21 de septiembre del 2019
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Las elecciones en el Reino Unido nos han traído noticias decepcionantes: una amplia e inesperada mayoría del partido conservador que lidera David Cameron. Ridículo importante de las encuestas y voto silencioso y cobarde debido a una eficaz política del miedo (¿a qué nos suena esto último?). Pero aunque los británicos hayan depositado sus votos en las urnas con la nariz tapada, el resultado es el que es y es inamovible. ¿Cómo podemos analizarlo? Para adquirir una visión global, hemos querido contactar con varias personas que actualmente residen allí para formularles una misma pregunta: ¿Cuál es el futuro a medio y corto plazo del Reino Unido?

Paloma Fernández Colodrón (Traductora y profesora de español, Londres)

Como española residente en Londres desde hace algo más de  tres años, creo que el resultado de las elecciones no va a cambiar el panorama político-social del país gran cosa. Reino Unido seguirá en la Unión Europea con sus peculiaridades, como lleva haciendo años. Cierto es que se han ido aprobando leyes para proteger a los nacionales de los europeos como las referentes a las ayudas sociales por desempleo o vivienda, y la tendencia es que esto siga así hasta sanear del todo las arcas nacionales.

El miedo a una posible entrada de UKIP en la política nacional ha quedado acallado por los resultados, aunque a veces pienso que Nigel Farage era el único que se atrevía a expresar en alto lo que gran parte de los ciudadanos británicos piensan.

Habrá pocos cambios en la dirección que llevaba David Cameron al frente del gobierno, aunque ahora no tiene que contar con otro partido que le frene en medidas antisociales.

Los candidatos dibujados en reelseo.com

Los candidatos dibujados en reelseo.com

Jesús Navas (Fotógrafo y residente en Birmingham)

A mi juicio, el futuro de Reino Unido se puede concentrar en dos focos fundamentales –home and away– que van a marcar el devenir de los británicos y no británicos en los próximos años.

Por un lado, el pasado septiembre fuimos testigos del histórico referéndum en Escocia que, a pesar del ajustado éxito unionista -adobado con toda clase de promesas políticas y descentralización institucional-, no ha sido ratificado en las generales, pues el SNP de la brillante Nicola Sturgeon ha barrido a los laboristas (recordemos que Escocia históricamente ha sido bastión socialista) obteniendo la inmensa mayoría de los asientos escoceses en Westminster.

Todo esto va a tener consecuencias impredecibles para el gobierno conservador, que se verá atrapado en la pinza de un SNP que presionará por más reformas políticas y más independencia financiera de la City.  Si no son capaces de materializar, puede provocar en los escoceses la sensación de que Londres no gobierna para ellos y esta frustración derivar en renovados y más vigorosos aires independentistas.

Fuera de casa, la nefasta política de la foreing office. Encontramos ejemplos tan lamentables como la chapuza en Libia, la intención de actuar en Siria (acertadamente frenada en seco por los laboristas), por no hablar de Irak y Afganistán o más recientemente, de su ausencia como actor en las negociaciones sobre Ucrania en Minsk.

Pero más preocupante es la intención del gabinete de Cameron de realizar un referéndum en 2017 sobre la pertenencia como miembro de la Unión Europea; forzado por el ala más extrema y antieuropeista de su electorado, muchos de ellos simpatizantes de UKIP que cambiaron el sentido de su voto a última hora debido al miedo a lo desconocido, otorgando la mayoría absoluta a los tories.

Con una hipotética salida de la UE, Reino Unido, una de las potencias económicas de la unión desde 1973, no solo supondría un mazazo brutal para los anhelos de los europeistas si no también el sueño de una vida mejor de los miles de inmigrantes residentes en las islas.

