16 de mayo del 2021
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En “El Fiord” de Osvaldo Lamborghini aprendí que al final de un cuento puede aparecer una manifestación, por eso cuando terminé el mío no me extrañó avistar desde el ventanal de mi departamento de cuarto piso a la multitud organizada. Un día antes volví del DF y decidí que si no iba a la marcha grande no iba a perder el tiempo en las débiles réplicas de provincia. Querétaro, con un millón de habitantes, no es una ciudad pequeña, pero está sumida en el Cinturón Cristero, el bastión histórico de la reacción eclesial, por eso me sorprendió el mínimo de cinco mil manifestantes que calculé desde mi perspectiva privilegiada. Vía WhatsApp mi mamá me envió una foto: en Mazatlán, una ciudad más pequeña y periférica al poder central, ella, mi papá y sus compañeros de oficina se unieron a la protesta silenciosa de vestir de negro. Me puse la chamarra, saqué a las bulldogs al patio de servicio y me uní a la manifestación.

A partir de 2006, inicio de la Guerra Contra las Drogas del ex presidente Felipe Calderón, hay más de veinte mil desaparecidos en México y un número de muertos que, muy modestamente, triplica la cifra. Al margen de su prolongada campaña mediática y la maquinaria estatal a su servicio, Enrique Peña Nieto fue elegido presidente debido al sueño velado que el PRI instaló en el imaginario colectivo: sólo ellos eran capaces de pactar con los cárteles el fin de la guerra. Fracasaron, pero desviaron la atención mediática de la nota roja hacia las reformas estructurales (privatizaciones) que Peña concertó con los presidentes de los partidos de oposición en una junta supraestatal llamada Pacto por México. Beneficiados y fieles del gatopardismo celebraron, y los contratistas aliados se relamieron los bigotes a la espera de las licitaciones de los megaproyectos sexenales: el nuevo aeropuerto del Estado de México y el tren bala DF-Querétaro.

De todas las profesiones se unieron a la protesta

Desde todas las profesiones se unieron a la protesta

 

Me deslicé sobre el barandal para acelerar mi descenso y troté a la avenida Constituyentes. Me uní a la vanguardia del contingente. Universitarios con camisetas púrpura y una gordita con el pelo mojado separaban a los primeros marchistas del convoy policiaco. A ti que estás mirando, también te están chingando fue el cántico elegido al pasar frente a Tacos El Pata y los restaurantes aledaños a Starbucks. Vi a un valet parking y una barista dolerse de saberse indefensos. Alumnas de la preparatoria IMEC sostenían hojas de cuaderno en las que habían escrito los lemas #TodosSomosAyotziapa y #VivosSeLosLlevaronVivosLosQueremos. Fui de los primeros en gritarles que faltaran a clases, algo que parecía tentarlas. Otros insistieron, yo me adelante sin saber si las alumnas del IMEC nos acompañarían.

La noche del 26 de septiembre, estudiantes de la Normal Isidro Burgos ubicada en Ayotzinapa, Guerrero, viajaron a la Central de Autobuses de Iguala para apoderarse de autobuses que utilizarían para asistir a la marcha del 2 de Octubre en la Ciudad de México. El chofer de uno de los autobuses incautados dio aviso a sus compañeros y ellos a la policía, y la policía a José Luis Abarca, alcalde de Iguala, quien ordenó enfrentar a los estudiantes. Presintió que increparían a su esposa, María de los Ángeles Pineda, en un acto en el que anunciaría su candidatura a la alcaldía, como él, por el izquierdista PRD. Los policías atravesaron camionetas en la carretera y cuando los estudiantes bajaron a moverlas, los recibieron a balazos. Uno cayó abatido, otros, los menos, lograron huir, y cuarenta y tres fueron detenidos y evacuados por la policía. Los sobrevivientes avisaron a la Normal, y normalistas y sindicalistas de la CETEG (Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero) acudieron en su auxilio. Cuando los refuerzos inspeccionaron la zona del ataque, los policías municipales asesinaron a otros dos normalistas con una ráfaga de plomo desde sus patrullas. Paralelamente, otro grupo de policías atacó por error un autobús en el que viajaban el equipo de futbol de tercera división Avispones de Chilpancingo, con un saldo de tres muertos. ¿Y los cuarenta y tres que se llevó la policía?

