "PolitikaCritika".
Juan Montero Martin

Últimas entradas de Juan Montero Martin (ver todo)

Tags: , , ,

    Una Réplica

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies