23 de septiembre del 2019
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La CUP hizo oficial su decisión de no investir a Mas en lo que significa el primer gran movimiento político del 2016, que amenaza con ser tan movido como el año anterior.

En una decisión que enfrentaba dos de sus pilares ideológicos, el independentismo y la igualdad social, la figura de Mas suponía un anclaje evidente al antiguo orden político y obligaba a avanzar en un Procès con reminiscencias pujolísticas y un piloto capaz de saltar en último instante del vehículo con tal de salvarse a sí mismo. La CUP ha dicho no, y lo ha hecho en una demostración de que las grandes decisiones pueden ser tomadas por la militancia y a costa de su propia estabilidad, algo inaudito en la política actual.

Cabe pues, al menos, sorprenderse de que determinados partidos exijan coherencia a quien lo ha sido desde el minuto uno poniendo la decisión en las manos de sus bases. Como si la política que nos trajo a este punto estuviera caracterizada por su ejemplaridad. Tanto con el «sí» como con el «no» el proceso de La CUP estaría igualmente legitimado.

Lo que en un principio puede costar la desestabilización del partido antisistema, pudiera verse también como la inserción de uno de los pilares de un nuevo Procés y de un estado catalán más justo y sin el
lastre del pasado que permite corruptelas y desigualdades de libro.

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La CUP apuesta por el camino más difícil pero puede hacerlo con la cabeza bien alta. Tiene el reto de sobrevivir a su primera gran disyuntiva. Si su Ítaca es un estado que suponga una ruptura real, romper con Mas era un paso necesario.

Le queda a Junts Pel Sí la posibilidad de anteponer su Procès a la vanidad de un camaleón político que ha sabido resistir hasta la fecha, pero al que se le augura un futuro, cuanto menos, gris.

El fuego cruzado parece beneficiar a ERC en unos futuros comicios, con CDC cuesta abajo y La CUP dividida, pero la sombra de Colau acecha en lo que podría significar la reordenación del sudoku catalán. Sea como fuere, el independentismo se reinventará por enésima vez mientras un estado social pasa a primer plano. Porque con independencia o no, con un estado u otro, lo que importa es la gente y esa gente necesita respuesta ya. La CUP no ha hecho más que ponerlo de manifiesto.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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