Estamos ante el ocaso del Reino Unido como potencia mundial y el amanecer de su condición de subordinado estratégico de otras superpotencias. Un momento crítico en su historia en la que, sin embargo, parece huérfano de liderazgo.

maggie simpsons

El meme por excelencia de las UK Elections 2015 fue el de Maggie Simpson

Francisco Pérez Chacón (Periodista y profesor, Brighton)

Ni toda la expectación (re)surgida a un mes de campaña, ni toda la suscitada incógnita mediática en torno a la «más imprevisible de las elecciones en años«, ni el más elevado índice de participación electoral desde que Tony Blair entrara en el gobierno en 1997, han supuesto cambio significativo o vuelco electoral alguno en el resultado final de las Elecciones Generales Británicas de 2015.

Y es que, pese a todo el clima de expectación, la población ha apostado arrolladoramente por el continuismo. Ni la tímidas propuestas de mejora de las condiciones laborales de un tibio  y poco convincente Miliband, ni los exabruptos nacionalistas de Farage han tenido calado alguno en las urnas (si bien no hay que desestimar que un nada desdeñable 12% del electorado sigue considerando UKIP como opción de gobierno). La completa pérdida de apoyos a la iniciativa liberal de Nick Clegg evidencia que tampoco les ha ido nada bien. El electorado se ha mostrado rotundo en su apoyo a Cameron, a su equipo y a sus políticas.

Unas políticas que vienen a confirmar los peores temores que el analista Owen Jones describe en su brillante análisis titulado The Establishment. En  este ensayo, Jones realiza un recorrido por el pasado reciente y el presente de Gran Bretaña en el que relata como se ha ido paulatinamente forjando una red de intereses entre los sectores públicos y privados hasta el punto en que que se ha hecho irreconocible donde empiezan unos y acaban los otros. Estas  alianzas han configurado un sistema que se ha mantenido y se mantiene estable durante más de 30 años. Un sistema que se ha perpetuado gracias a los sectores corporativos y mediáticos y que, entre otras cosas, promueve la paulatina pérdida de garantías sociales en Gran Bretaña y un ensanchamiento sin precedentes en la brecha entre clases medias y trabajadoras. Si algo ha evidenciado el resultado de estas elecciones es precisamente el triunfo arrollador de ese Establishment.

Todo esto dibuja una panorama de futuro donde el desmantelamiento de los servicios públicos seguirá como hasta ahora, avanzando a paso lento pero firme. Una nada nueva Gran Bretaña donde el abismo entre clases apoderadas y menos favorecidas seguirá acrecentándose. Pero el votante británico medio probablemente piense que en medida alguna resulta beneficiado del boato conservador, que ese triunfo del Establishment citado, repercute positivamente en su día a día ya sea   en forma de bajadas de impuestos o incrementos salariales. Y sí es más que probable, por poner un ejemplo, que se produzca una subida del salario mínimo a 8 libras, pero esta maniobra dista mucho de ser una política social. De producirse la subida de salario mínimo será un ajuste del nivel adquisitivo a las exigencias de la subida general de los precios.  La apuesta conservadora de Gran Bretaña vuelve a denotar una enorme confusión entre los términos riqueza y prosperidad.

Prime Minister David Cameron, speaking at the opening of the GAVI Alliance immunisations pledging conference in London, June 13 2011

David Cameron sale reforzado pero se enfrenta a un futuro difícil y enrevesado

Manuel Carrasco-Szulc (ingeniero de instalaciones y aparejador, Brighton)

Hoy me he despertado no con un gobierno mas conservador, sino con un país mas egoísta.

En las recientes elecciones en UK había dos opciones: votar para mejorar el bienestar de la sociedad o para mejorar el de uno mismo. Tanto es así, que David Cameron lo ha propuesto mas claro que nunca en su campaña “I will not change the NHS, I will not change the policy on zero hor contracts, I will keep making our economy grow”. ¿Cómo podría crecer la economía del individuo que tiene un contrato cero horas? Si eso se puede llamar contrato…

Hoy he aprendido un poco más de inglés: bienestar se clasifica en el grupo de palabras ‘countable’, ya que los votantes han conseguido repartirse lo poco que queda de bienestar entre ellos; aunque algún gilipollas habrá votado a Cameron porque no le gusta la cara de Milliband. Fair enough.

