17 de noviembre del 2019
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Que el día 14 de octubre se publique la tan esperada sentencia del proces, pudiera interpretarse como una fecha casual derivada de los tiempos impuestos por el propio proceso judicial. Si analizamos esta fecha en contexto, nos daremos que, casual o no, es una fecha muy apropiada.

Cómo en repetidas ocasiones hemos defendido, la “cuestión catalana” es un tema político, requiriendo una solución política y no judicial. Detrás del conflicto catalán hay un conflicto político entre dos concepciones nacionalistas tan opuestas como criticables la una y la otra. Frente al nacionalismo catalán -capitaneado en sus orígenes, según hemos puesto de manifiesto en este mismo medio, por la burguesía y sus representantes políticos y sociales – se alza un nacionalismo español homogeneizador que clama por la unidad nacional, olvidando una diversidad que está en nuestro ADN como país. ¿Cuántas culturas y civilizaciones han ido componiendo a lo largo de la historia eso que hoy llamamos España?  El caso es que ese nacionalismo español tuvo el sábado su fiesta grande, con su parafernalia militarista de banderas, desfiles, pechos henchidos y sabores rancios. ¿Qué mejor fin de fiesta que una sentencia reflejo de iure de famoso “a por ellos” con el cual se jaleaba a las fuerzas del orden en su marcha a Cataluña?

Es bastante curiosa la coincidencia de fechas, pero lo que resulta más curioso aún es que, en los denominados “corrilllos” de la recepción real celebrada con motivo de la Fiesta Nacional, los dos temas dominantes fueran: la próxima exhumación de Franco, que pone muy nerviosos a los sectores más conservadores y la sentencia del procés, que les tranquiliza. Una de cal y una de arena. ¿No?

Aunque la sentencia no se publicara hasta el 14, el citado 12 de octubre todo el país conocía su contenido. Que una sentencia tan importante se filtre y todos los medios se hagan eco de ella, dice mucho de cómo se ha llevado este proceso hasta convertido en un espectáculo de masas. Si con el propio juicio y sentencia se buscaba ejemplaridad, qué mejor que hacer de todo ello un espectáculo. Los “actos de fe” se hacían en plazas públicas para reunir a un buen número de espectadores. Este acto de fe españolista en el que se ha convertido el proceso judicial que nos ocupa ha sido retrasmitido en directo por TV y su sentencia adelantada por todos los medios de comunicación: tradicionales y digitales. ¿Hemos escuchado alguna declaración oficial por parte de la judicatura, el gobierno u otra institución del Estado criticando la filtración de la sentencia? La respuesta es no; por lo cual podemos concluir que, si ya no responsables de dicha filtración, sí se encuentran muy satisfechos con la misma.

¿Qué pudo suponer en Cataluña la filtración de la sentencia? Dada la dureza de la misma, ser conocida de golpe en el momento de su publicación, pudiera generar una repuesta más enconada en la calles. Recordemos que el juicio del 23 F, y ese si fue un “golpe de estado” tipificado en sentencia como tal, se resolvió con una media de 6 años de condenas, mientras que en este, las mismas han rondado entre los 9 y los 13. Desde que el viernes 10 de octubre comenzaron las primeras publicaciones de la filtración de la sentencia, se ha repetido una y otra vez que en lugar de delito de rebelión, el mismo se ha tipificado como secesión y por ello las penas son inferiores a lo previsto. Es decir, se ha presentado como un mal menor y se ha dado tiempo suficiente para que la misma fuera “digerida”; y así, una vez conocida dicha sentencia en su integridad, la respuesta fuera más moderada.

Algunas veces parece que los acontecimientos transcendentales mostraran un cierto magnetismo y en un día concreto o días sucesivos, aunque en años diferentes, se encadenen varios. A modo de ejemplo, citemos el 11 de septiembre: fecha que en todo el mundo se recuerda por los atentados a las torres gemelas de  Nueva York y coincide con el asalto a la Casa de la Moneda y asesinato de Salvador Allende, en Chile, en 1973. Si como venimos repitiendo, la sentencia del procés fue publicada el 14 de octubre, y con ello la condena Oriol Junqueras, Vicepresidente de Cataluña y dirigente de Esquerra Republicana, el 15 de octubre de 1940 tuvo lugar el fusilamiento de Lluis Companys. fundador del citado grupo político. No es de extrañar que en el imaginario colectivo del independentismo ambos acontecimientos se relacionen. Así, el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, afirmó que esta sentencia es la mayor agresión contra Catalunya desde el juicio y el fusilamiento Lluís Companys.

Si esta coincidencia de fechas, es casual, no podemos saberlo con certeza, pero la coincidencia de las mismas si puede calentar los ánimos y hacer más dolorosa la sentencia. Una sentencia que, en palabras de citado Grabriel Rufián, no es una sentencia, es una venganza y, como tal, está generando una radicalización del conflicto con unos disturbios “in crescendo” desde su publicación. Dicha radicalización era previsible y la misma reforzará los sentimientos independentistas, mientras que el gobierno, en lugar de intentar llamar a la tranquilidad y al diálogo hace unas declaraciones en las que se habla de cumplimiento íntegro de la pena. Recordemos que los condenados por el golpe de estado del 23 F, no cumplieron la totalidad de las mismas.

 ¿Esta radicalización beneficia a alguien? Tal vez sí. Los disturbios de los que estamos siendo testigos estos días pueden diseñar el escenario para la aplicación del 155, la Ley de Seguridad Nacional o al menos – según manifestábamos en otro medio- para fortificar el discurso españolista de un partido cuyo lema electoral ya es: Ahora, España. Estas medidas serán bien recibidas por Ciudadanos; no vista con malos ojos por el PP, sentándose las bases para la Gran Coalición que acabará con el tan cacareado “bloqueo”, supuestamente responsable de las elecciones en noviembre.

Para finalizar estas reflexiones, nos preguntamos: ¿Cómo una sentencia tan importante puede tener tantos errores? La mencionada filtración, la confusión del cargo de una de las condenadas, Dolors Bassa, que en el momento de los hechos era titular de Trabajo y no Educación. Unos errores que pueden derivar en la nulidad de la misma. Volviendo al título de este artículo, unos errores que no son casualidad y si reflejan la intencionalidad de la misma: dar un escarmiento a los independentistas y no tanto construir un texto impecable e inapelabre desde el punto de vista jurídico.

La imagen de portada apareció en RTVE

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Antonio Ureña

Antonio Ureña García es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como escritor, ha publicado ensayos y relatos en diferentes revistas y medios electrónicos. Es coordinador del Proyecto Internacional Leer es un Derecho y editor de la revista Tiempo de Poesía. En sus escritos persigue hacer una reflexión critica sobre la cultura y sociedad actuales a modo de herramienta que colabore a hacer frente a la impostura y el letargo en los que pretenden sumirnos.
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