13 de noviembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El patrimonio mundial está formado por bienes invaluables, cuya pérdida afecta a todo el conjunto de la humanidad. La Selva Amazónica, la Gran Barrera de Coral o el Parque Nacional de Doñana comparten esta categoría otorgada por la UNESCO. Quizás por esa costumbre tan española de infravalorar lo nuestro o porque en plena era tecnológica la naturaleza parece invisible, nos puede sorprender ver lugares tan emblemáticos junto a este enclave al sur de España, que desconocen la mayoría de los españoles. No ser profeta en tu tierra es algo que se estila en Andalucía aunque la realidad es bien distinta y pese a todo, Doñana es un espacio único en Europa. Gracias a ser el refugio de aves invernales más grande del continente, contar con especies endémicas y un delicado sistema de humedales y charcas temporales que no podemos encontrar en otro país europeo.

Pero además de compartir categoría patrimonial, cada uno de estos lugares de importancia internacional comparte una problemática propia, que les coloca en una situación de alto riesgo de colapso. La deforestación incontrolada en la Amazonia, la sobrepesca en la Gran Barrera y la calidad del agua en Doñana son sus principales amenazas locales, acrecentadas gracias al omnipresente Cambio Climático. Esta dicotomía global-local nos lleva a recordar la conocida frase de “soluciones locales a problemas globales”. Ya que a pesar de ser espacios de importancia mundial, bajo los efectos de un proceso de calentamiento global, gran parte de la solución a sus respectivos problemas ambientales depende de decisiones y acciones locales.

Preciosa imagen aérea de Doñana.

Preciosa imagen aérea de Doñana.

Recientemente, un grupo internacional de científicos ha estudiado como los efectos de problemáticas locales degradan estos ecosistemas. Una degradación que los hace más susceptibles ante factores climáticos extremos cada vez más comunes gracias al calentamiento global. Las principales medidas, a tomar cuanto antes en Doñana son claras, mejorar la calidad del agua reduciendo la utilización de fertilizantes, mejorando las EDAR* y controlar los pozos ilegales. Según los expertos, las decisiones locales son económicamente asequibles aunque necesitan de un “querer hacer” por encima de todo. Conocemos de sobra lo nada fácil que resulta tomar decisiones políticas supeditadas a la conservación, cuando es bien sabido que los linces no pueden votar. Y aunque pudieran, por desgracia, son muy pocos.

Si queremos entender la presión que soporta el parque y su entorno es importante conocer el conjunto de elementos que le afectan. Su configuración geográfica, las características socio-económicas, intereses económicos que le acechan o la forma de ver Doñana por parte de los ciudadanos son aspectos claves. Y en todos ellos existe un denominador común, que se repite constantemente y determina la falta de decisiones estratégicas. Dinero y opinión pública.

Un breve resumen de algunos de los principales problemas que afectan a Doñana, a día de hoy, son la sobreexplotación de acuíferos, la presión de los cultivos de regadío, el proyecto de dragado del Guadalquivir por parte del puerto de Sevilla, la inviable y recurrente idea de la carretera costera entre Huelva y Cádiz, el almacenamiento de gas subterráneo similar al famoso proyecto Castor, la presión humana (atropellos, venenos, caza ilegal, el Rocío), el recorte de presupuestos o la minería con la reapertura de la explotación minera de Aznalcóllar. Tan solo con esta breve muestra parece más que razonable pensar en Doñana como un refugio acorralado y sometido a fuertes y diversos impactos, antes que como ese majestuoso Parque Nacional de referencia a nivel mundial que es. Porque Doñana es mucho más que ese “coto” donde mandatarios de uno y otro color disfrutan de vacaciones de lujo en el Palacio de las Marismillas. La Estación biológica de Doñana, organismo público perteneciente al CSIC, está presente en todo el mundo. Desarrollando proyectos de investigación al más alto nivel pese al fuerte impacto de los recortes presupuestarios.

Ejemplar de Pelobates cultripes. (Fotografía de Héctor García.)

Ejemplar de Pelobates cultripes. (Fotografía de Héctor García.)

Hay que ser consciente de los muchos frentes que soporta Doñana pero también que las decisiones a tomar para solucionarlos son claras y son políticas. Aunque hay que tener la independencia y el coraje suficiente para tomarlas. En una región como Andalucía donde el paro, la pobreza y la falta de oportunidades se encuentran en cifra récord, no existe político (nacional, autonómico y menos aún local) que se atreva a pararle los pies a ninguna iniciativa empresarial por mucho que afecte a cualquier espacio protegido. Dos ejemplos claros que llaman la atención, por su inminente y comprobada peligrosidad son la minería y el almacenamiento de gas.

Las minas de Aznalcóllar produjeron el mayor desastre ambiental que ha sufrido el parque y su entorno cuando en 1.998 produjo un vertido de unos 5 millones de metros cúbicos de lodos tóxicos ricos en metales pesados. Accidente calificado como catástrofe internacional de primer grado. Ahora la presión por el desempleo ha conseguido reabrir la mina tras un concurso público donde la agrupación México-Minorbis, de dudosa reputación, ha resultado adjudicataria de la explotación. El almacenamiento de gas representa otro gran reto para el parque nacional que ya cuenta con el visto bueno del ministerio. La autorización, a expensas de la aprobación por la Junta de Andalucía, es simplemente una falta de sentido común sobradamente demostrada en el malogrado proyecto Castor. Y aunque la explotación gasística está autorizada y regulada desde hace décadas en Doñana. Ahora Petroleum Oil & Gas España, filial de Gas Natural-Fenosa quiere desarrollar un almacenamiento de gas en el subsuelo de Doñana. Con un impacto de catorce nuevos pozos de extracción y veinte nuevos kilómetros de gaseoductos que, como indica WWF, es incoherente con la conservación.

La biodiversidad en Doñana (www.cuadernosdecampo.com)

La biodiversidad en Doñana (www.cuadernosdecampo.com)

El agua es el gran problema de Doñana pero no el único. Existe una larga lista de despropósitos que acorralan a este paraíso natural y repiten fórmulas desastrosas. Las promesas de puestos de trabajo o proyectos empresariales por encima de nuestros recursos naturales son una constante. Que vive sus días de oro gracias a la crisis. Deberíamos ir un paso más allá y ser conscientes que el gran problema reside en el conjunto de nuestro modelo productivo, andaluz y español. Y es necesario un plan de emergencia ambiental, social y económico ante una realidad que nos lleva a un callejón sin salida, donde las decisiones políticas se toman según el beneficio propio o de unos pocos. Y los parches ya no sirven, es tiempo de una revisión de calado o acabaremos todos como Doñana, al borde del colapso.

*EDAR: Estación depuradora de aguas residuales.

Otros datos de interés:

  • The guardian se hace eco de la reapertura de Aznalcóllar.
  • WWF inicia una campaña contra el gas en Doñana.
  • El almacenamiento de gas en Doñana a expensas de autorización por parte de la Junta de Andalucía.

 

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Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
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