Iain Barnett (Artista, Dundee, Escocia)

Después de lo que parecía ser una de las más impredecibles y ajustadas elecciones desde hace mucho tiempo, David Cameron ha guiado al partido conservador de vuelta al gobierno, asegurando una mayoría y derrotando a todos sus oponentes inmediatos. Los laboristas, su rival tradicional, está desorientado, su líder ha renunciado y el partido se divide entre mover sus raíces hacia la izquierda o permanecer en el centro del tablero y luchar donde han tenido mucho éxito durante los años de Blair y Brown.

Cameron tendrá margen para poner en marcha los recortes sugeridos en el presupuesto de prestaciones sociales, pero los problemas se avecinan sobre el horizonte. Escocia votó arrolladoramente por el partido nacionalista, el SNP, y aunque es poco probable que los escoceses consigan más independencia, el mensaje es claro: queremos los poderes prometidos. Incrementar nuestra autonomía puede significar que regiones inglesas pidan algo similar.

Luego está tema del referéndum sobre permanecer o salir de la UE antes del 2017. Cuestión delicada teniendo en cuenta todo el sentimiento antieuropeo que existe en el país, incluido en su propio partido. Pero Cameron quiere permanecer en la UE y ha ganado cada referéndum al que se ha enfrentado, así que utilizará el temor de Europa a un posible Brexit para conseguir sus objetivos políticos.

La precariedad laboral aumentó con Cameron

La precariedad laboral aumentó con Cameron

Alejandro García Maldonado, músico y profesor, Brighton

Las encuestas sólo sirven para vender periódicos. El plano político anglosajón se abre de una manera arrolladora para los conservadores. Su victoria con el 36,8% de los votos le han servido para ganar el pulso a los laboristas de Miliband que se quedan a las puertas con el 30,5%. Sin embargo, a pesar de haber logrado una mayoría absoluta, la voluntad popular que se plasma en los resultados de las elecciones británicas no es tan nítida.

Sólo había algo previsible que no precisaba de ninguna encuesta: la debacle del partido Liberal-Demócrata que ha provocado la dimisión de su líder, Nick Clegg. Su alianza de Gobierno con el partido de Cameron fue algo que jamás agradó a la mayoría de sus votantes y el resultado no ha podido ser más esclarecedor: de 57 a 8 escaños. Por otro lado, la revelación ha sido el Partido Nacionalista Escocés, que ha sabido recoger el desencanto de la inmensa mayoría del pueblo escocés tras el “libre” referéndum de hace unos meses, consiguiendo 56 de los 59 escaños que dispone Escocia. Por último, el mensaje eurofóbico de UKIP parecía haber calado más en la sociedad, algo que ha sido totalmente refutado en las urnas al obtener sólo un escaño, el cual no es siquiera el de su líder, Nigel Farage, lo que ha provocado su dimisión.

De este último hecho podría suponerse que no es la salida de la Unión Europea algo que prime entre los intereses de la sociedad británica. Sin embargo,  Cameron, en su mensaje más institucional que partidario tras el recuento, ha asegurado que se realizará un referéndum al respecto a finales de 2017, algo a lo que se oponía precisamente el partido con el que hacía coalición. Quién sabe si se materializará, si se tratará de un toque de atención a Bruselas/Berlín o si guardará un as bajo la manga, como aquel frívolo chantaje que se le hiciera a Escocia días antes de su referéndum “de esterlinas maneras”. Entre tanto, puede que el toque de atención se lo den los inversores extranjeros ante tal incertidumbre.

Ante este panorama, se puede usar sin vacilación aquella frase de “el tiempo dirá”. Y es que se augura bastante niebla en Westminster: sólo los tories saben qué se traen entre manos. O eso quiero pensar.

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