03 de agosto del 2020
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El coronavirus COVID-19 se extiende, poco a poco, por cada vez más países y ciudades. Se trata de un patógeno que se contagia con facilidad. Probablemente, llegue a convertirse en una pandemia como ya está anunciando la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afortunadamente, se trata de un patógeno poco virulento que ha provocado, por ahora, tasas de mortalidad menores al 2%; más baja que la del virus de la gripe con el que convivimos habitualmente.

La expansión de este coronavirus se da en un contexto de crisis ecológica global, cuyo mejor ejemplo es el cambio climático. Y como no podía ser de otra manera, el cambio climático influye tanto en la expansión como en las consecuencias del coronavirus. Al mismo tiempo, la expansión del coronavirus está influyendo en el calentamiento global.

Las emisiones de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs), que aumentan entre un 1-2% cada año, han comenzado a disminuir debido al cierre o la ralentización de centros de producción en China, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, Europa… También bajan las emisiones por la caída de vuelos comerciales. Aún así, esta bajada de emisiones de GEIs no es, ni muchísimo menos suficiente para frenar el calentamiento global. Recordemos que para no entrar en la fase de cambio climático abrupto debemos reducir las emisiones en un 50% en 2030 y dejar de emitir totalmente en 2050. Lo que sí nos está demostrando la expansión del coronavirus es que es posible decrecer en producción y emisiones de forma ordenada. Ahora hay que hacerlo mucho más drásticamente, al tiempo que repartimos las riquezas que generamos la gente trabajadora.

Por otro lado, el cierre de centros productivos y la caída de viajes intra- e inter-fronterizos está provocando fuertes caídas en los mercados financieros internacionales, al mismo tiempo que empresas relacionadas con la adaptación a esta pandemia naciente se frotan las manos. La adaptación al un cambio climático que se grava cada día es un gran negocio para unos pocos. También lo es la adaptación al coronavirus, por ejemplo, para determinadas empresas farmacéuticas.

Además, el calentamiento global es posible que disminuya el contagio de este virus. Si se comportara como la gripe, se transmitiría peor en ambientes cálidos y húmedos. El cambio climático está provocando un aumento generalizado de las temperaturas pero, al mismo, tiempo también provoca una disminución de la humedad del aire en algunas zonas. Por lo tanto, aún tenemos que comprobar qué efectos tendrá la estacionalidad y el calentamiento global en la expansión de este coronavirus. En todo caso, en invierno solemos pasar más tiempo en espacios interiores poco ventilados que facilitan el contagio.

Más allá de la facilidad de contagio, la contaminación de GEIs, principal responsable del cambio climático, y sobre todo las partículas finas que se emiten con los GEIS, influirán en la gravedad de la infección. La mortalidad por este coronavirus, siendo baja, se concentra en personas mayores y en personas con afecciones cardio-respiratorias. Actualmente, la mayoría de la población mundial vive en grandes ciudades, muchas de las cuales sufren altos niveles de contaminación. Esta contaminación conlleva la muerte prematura de millones de personas anualmente. Así, la gravedad de la infección por coronavirus podría ser mayor en grandes ciudades contaminadas donde hay más población que sufre de afecciones cardio-respiratorias, especialmente, en países con población más envejecida como muchos europeos. En esta línea, la infección por coronavirus podría ser más grave para población fumadora. El tabaquismo tiene un claro componente de clase social. Su tasa es mayor, por ejemplo, en gente trabajadora que vive en grandes ciudades y sufre precariedad laboral y altos niveles de estrés.

En este contexto de cambio climático y una nueva pandemia creciente, ambos con claros componentes de clase, es clave potenciar la promoción de la salud desarrollando medidas estructurales que pongan las condiciones materiales para que vivamos de manera más saludable. Por ejemplo, acabar con la precariedad laboral y fomentar transporte público eficiente y gratuito. Además, tenemos que impulsar y/o reforzar sistemas sanitarios públicos y universales que prioricen una atención primaria que responda, realmente, a desigualdades y necesidades sociales.

fotos (por orden): Coronavirus noticias (twitter); El Confidencial; Iagua

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Profesor de Ecología, delegado del S.A.T. en la Universidad de Sevilla. Activista en Marx21.

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