22 de septiembre del 2019
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Durante el día de ayer, la CUP confirmó su NO a Artur Mas. Fue una polémica y valiente decisión que abre un escenario incierto abocado a unas nuevas elecciones. Hemos querido preguntarle a los colaboradores de La Réplica sobre la decisión de la CUP y su futuro a corto plazo. Esto es lo que nos han respondido:

Brais Fernández (Viento Sur)

En primer lugar felicitar a las CUP, no solo por la coherencia de su decisión, sino por la forma de tomarla y su capacidad para marcarle los ritmos con democracia de base al sistema liberal-representativo. Nos dan aliento estos ejemplos que, a través de la práctica, consiguen sintetizar el construir una oposición radical con plantear alternativas al «estado natural de las cosas».

Por otro lado, la tensión entre lo social y lo nacional (inevitable en cualquier proceso vivo en una sociedad contemporánea) se ha convertido internamente para las CUP en una contradicción. Creo que ha tomado la decisión correcta a nivel estratégico, pero esta decisión no va a tener réditos a corto plazo. No hablo solo de posibles rupturas internas, sino electoralmente. Una parte de su electorado volverá a opciones independentistas mas «predecibles» como ERC y la irrupción de Ada Colau y En Comú Podem les abre otro flanco que las CUP no colocaban en la ecuación: un espacio capaz de jugar el papel de «enlace» entre el desorden político que se vive en España y los anhelos democráticos de la ciudadanía catalana. Máximo respeto por las CUP, mucho que aprender en cuanto a la discusión abierta, la coherencia rupturista (y las tensiones que genera) y la democracia de base.

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Juan Casamitjana (Onliditorial)

CUP amb seny. Se implantó por fin la cordura dentro de la CUP. Entre sus filas, han hecho mucho daño los debates, la lucha interna y la agresividad de la prensa catalana, que los culpaban de todos los males y de bloquear al Procés. La asamblea del 27 de diciembre no solucionó nada y el empate en votos hizo sospechar a muchos de manipulación. 3 meses después, se ha decidido en firme que no apoyarán a Mas y eso, aunque paralice el Procés, es de cordura tanto para sus filas como para sus votantes cuando se prometió una y otra vez que darían salida al independentismo pero sin Mas. Artur ha fracturado el Procés al no echarse a un lado, ha fracturado internamente y herido a la CUP, ha fracturado a miles de votantes y también ha fracturado su partido y la efímera coalición de JxSí. Gracias a la CUP por mostrarnos el camino y destapar a Mas y a su soberbia y egocentrismo.

La pelota del Procés está en manos de Mas ahora mismo. En marzo tendremos nuevas elecciones.

Jesús Castillo (Podemos Sevilla)

Con el rechazo a la austeridad y la corrupción de Mas, la CUP ha dado un ejemplo de coherencia (ya lo dijo en la campaña electoral), de democracia asamblearia (por cómo ha tomado las decisiones desde abajo), de anticapitalismo consecuente (la independencia debe ser liderada por la gente trabajadora desde posiciones progresistas) y de reparto de las responsabilidades de forma colectiva (por su diversidad a la hora de transmitir sus mensajes públicos). En este escenario, somos [email protected] [email protected] que estamos por la independencia de Catalunya, también desde Andalucía, para cambiarlo todo, para decidirlo todo desde abajo. No queremos una independencia tutelada desde arriba, y menos por la derecha de los recortes sociales y la corrupción.

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Laureano Debat (Barcelona Inconclusa)

Entre tantas cosas que aprendimos de Antonio Gramsci, quizás las más importante (y la que con mayor facilidad solemos olvidar) es la de pensar las crisis en su sentido positivo. Esos tiempos revueltos, llenos de incertidumbres, plagados de oportunidades. 

Siendo extranjero en España, en Cataluña, no encuentro nada más fascinante que lo que sucede ahora en ambos planos: nadie sabe qué pasará con ninguno de los gobiernos, quiénes los formarán ni qué rumbo tomarán. Si ya estábamos transitando la crisis gramsciana en su estado más puro, este No de la CUP lo profundiza aún más. 

Pero esta negativa que no sepulta nada. Una crisis nunca significa la muerte del todo. Más bien, tiende a matar lo viejo y a generar condiciones para el surgimiento de lo nuevo. Y este No de la CUP es un No a la encarnación personalista del proceso independentista catalán. Un No al monumento del héroe crepuscular encarnado en Artur Mas.

El proceso toma un nuevo curso, otra alternativa. La CUP abre una brecha pagando un costo alto con los electores de Junts pel Sí y, quizás, con una buena parte de su propio electorado que hubiera preferido investir al actual presidente para avanzar y ya. Pero ese costo, tal vez, se pueda amortizar con el hecho de haberse mantenidos coherentes con la plataforma que presentaron para el 27-S.

La CUP intenta cambiar el escenario del proceso, no anularlo. Al precio, claro está, de retroceder casilleros. La coyuntura dirá cuántos. Pero es la primera vez que la figura de Artur Mas tambalea sobre una cornisa, que está más en crisis que nunca. Pero tiene a su favor otro concepto gramsciano, ya no tanto el de crisis sino el de hegemonía. Y con él, ha sabido hacer maravillas.

Comienza una batalla de la Crisis contra la Hegemonía. Esta vez, hacia el interior del proceso catalán, que lejos de acabarse, se expande aún más.

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