Frente a la Alameda, los organizadores detuvieron la marcha y pidieron que nos sentáramos. Un alud de manos repetía a los de atrás la indicación, y en menos de un minuto todos estábamos en el piso. Un trío de saxofones amplificados por megáfonos tocó la marcha fúnebre de Chopin. Vi los rostros de los desaparecidos en las pancartas más cercanas a mí. La mayoría queretanos, todos más jóvenes que yo el día de su desaparición. ¿Marchamos para encontrarlos, para que nadie más se pierda, para cambiar los caminos?, pensé, y luego en un verso de Néstor Perlongher: Respuesta: No hay cadáveres.

 

Las mordidas y las licitaciones públicas se mezclan en la corrupción en México.

Las mordidas y las licitaciones públicas se mezclan en la corrupción en México.

 

Los siguientes en desaparecer fueron el alcalde de Iguala y su esposa, cuando la procuraduría estatal ya había ordenado sus detenciones. Después hubo muchos aparecidos. René Bejarano, infausto cabeza de turco de la corrupción de 2004 y poder a la sombra de la disidencia del PRD, apareció para decir que en 2013 informó al procurador, Jesús Murillo Karam, y a la dirigencia de su partido que Abarca había asesinado a un activista social y a dos perredistas.
Apareció el sacerdote Alejandro Solalinde, quien aseguró que los cuarenta y tres normalistas habían sido quemados, algunos vivos, y sus restos tirados a un río por un grupo de sicarios del cartel Guerreros Unidos, liderado por la esposa de Abarca. Aparecieron los padres de los normalistas desaparecidos para preguntar por qué ninguna dependencia estatal podía dar cuenta de sus hijos. El palacio de gobierno, la alcaldía de Chilpancingo y la sede estatal del PRD aparecieron incendiados por miembros de la CETEG y la CNTE (Confederación Nacional de los Trabajadores de la Educación). Apareció un comunicado del EPR (Ejército Popular Revolucionario) con la hipótesis de que el ejército estaba involucrado en la desaparición. Apareció una fosa con veintiocho cuerpos calcinados, pero, mala suerte, eran de otros asesinatos. Apareció el EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense) buscando huesos calcinados en montañas, basureros y manglares. Apareció Carlos Navarrete, recién elegido presidente del PRD, para defender la gestión del gobernador Ángel Aguirre, desentenderse de la candidatura de Abarca como un error que le pasa a cualquiera y acusar a las tribus del PRD de utilizar la desaparición de los normalistas para atacar a Nueva Izquierda, la corriente a la que pertenece. Apareció Ángel Aguirre para desmentir con ineptitud rayana en la complicidad cualquier defensa de su gobierno, y presentó su renuncia mientras, en público, el PRD seguía defendiéndolo. Aparecieron los Abarca en una casa ruinosa en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México y, según los vecinos escépticos, debió tratarse de la maniobra policiaca más silenciosa de la historia de la delegación. Apareció Murillo Karam en una conferencia de prensa en la que confirmó y amplió el dicho de Solalinde: los estudiantes habían sido secuestrados por policías de Iguala y Cocula, y entregados a sicarios de Guerreros Unidos, quienes por más de doce horas los habían quemado en una inmensa hoguera en un basurero de Cocula. Apareció otra vez Solalinde y dijo que a Abarca lo habían arrestado en Veracruz, pero que la procuraduría lo había movido al bastión perredista de Iztapalapa para que el PRD pagara todo el costo político de la masacre. Aparecieron habitantes de Cocula y aseguraron que la lluvia de la noche del 26 de septiembre hacía imposible la hoguera de estudiantes en su municipio. Apareció la Sociedad Civil, en marchas que hasta hoy me habían sido elusivas. Y al final apareció una casa que, como La casa de hojas, parecía contenerlo todo.

Rodeamos la Alameda para entrar al centro histórico. Cuando era inminente tomar las callejuelas empedradas que conducen a la Plaza de Armas, la gordita de pelo mojado nos detuvo otra vez, los saxofonistas se inclinaron para tocar pero la gordita de pelo mojado les explicó que antes hablaría. Dijo En Plaza de Armas hay granaderos esperándonos. Esta marcha es pacífica. No caigamos en provocaciones. Un rumor salió de las primeras hileras y se repitió, creo, hasta los últimos marchistas. Antes de tomar el Andador Libertad, la gordita de pelo mojado nos detuvo en la calle Corregidora. Dijo Si alguien quiere reventar cajeros o graffitear el palacio de gobierno, que se separe de una vez de nosotros. Identifiqué a los marchistas con paliacates y máscaras de Guy Fawkes, eran tan inofensivos que la presión de las miradas los cohibieron, y un Guy Fawkes se descubrió la cara.

