21 de julio del 2019
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Los relatos

20 julio 2019 Actualidad

He pasado muchos años de mi vida cavilando historias que resultaran creíbles y mágicas a la par. Unas las escribía y divulgaba y otras las concebía y olvidaba sin más aspiración que matar el tiempo. Entiendo de muy pocas cosas en la vida, salvo de concebir acontecimientos imaginados que parezcan verosímiles: narraciones, cuentos, leyendas… Soy desde la niñez un fabulador irredento, una especie de incubadora de mentiras literarias y fantásticas. Llámenme embustero, están en su derecho, pero ello me capacita para el siguiente análisis:

Durante siglos los avatares de la política han convertido la disciplina histórica en víctima propiciatoria de sus ambiciones, cuando no en rehén de sus dislates. Sin distinguir épocas ni latitudes, la Historia ha sido tradicionalmente manoseada por sujetos de distinto pelaje ideológico con el interés espurio de dar algo de solidez a idearios que a menudo carecen de basamento alguno.

UNO: Para poder gobernar España en solitario hay que tener 176 diputados. Si no se tienen 176 diputados, hay que compartir el Gobierno. Ejemplo práctico I: Para vivir solo en un piso hay que tener dinero suficiente para el alquiler, si no se tiene, hay que compartir el piso con un colega.

Hay muchos personas de izquierdas en Barcelona muy indignadas con Ada Colau, reelegida alcaldesa de Barcelona, porque ha formado gobierno con el PSC y aceptado tres votos de Valls (tres votos que ni siquiera ha pedido la líder de los comunes, quien solo ejerce con su obligación, la de intentar liderar un gobierno de cambio).

Cualquiera que haya seguido con un mínimo de atención la agenda mediática durante las últimas semanas habrá comprobado que, de un tiempo a esta parte, Podemos vuelve a estar en la diana de los periódicos generalistas. Las principales cabeceras del establishment han vuelto a la carga con ferocidad. Nada nuevo. Han exagerado la reorganización interna del partido (como si no la hubiera habido al mismo nivel en otras formaciones políticas que han tenido malos resultados electorales) utilizando el concepto ‘purga’ y ‘crisis’, han vuelto a publicar información personal de Pablo Iglesias (la contratación de una canguro, por concretar), han intentado ridiculizar a sus miembros de manera impresentable (¿»El Rastas»?), y han inundado las columnas de opinión con descalificativos hacia la formación morada con críticas algunas más legítimas que otras de carácter gratuito.

El ciclo electoral que comenzó el 15M de 2011 concluyó ayer con un regreso al bipartidismo, la desmovilización de los sectores populares y un cruce de reproches entre quienes intentaron liderar los reclamos de aquel hastío político que desembocó en una crisis de régimen. De todo aquello, hoy apenas queda nada.

Pocas figuras políticas han representado tan perfectamente el espíritu de la Transición española y la posterior deriva hacia el siglo XXI como Alfredo Pérez Rubalcaba, fallecido hoy en Madrid a causa de un ictus cerebral.

El histórico socialista fue un inteligente político, de aspecto templado, verbo fluido y decisiones firmes que desde mediados de los noventa jugó un papel relevante en la ejecutiva del PSOE, adquiriendo su máximo grado en su último (y triste) periodo al frente del partido.

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