20 de octubre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica

Carta Abierta

Confieso haber leído mucho a Marcial Lafuente Estefanía. Aún lo leo. Soy aficionado al western desde los remotos tiempos de la infancia. Antier degusté con fruición “Marcados por cobardes”, oportuno título, habida cuenta del vergonzoso panorama de la política española, percudida por la cobardía y el pánico a los poderes económicos. Pero no hablemos de cobardes y menos de traidores, ya hablarán las urnas, si quieren y se atreven.

Imagino la primera clase: «Bien, chicos (siempre en masculino, por supuesto), ¿qué ideas tenéis para un negocio?, ¡que levante la mano quien quiera hacerse rico!». Y acto seguido a esa profesora mirando el aula satisfecha, sonriendo con agrado mientras enseña a los niños de siete y ocho añitos la palabra «emprendimiento».

Un grupo de chavales menores de edad han fundado un grupo-movimiento para «recoger basura por un mundo mejor» y cuidar el medio ambiente en Jerez de la Frontera. Se hacen llamar Greenteam Jerez y en dos convocatorias han conseguido reunir a unas 90 personas que, con sus propias manos, han dejado el Parque González Hontoria y el Botellódromo como los chorros del oro.

Leo con estupor que una pareja de Jerez ha culminado un proceso de gestación subrogada con una mujer de Canadá. Las reacciones jubilosas de la opinión pública en las redes sociales son impactantes; lo celebran como un gran éxito de nuestra sociedad. No lo es. Es un episodio abominable y el más triste de los fracasos como pueblo. Es la vergüenza colectiva de la normalización del negocio de los nacimientos, el más casposo de los blanqueamientos mediáticos bajo una lógica perversa que ignora que hay personas pobres (sí, sí, pobres en países ricos) que recurren a una pensión «altruista» (léase con ironía) para poder llenar la nevera.

La subida salarial de la corporación municipal de Jerez (de entre un 7 y un 8% aproximadamente) y la ampliación de la plantilla de los partidos con la nueva figura (remunerada) de los “viceportavoces” supone, en fondo, forma y simbolismo, una nueva derrota.

Hoy comienza una nueva etapa en todos los Ayuntamientos del país. Mientras las cámaras, ansiosas ellas, enfoquen a los regidores electos y a los nuevos (y no tan nuevos) concejales, otros muchos ediles, desde sus casas, pondrán el punto y final a su mandato político.

Han pasado casi dos semanas de las elecciones municipales y lo que más he oído ha sido: “Tienen que hacer autocrítica”. Es curioso, porque siempre que escucho la palabra ‘tienen’, nunca ‘tenemos’. Le exigimos a los contrarios que se flagelen públicamente para así poder regodearnos en su dolor y ocultar el nuestro, que es el que verdaderamente nos hace infelices.

La convocatoria de unas elecciones a la vista pone en marcha toda una maquinaria donde con carácter de urgencia toca captar votos para que la aritmética electoral permita la gobernabilidad de según qué partido salga más votado. Tras el anuncio se abre un periodo de quince días con un largo elenco de actuaciones fugaces con fecha de caducidad que muere tras el resultado de las urnas: «campaña electoral» la llaman.

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