13 de noviembre del 2019
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Un año más, Cáritas ha celebrado durante los pasados días 21, 22 y 23 las Jornadas sobre la Pobreza que, en esta ocasión ha respondido a la temática sobre titulada ¿Y ahora qué? Una valla al final del camino.

Paco Domouso, director de Cáritas, presentaba las Jornadas como una contribución a “superar los miedos que nos impiden el encuentro con el otro, con el diferente, el extranjero, ese que es parte de esta gran familia humana… y alentar a la gente a reconsiderar ideas preconcebidas, uniendo migrantes, refugiados y comunidades para cambiar corazones y mentes”.

La primera ponencia respondía al título “¿Cuál es la economía que mata?” desarrollada por el profesor de la Universidad de Comillas José M. Aparicio que, de entrada, afirmaba que “el sistema económico actual, junto al cultural, generan una serie de problemáticas sociales y una de ellas son las migraciones… y por ello, se habla de que este tipo de sistemas generan pobreza y, en sentido metafórico, matan”. Se centró en describir la realidad de la migración desde diferentes perspectivas a la que ya se está definiendo como la mayor tragedia desde la II Guerra Mundial. Y añadió: “el sistema político estatal en el que vivimos está basado en el estado nación frontera, un concepto que se creó hace siglos y que ha sido muy fértil pero que es posible que no esté pensado para tiempos globalizados”.

No nos confundamos y achaquemos nuestros males nacionales a los emigrantes porque “en España tenemos problemas de identificación nacional, de construcción de sociedades, de estabilidad demográfica, de desarrollo económico… lo que demuestra que el problema no lo generan los emigrantes, sino que visibilizan los problemas que ya existen previamente”. Y al final concluyó que, entre otras cosas, “hay que trabajar una cultura de comprensión, de encuentro y de acogida”.

La segunda Jornada estuvo a cargo de Cecilia Estrada, doctora en Migraciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo que analizó la «categoría inmigrante» en los medios de comunicación. Su ponencia incide en el papel de los medios informativos y sus protagonistas con respecto a los inmigrantes, que no es muy positivo, en general. Con todo, no hay que olvidar que “los periodistas y los medios de comunicación pertenecen a la sociedad, no están excluidos y por ello, transmiten ese imaginario colectivo que como sociedad creamos todos los días”.

La ponente destacó como no existe una línea univoca en el tratamiento de la inmigración y sus protagonistas; sino que se da una variedad de discursos dependiendo de la línea editorial de cada medio. Y así describió la postura del solidario que está a favor del inmigrante, o el funcionalista que apuesta por él como mano de obra, así como el desconfiado, que se acerca a él como persona distinta que nos produce inseguridad. También está extendido el discurso de ciertos medios informativos que rechazan de plano al inmigrante y lo excluyen de todo tipo de integración en nuestra sociedad, incluso a veces insinúan el excluirlo incluso de los servicios sociales y de la sanidad. Su presencia, según ellos, produce masificación en estos servicios y rebaja la calidad de la atención a los autóctonos. Es necesario, por tanto, que nos acerquemos a determinados medios informativos con un sentido crítico, desconfiando de su línea editorial porque los intereses económicos y/o políticos que la definen crean opiniones de rechazo al inmigrante sin que sus afirmaciones rotundas sean veraces y, por supuesto, secundadas por datos fiables. Finalmente, la ponente invitó a los asistentes “a estar más informados y asumir ese compromiso como sociedad para digerir las información que se nos ofrece con sentido activo, para entender que las personas inmigrantes o refugiadas tienen dignidad y no están obligadas a aceptar lo último  que esta sociedad le puede dar.”.

La tercera Jornada de la Semana de la Pobreza se dedica a ofrecer una reflexión desde la mirada de la teología de las migraciones. El ponente Alberto Ares es doctor de Migraciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo, profesor e investigador  asociado al Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la UP Comillas. Expone el ponente varios interrogantes que ha resumido en “cinco grandes encrucijadas” que permiten analizar la realidad de las migraciones en el contexto actual: la de la identidad, la dignidad, la justicia, la hospitalidad y la integralidad.

Y así, ha explicado que “el emigrante, el refugiado, la persona que huye de la pobreza o de la guerra, nos desafía con preguntas tales como  ¿Quién es mi familia?». Quienes vivimos en nuestros países occidentales nos sentimos identificados con la idea de un Estado nación, donde esta tierra la consideramos como “nuestra” casi en exclusividad. Quienes vienen de fuera son los “otros” a los que acogemos caritativamente pero sin ser reconocidos como de la familia. Que el inmigrante acabe sintiéndose parte de esta nuestra familia nacional es una meta que nos debe espolear a todos los que tenemos sensibilidad. Dignidad, el empleo de términos como migrante, refugiado, indocumentado… genera una forma de exclusión cercana a la colonización. Por ello, es necesario que quienes vienen a compartir nuestro estilo de vida se vean acogidos con la dignidad que merecen. Justicia, las fronteras son un medio no un fin en sí mismo, no pueden prevalecer frente al ser humano. Hospitalidad, la movilidad humana puede revelarse como una autentica riqueza, tanto para la familia que emigra como para el país que la acoge. Integralidad, no se puede olvidar que vivimos en un mundo globalizado, interconectado y complejo, donde lo que sucede en un lugar del planeta nos afecta, de una manera u otra, al resto de los humanos. Integrarnos en este mundo global es fundamental para entendernos y comprender el escenario de este mundo donde todos somos parte de una gran familia. Por último, ha terminado su ponencia destacando que “quizás necesitemos, además de campañas mediáticas y acciones de incidencia política en favor de las personas migrantes más vulnerables, una mirada que, desde la identidad, la dignidad, la justicia, la hospitalidad y la integralidad impregne la vida ordinaria de nuestra comunidad, nuestros corazones y   sobre todo que nos conmueva y nos impulse a la acción”. 

En las aportaciones posteriores a las ponencias aleteaba una idea: necesitamos cultivar un cambio de actitud hacia los inmigrantes y refugiados, pasar de una actitud defensiva y recelosa a una cultura del encuentro, del respeto por su propia identidad superando tópicos negativos que sólo actúan como vallas que nos separan.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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