Viñeta crítica sobre la influencia estadounidense en las decisiones de Gobierno.

Viñeta crítica sobre la influencia estadounidense en las decisiones de Gobierno.

Una vez en la presidencia, la estrategia mediática de Peña Nieto fue similar a la de George W. Bush: apariciones controladas y entrevistas con periodistas amigos. Por lo alto, en agosto concedió una entrevista colectiva con motivo de la conclusión del ciclo de reformas, donde la periodista Lilly Tellez equiparó neoliberalismo a valentía: Pero sus antecesores lo sabían, lo que usted acaba de decir, y no se atrevieron, ¿por qué usted sí se atrevió a apostar todo su capital político por esta reforma energética? Que creo que es la más importante de todas, la que transforma al país. Por lo bajo, también en agosto, Peña recibió en Palacio Nacional a los conductores Raúl Araiza y Andrea Legarreta del matutino Hoy, y cuando Legarreta escuchó de voz del presidente el sentido de las reformas, dijo: Es muy motivante, de verdad, emociona escucharlo. En la opinocracia, la desaparición de estudiantes no polarizó, sino que unificó criterios. La insistencia de Peña de no posponer su viaje a China y Australia fue leída como insensibilidad ante la tragedia. Cuando el senado intentó vetar su viaje, Peña cambió la agenda para salir menos de una semana y no tener que pedir permiso. Tres días antes del viaje, canceló el proyecto de licitación del tren México-Querétaro, adjudicado a un conglomerado en el que participaba la Constructora Teya, subsidiaria de Grupo Higa, quien ya había obtenido contratos por más de seiscientos millones de dólares durante la gubernatura de Peña en el Estado de México.

El presidente, su esposa, la actriz Angélica Rivera, y el maquillista de esta viajaron a China, y mientras atravesaban el Pacífico la web Aristegui Noticias publicó una investigación sobre la casa de Peña. La mansión de 7.7 millones de dólares que Rivera presumía como suya en la prensa rosa, pertenecía a Ingeniería Inmobiliaria del Centro, otra subsidiaria de Grupo Higa. El vocero del presidente, Eduardo Sánchez, negó el conflicto de interés y la relación entre la adjudicación cancelada y la nota periodística de la mansión. La evidencia de corrupción se revelaba más mortífera para el gobierno que los estudiantes desaparecidos. El noticiario nocturno de Televisa no cubrió la noticia de la casa, pero casi al mismo tiempo que la web de la primera dama, transmitió la explicación que Rivera, visiblemente molesta, dio a los mexicanos de su fortuna: Yo no tengo nada que esconder. (…) Inicié mi carrera artística desde los quince años, trabajé veinticinco años con la empresa Televisa, entre otras cosas realicé telenovelas que no solamente fueron vistas en México, sino en un muchos otros países del mundo, con una alta audiencia. (…) Así, les demuestro que tengo la capacidad económica y recursos propios que me han permitido construir un patrimonio para mí y para mis hijas. (…) Para continuar forjando un patrimonio para mis hijas, en el 2009 inicié la búsqueda de un terreno para construir una casa. Efectivamente, conocí al ingeniero Juan Armando Hinojosa, como he conocido a muchos otros empresarios, profesionistas, artistas y otras personas. (…) Acordamos que una de sus inmobilarias adquiriera un terreno y construyera la casa a mí gusto y con el arquitecto de mi elección. Yo me comprometí a que una vez que se terminara la construcción de la casa, celebraríamos un contrato de compraventa. (…) La casa y las construcciones siguen siendo propiedad de la inmobilaria hasta que yo haga el pago total del precio pactado y de todos sus intereses. (…) Ante todas las acusaciones que han puesto en duda mi honorabilidad yo quiero dejar muy claro ante todos ustedes, los mexicanos, que yo no tengo nada que esconder, que yo he trabajado toda mi vida y que gracias, gracias a eso soy una mujer independiente. (…) Con la misma apertura que les he compartido los detalles de esta casa, quiero comunicarles que he tomado la decisión de vender los derechos derivados del contrato de compraventa. Porque yo no quiero que esto siga siendo un pretexto para ofender y difamar a mi familia. Hoy estoy aquí para defender mi integridad, la de mis hijos y la de mi esposo. En un país con poca memoria histórica pero con un gran archivo memorístico telenovelero, hubo suspicacia, rápidamente vuelta memes, sobre los ingresos de Rivera, quien, bien pensado, apenas contó con un modesto cachito de fama en los noventa.

