31 de octubre del 2020
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Durante la cuarentena, en el pueblo de Moraleja, en la provincia de Cáceres, donde viven personas diversas como en todas partes. También allí puedes encontrar de esas personas que aman a los perros y a los gatos que no quiere nadie.

Obviamente, esas personas también aman al resto de animales, incluidos los que son queridos por otras personas, y hay que añadir, que aunque a algunos les parezca increíble, esas personas que reparten su tiempo entre trabajar, cuidar de su familia, dar alimento y consuelo a los gatos ferales,  encuentran tiempo para ayudar al prójimo. 

Así es la vida de Maribel, una vecina de Moraleja, que atiende una colonia de 16 gatos ferales, osea, una colonia de gatos domésticos que no conviven con seres humanos. 

Es algo que en circunstancias normales lleva tiempo, cuesta algo de dinero, y poco más. Pero el confinamiento puede poner las cosas difíciles cuando vives en una población pequeña donde parece que las noticias no llegan o los cambios sociales se hacen más lentos. 

El Real Decreto de Alerta del 14 de marzo prevé la situación de vulnerabilidad en la que quedan los animales y las personas que voluntariamente los cuidan, y el primer responsable de la Dirección General de Derechos Animales (DGDA), Sergio García Torres, recomendaba en declaraciones a la prensa, que «exista siempre una autorización a modo de salvoconducto de una entidad de protección y a ser posible acordada con una entidad local (ayuntamiento, por ejemplo)». No sería la primera vez que se multa o se persigue a personas que, de forma desinteresada y con financiación privada, protegen a los animales vulnerables de las calles. Con la vigilancia intensificada durante el estado de alarma, conviene protegerse mucho más.” 

Y esto precisamente es lo que ha sucedido en Moraleja. La Guardia Civil a multado seis veces, lo vuelvo a repetir para que se te quede grabado, seis multas de 600€,  a Maribel por “saltarse el confinamiento” ya que los justificantes que ella mostraba, que reflejaban los casos de excepcionalidad reseñados en el Real Decreto de Alerta, a la Guardia Civil no le eran suficientes, ni sus explicaciones sobre la necesidad de acudir a alimentar a la colonia felina que ella atiende, y donde viven 16 gatos, fueron respaldadas por el Ayuntamiento de la localidad, pese a que la Policía Municipal la conoce de sobra, y tienen buena relación con ella, ya que deben unir esfuerzos cuando aparecen perros abandonados, por ejemplo. 

A las personas de a pie, que no somos abogadas ni conocemos los protocolos, puede llevarnos más de cuarenta días dar con la respuesta correcta. En este caso, la puerta a la que Maribel debía haber llamado primero era a la Subdelegación de Gobierno de Cáceres, para informar de la situación de indefensión en la que se encontraba. Si alguien que lee este artículo está en una situación similar, por favor, no dejen de mandar su reclamación de humanidad y justicia, por correo electrónico, al representante del Gobierno central en su provincia, porque a veces la Ley está de nuestra parte y la ignorancia propia y ajena, juega en nuestra contra. 

Ella ya tiene su salvoconducto, y podrá recurrir las multas. Mientras tanto, dieciséis gatos han permanecido en la ignorancia, porque no les ha faltado alimento, ni el consuelo de su presencia fiel. 

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Carmen Ibarlucea

Escritora, narradora oral y activista animalista.
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