Llegamos a la Plaza de Armas y formamos un semicírculo alrededor de la puerta del palacio de gobierno. Le escribí por WhatsApp a mi amigo Koki para saber cómo iban las cosas en la marcha del DF. No sabía, pues tuvo que quedarse en la oficina. Revisé la web de El Universal y apenas informaban de la salida de los marchistas y los enfrentamientos de encapuchados con granaderos cerca del aeropuerto. Unos performanceros danzaron para representar a los estudiantes torturados y la rabia interna de los jóvenes. Luego un estudiante de morado, auxiliar de la gordita de pelo mojado, tomó el micrófono para hablar de las amenazas que había sufrido por encabezar el movimiento estudiantil en su facultad. Dos universitarias junto a mí gritaron, sin ser audibles, ¡Ya bájale!, y estuve de acuerdo en que el líder estudiantil debía bajarle. Cedió el megáfono a familiares de desaparecidos que contaban una historia que no por repetida era menos triste: las vueltas constantes que daban a la procuraduría a sabiendas de que no había avances en la investigación. Cuando los familiares devolvieron el megáfono a los estudiantes la marcha inició su dispersión, y yo regresé a casa a darles de cenar a las bulldogs.

Para entender la muerte de los estudiantes de Ayotzinapa, se han propuesto varios modelos teóricos. Uno centrado en la historia de la Normal Isidro Burgos, alma mater de Lucio Cabañas y varias generaciones guerrilleras. Otro modelo, mixto, propone entender la matanza a la luz del pasado guerrillero y el presente narco del estado de Guerrero. Si bien no son puntos de vista despreciables, no pueden imponerse al señalamiento que trazaron en la plancha del Zócalo los manifestantes el 23 de septiembre: Fue el Estado. En el nivel municipal la responsabilidad es de obra, en el estatal de encubrimiento y en el federal de omisión. Sólo la tradición aferrada de la clase política mexicana explica que el procurador, al tanto de los crímenes anteriores de Abarca, no se sintiese obligado a renunciar. Desde su cubículo académico en Berkeley, Heriberto Yépez, nuestro hombre en el castillo, ha extendido la responsabilidad: Fue el capitalismo. Conviene atender esta precisión, pues los estudiantes de Ayotzinapa se opusieron a la reforma educativa de Peña, con la cual los trabajadores de la educación perdieron conquistas sindicales y la certeza de un empleo; la matanza de estudiantes forma parte de la historia magisterial de Guerrero, pero también de la historia de la lucha contra el neoliberalismo. El golpeteo mediático internacional que recibe Peña a partes iguales emociona y atemoriza. Los cuestionamientos que recibe Sofía Castro, hija de Rivera, en torno a la corrupción política de su madre y su padrastro, en la prensa rosa de Telemundo y Univisión, son un termómetro del poco interés que hay del otro lado del río Bravo de mantener a Peña en el poder. Una vez hecha las reformas, Peña es un administrador inútil al que nadie salvará. Tememos una sucesión acelerada orquestada por el PRI que culmine en mayor presencia del ejército en la vida pública, así como la multiplicación de fosas y desaparecidos para inhibir la protesta social. Son escenarios terribles, pero el peligro más inmediato es la desmovilización. Hoy más que nunca las marchas pueden remediar la permanencia del PRI en el poder y la impunidad de la masacre. Como dice el falso proverbio chino, quizá vivimos en tiempos interesantes.

The following two tabs change content below.
Avatar
(Tijuana, 1982), es académico y escritor. Es autor de No es material para pistas de baile (CECUT, 2013) y editor de Traven Fanzine.
Avatar

Últimas entradas de Víctor Santana (ver todo)

Tags: , , , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies