28 de octubre del 2020
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Atiendan a esta historia.

El 28 de julio de 1900, el rey de Italia, Humberto I de Saboya, cenaba en un restaurante de Monza cuando se fijó en que el dueño se le parecía mucho. Cuando le preguntó su nombre, se sorprendió al saber que se llamaba igual: Humberto. Pero las coincidencias iban mucho más allá. Ambos habían nacido el mismo día en la misma ciudad (Turín), se habían casado el mismo día con una mujer que tenía el mismo nombre (Margherita) y el mesonero había abierto su restaurante el mismo día que el rey había sido coronado. A la mañana siguiente, el dueño del restaurante fue muerto a tiros en una cacería. Pocas horas después, un anarquista se abalanzó sobre el rey y lo asesinó de tres disparos.

Este es un ejemplo de lo que se ha llamado en llamar “doppelgänger” o fenómeno del doble, término alemán que significaría “el que va dos veces” o “el doble andante”. No hay que confundirlo con la bifocalia (don de la ubicuidad), en la que una misma persona estaría en dos o más lugares simultáneamente. El doppelgänger sería otro ser exacto a nosotros que tiene entidad independiente y voluntad propia (sosias). Abundan en la mitología y muchos lo identifican con el “alter ego” o incluso con el “gemelo malvado” que tanto juego ha dado en la literatura y en el cine. A día de hoy existe una leyenda urbana que dice que cada uno de nosotros tenemos a un doble idéntico en alguna parte del mundo.

Humberto I de Saboya

¿Pero cuál es el origen de este mito? ¿Dónde hunde sus raíces? ¿Puede contener algo de verdad o sería explicable desde un punto de vista científico?

El doppelgänger en el folklore

Si nos preguntamos dónde podría tener su origen el fenómeno del doble, encontramos que ya los antiguos egipcios hablaban del ka (el doble del espíritu). Sería el equivalente del alma que perduraría en el cuerpo del fallecido siempre que fuera momificado. El ka se alimentaría de los alimentos puestos a disposición del muerto en su sepulcro. A diferencia del alma, el ka es material y tangible, y conservaría los mismos recuerdos y sentimientos que la persona a la que pertenece. Sería, por así decirlo, un yo dentro del propio yo, pero con entidad propia y vinculado a nosotros.

Por otro lado, los vikingos tenían a su vardøger o doble fantasmal corpóreo que anticipa lo que va a hacer la persona. Por ejemplo, imagínense que Olaf es un vikingo que después de muchos meses saqueando llega en su drakar a su poblado, es recibido por sus amigos y su esposa, cena, bebe, baila y cae borracho. Por la mañana Olaf no está, pero ese mismo día, más tarde, Olaf (o un tipo exacto a Olaf) vuelve a aparecer en el poblado en su drakar asegurando que viene de saquear durante meses. Imagínense la cara de todos los que lo vieron y hablaron con él el día anterior. El primero que apareció no era el verdadero Olaf sino su vardøger. Si lo miramos bien, el vardøger sería una mezcla entre un doppelgänger y una bilocación, pero siendo ésta última diferida. No es que Olaf esté en dos sitios a la vez, sino que el vardøger de Olaf realiza con anterioridad las acciones que hará el Olaf real. Y el equivalente finlandés al vardøger se denomina etiäinen («el que llegó primero»).

En numerosas ocasiones, como veremos, se ha identificado al doppelgänger con la muerte, que aparecería vestida con nuestra propia apariencia para llevarnos al inframundo, como ocurre con la versión bretona de la Parca, llamada el Ankou.

El doppelgänger en la literatura

Parece ser que el primero en escribir sobre el doble fue Jean Paul Richter en la novela romántica alemana titulada «Siebenkäs» de 1796, siendo este autor el que precisamente acuñó el término doppelgänger.  En la novela, su protagonista, Siebenkäs, se casa con la modista Lanette. A su boda asiste su mejor amigo, Leibgeber, con el que guarda no sólo una fuerte identificación personal, sino también un asombroso parecido físico. Infelizmente casado, Siebenkäs pide consejo a su amigo Leibgeber (que en realidad es su doppelgänger). Leibgeber convence a Siebenkäs para que finja su propia muerte, y así poder casarse él con Lanette, de la que está enamorado. De este modo, ambos podrían comenzar una nueva vida.

ilustración de El vizconde demediado

Ítalo Calvino en su novela “El vizconde demediado” nos cuenta la historia del vizconde Medardo de Terralba, quien fue partido en dos por una bala de cañón turca y cuyas dos mitades continuaron viviendo por separado. Una de las partes se dedicará a hacer toda clase de maldades y tropelías, reflejando muy bien el concepto del arquetipo de la Sombra jüngiana del que hablaremos más adelante. Una Sombra, en este caso, escindida por un cañonazo.

La escisión del yo también se encuentra en la famosa novela de Robert Louis Stevenson “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde” donde, gracias a una pócima, el Dr. Jekyll se desdobla en su alter ego malvado Mr. Hyde (juego de palabras con el término inglés “hide”: ocultar, esconder). El mismo tema de la escisión lo podemos apreciar, aunque con matices, en obras tan reconocidas como “El retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde.

La pócima como desencadénate de la división de la personalidad también es usada en la novela de 1815 “Los elixires del diablo” de E.T.A. Hoffman. En ella, el monje Medardo prueba el elixir de una reliquia, corrompiendo su alma y tornándolo un ser mezquino que será perseguido por una suerte de némesis idéntica a él. La diferencia es que ese doble en ocasiones parece de carne y hueso, y en otras una escisión diabólica de su psique.

A veces no es necesario recibir un cañonazo ni tomar una pócima para desdoblarnos. Basta un suceso traumático (en términos freudianos) aparentemente trivial. Por ejemplo, en la novela de Fiódor Dostoyevski titulada literalmente “El doble”, se nos presenta a Yákov Petróvich Goliadkin, que ante la vergüenza que siente por haber sido rechazado en una comida que daba su jefe por el cumpleaños de su hija, su personalidad se quiebra. A raíz de ese instante tiene lugar una violenta lucha interna que enfrenta al protagonista con la realidad.

No siempre el doble es maligno. En el cuento “William Wilson” de Edgar Allan Poe, el doble del protagonista es una suerte de Pepito Grillo, una voz de la conciencia, que recrimina a Wilson cuando comete un acto poco moral.

Otro autor clásico que han tocado el tema del doppelgänger ha sido Hans Christian Andersen en su relato “La Sombra”, donde el doble termina asumiendo las responsabilidades del original hasta terminar reemplazándolo.

En el cuento de Borges “El otro” se nos relata cómo Borges ya anciano tiene un encuentro con su yo joven. Entre ellos se desarrolla un interesante diálogo donde, entre otras cosas, Borges joven recrimina a Borges anciano el no haber escrito nunca una novela. Del mismo modo, el joven Borges se pregunta cómo es posible que su yo mayor no recordara ese encuentro en todos esos años. Borges viejo concluye que lo que es un encuentro real para él fue un sueño para el joven Borges.

Incluso José Saramago trata el tema en su conocida novela “El hombre duplicado”, en la que Tertuliano Máximo Alfonso descubre viendo una película que el actor se parece extraordinariamente a él. A partir de ese momento se dedicará intensamente a buscar a su doble idéntico hasta encontrarlo.

El doppelgänger en el cine

No son pocas las películas que han tratado el fenómeno del doppelgänger. Incluso directores como Tarkovsky (“Solaris”), Igmar Bergman (“Persona”) o Lynch (“Carretera perdida”) han tocado central o tangencialmente el tema del doble. No es mi intención hacer una revisión de todas las películas que han abordado este tema, lo cual excedería los límites de este artículo, pero mencionaré algunas de las más interesantes a mi parecer (sin spoilers).

En la película “Sommersby” de 1982, Jack Sommersby (Richard Gere) desaparece en la guerra de secesión americana, seguramente muerto en combate. Jack era un tipo rudo y violento al que su mujer había dejado de amar, por lo que ésta no lamenta su desaparición. Pero un día Jack vuelve y su personalidad ha cambiado radicalmente. Ahora es un hombre mucho más cariñoso y atento, por lo que su esposa empieza a preguntarse si se trata de un impostor con una apariencia exacta a la de su marido.

En la película “Moon” (2009) Sam es un astronauta (Sam Rockwell) que lleva viviendo aislado tres años en una excavación minera de la Luna. Cuando su contrato está a punto de expirar, aparece un nuevo técnico a sustituirle. Pero ese técnico es exactamente igual a Sam.

En “Cisne negro” (2010) una bailarina (Natalie Portman) sometida a una gran presión y a una rivalidad extrema con una compañera, le lleva a manifestar un estado de confusión mental en el que comienza a ver una versión totalmente diferente, externa y peligrosa de ella misma.

La película “El doble” (2013) es una adaptación contemporánea de la novela de Dostoievski del mismo nombre antes mencionada, en la que un burócrata empieza a perder la cabeza cuando un doble exacto a él aparece trabajando en su misma oficina con la intención de suplantarle.

Otra adaptación es la película “Enemy” (2014), en esta ocasión de la novela de Saramago “El hombre duplicado” antes aludida. Se nos cuenta la historia de Adam (Jake Gyllenhaal), un profesor de historia que lleva una vida rutinaria. Un día, viendo una película, descubre a un actor que es idéntico a él. Obsesionado con la idea de tener un doble, comienza a acecharlo.

En “Coherence” (2014), ocho amigos quedan para cenar y ver el paso de un cometa. Todo parece ir bien cuando, de pronto, se produce un apagón causado por el cometa y que afecta a todas las casas del vecindario, salvo a una que permanece con las luces encendidas. Dos de ellos deciden ir a la casa iluminada para volver poco después contando algo sorprendente: esa casa es la misma en la que ellos están y con la misma cena puesta sobre la mesa para ocho personas.

“Nosotros” (2019) narra la historia de una familia de cuatro miembros, los Wilson, que se van a la costa para unas vacaciones veraniegas. Cuando cae la noche, la familia observa frente a la casa la silueta de cuatro figuras cogidas de la mano. Esas personas son aterradoramente idénticas a cada uno de los miembros de la familia.

El doppelgänger en la Psicología

En el ámbito de la Psicología clínica se da una alteración de la percepción denominada “autoscopia”.  Consiste en verse a uno mismo en el espacio externo. No es que nos viésemos a nosotros en nuestra cabeza imaginándonos, sino como si fuéramos otra persona real que está frente a nosotros. Normalmente, las personas que la padecen se suelen ver a sí mismas de frente, inmóviles y la visión suele durar apenas unos segundos acompañada de una sensación de miedo o terror. No hay que confundir esta alteración con la “sensación de presencia” que puede darse en esquizofrénicos (“alguien me observa”) o trastornos histéricos (“veo fantasmas”).

También verse a uno mismo puede darse en las mal llamadas alucinaciones hipnopómpicas e hipnagógicas. Digo mal llamadas porque en realidad serían pseudoalucinaciones. Las primeras (hipnopómpicas) se darían al inicio del sueño y las segundas (hipnagógicas) al despertar, en esos periodos denominados umbrales o crepusculares ya que se hallan entre la vigilia y el sueño. En esos estados se pueden tomar como reales imágenes que en realidad serían oníricas. Dicho de otro modo, serían sueños que se mantienen cuando los ojos se abren. El individuo cree estar despierto, aunque verdaderamente su cerebro sigue dormido, tomando por real lo que es un sueño. Si en ese momento da la casualidad de que estamos soñando con nosotros mismos, nos veríamos también (o, para ser exactos, creeríamos vernos). En estas ocasiones, bastante comunes y no necesariamente ligadas a una patología, las personas dicen ver figuras (“visitantes nocturnos”, antiguamente llamados íncubos y súcubos) o a ellas mismas (los famosos “cuerpos astrales”). Pero no es nada esotérico, es un hecho comprobado científicamente.

Tal vez el fenómeno psicológico que más se ha asociado a los doppelgänger sea la personalidad escindida, personalidad múltiple o fuga psicógena, que se encuadrarían dentro de los trastornos disociativos. En este caso estaríamos hablando de alteraciones de la identidad, la memoria e incluso la consciencia, y asociados, aunque no necesariamente, a psicopatologías o ingesta de tóxicos (principalmente alucinógenos). El trastorno de personalidad múltiple, junto con ciertas alucinaciones visuales acompañadas de delirios, sería un buen candidato a la hora de explicar el fenómeno del doble, si bien, hay muchas más películas sobre personalidades múltiples que casos diagnosticados documentados. No obstante, habría que revisar el concepto de identidad que poseemos las personas, ya que tal vez no sea algo tan monolítico e independiente como a priori pensamos. En palabras de Martín Giráldez, tal vez “se debería contemplar la identidad no como una entidad o estructura monológica y estable (en cuyo caso una fractura del yo resultaría terrorífica, puesto que supondría la aniquilación del yo), sino como una relación dialógica yo-otros(s) en constante reconfiguración”.

En la psicología analítica de Jüng, el doppelgänger sería la materialización del lado oscuro y enigmático del individuo, que en su teoría se representaría mediante el arquetipo de la Sombra. Sería la personalidad oculta que está intentando salir a la luz (nuestro lado oscuro o reverso tenebroso) y que involucraría aspectos inconscientes de la personalidad, con rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce (o se resiste a reconocer) como propios. En este sentido, Freud hablaba de la “proyección” como potente mecanismo de defensa, que consiste en atribuir a otra persona características negativas que en realidad son nuestras. Si estamos hablando de una mente psicótica, ese “otro” puede ser la proyección alucinatoria de uno mismo (en definitiva, un doppelgänger maléfico). Y es que tal vez nuestro peor enemigo, nuestro gemelo malvado, no esté ahí fuera sino en lo más hondo de nuestra mente y de nosotros mismos.

Más historias de doppelgängers

Este artículo comenzó con la conocida historia del mesonero doppelgänger de Humberto I de Saboya (aunque para ser exactos, también Humberto I era el doppelgänger del mesonero). Pero hay muchas más en la Historia. Expondré a continuación algunas de las más conocidas.

El poeta Goethe, autor de «Fausto», se encontraba un atardecer viajando a caballo por el camino a Drusenheim cuando se cruzó con alguien que era exactamente igual que él, con la salvedad de que vestía un traje gris con adornos dorados. Ocho años más tarde se encontraba viajando por ese mismo camino pero en dirección contraria, cuando volvió a cruzarse con alguien que era igual que él pero algo más joven. Entonces Goethe recordó el primer encuentro y las ropas que vestía el misterioso viajero: eran las mismas que él llevaba en ese preciso momento.

Abraham Lincoln nos cuenta en primera persona un acontecimiento que le ocurrió en una noche de noviembre de 1860, precisamente la noche de su primera elección como presidente de los EE.UU. Lincoln estaba descasando en un sofá, cuando al mirar al espejo vio algo extraño: “Me vi reflejado casi en toda mi longitud, pero mi cara tenía dos imágenes separadas y distintas. La punta de la nariz de una de ellas estaba cerca de tres pulgadas de la punta de la otra. Yo estaba un poco molesto, quizás sorprendido, y me levanté y miré en el espejo, pero la ilusión se desvaneció. Cuando me acosté de nuevo vi la segunda cara por segunda vez, y luego me di cuenta de que una de las caras era un poco más pálida que la otra. Me levanté y la cosa se desvaneció de nuevo”. Algunos allegados suyos tomaron esa visión como una señal de muerte y de que no sobreviviría a un segundo mandato, lo que finalmente ocurrió cuando fue asesinado en 1865.

Al poeta del siglo XVI John Donne se le apareció un doppelgänger, pero no el suyo, sino el de su mujer. Donne se encontraba en París cuando su esposa se le apareció con un bebé recién nacido en las manos. El caso es que la esposa de Donne se encontraba embarazada en Inglaterra y en ese momento acababa de dar a luz a un niño muerto. Aquí nos encontramos una versión de un doppelgänger “por poderes” que no anuncia la propia muerte sino la de otra persona, en este caso, su hijo.

La emperatriz rusa Catalina la Grande se encontraba descansando en sus aposentos una noche de 1796 cuando su guardia personal llamó urgentemente a su puerta, contándole exaltado que la había visto entrar a la sala del trono. La emperatriz se dirigió apresurada a la sala real y cuando entró se vio a sí misma tranquilamente sentada en el trono. Catalina ordenó a los soldados que le dispararan de inmediato, pero la doble se esfumó delante de todos. Días más tarde, Catalina moriría de un ataque de apoplejía. Algo similar le ocurrió a la reina Isabel I de Inglaterra. En una noche de 1603 vio una versión fantasmal de sí misma tumbada en la cama, lo que ella tomó como señal de su inminente muerte, algo que, en efecto, ocurrió pocos días más tarde.

Una de las historias más inquietantes es la del poeta Percy Bysshe Shelley, a la sazón esposo de la escritora Mary Shelley, la creadora de Frankenstein. En 1818 los Shelley se mudaron a Italia cuando, cierto día, en una localidad costera, Percy se topó con su doble espectral que silenciosamente le señaló hacia el mar. Dos años más tarde, el 8 de julio de 1822, Shelley se ahogó en esa misma costa en una súbita tormenta mientras navegaba en su velero.

Guy de Maupassant cuenta cómo un día, mientras se encontraba trabajando en su escritorio, entró su doble en la habitación y comenzó a dictarle un cuento que el propio Maupassant fue escribiendo. Ese cuento trataba, precisamente, de un espíritu siniestro que se iba apoderando de su protagonista. Al año siguiente el escritor moriría en un hospital psiquiátrico presa de la sífilis.

Clasificación de los doppelgängers

En base a la figura del doble, me atrevo a realizar una sencilla clasificación, si bien señalar que pueden darse diferentes grados de mixtura entre los distintos tipos. Esta clasificación está construida en base a las posibles manifestaciones del doble, y no en base a su origen o causa:

1) Tipo I (negativo, interno): Nuestro doble es una proyección o escisión malvada de nosotros mismos. Ejemplos: La Sombra (arquetipo); El Dr. Jekyll y Mr. Hyde (novela); El doble (novela); El vizconde demediado (novela); Cisne negro (película).

2) Tipo II (positivo, interno): Nuestro doble es una representación de nuestra conciencia moral. Ejemplo: William Wilson (relato).

3) Tipo III (externo): Nuestro doble es una persona ajena independiente a nosotros. Su moral podrá ser a su vez negativa, positiva o neutra.

3a) Tipo IIIA (negativo, externa): Nuestro doble es una persona independiente a nosotros y malvada. Ejemplos: La Sombra (relato); Los elixires del diablo (novela); Nosotros (película).

3b) Tipo IIIB (positivo, externa): Nuestro doble es una persona independiente a nosotros y buena. Ejemplo: Sommersby (película).

3c) Tipo IIIC (neutro, externa): Nuestro doble es una persona independiente a nosotros y con una moral propia: Ejemplos: Humberto I de Saboya (rey); El otro (cuento); Siebenkäs (novela); El hombre duplicado (novela); Moon (película); Enemy (película).

4) Tipo IV (duplicado): Nuestro doble es exactamente igual a nosotros, repitiendo y realizando las mismas cosas que decimos y hacemos (simultánea o diferidamente). Ejemplos: Goethe (poeta); Vardøger (mito); Etiäinen (mito).

5) Tipo V (metafísico): Nuestro doble es una deidad, un ángel o un ser de otro mundo, dimensión o realidad paralela, o somos nosotros mismos provenientes del futuro o del pasado, o es un augur de la muerte, o una manifestación corpórea del alma. Ejemplos: El ka (mito); El Ankou (mito); Coherence (película); El otro (cuento); Lincoln (político); John Donne (poeta); Catalina la Grande (emperatriz); Isabel I de Inglaterra (reina); Shelley (poeta); Guy de Maupassant (escritor).

6) Tipo VI (clon): En esencia no es un doppelgänger, ya que un clon es un doble pero creado artificialmente por la ciencia, la magia o tecnología extraterrestre o del futuro: Ejemplos: The prestige (película); Star Wars Episodio II: El ataque de los clones (película); Oblivion (película); Multiplicity (película); The 6th day (película).

Epílogo

El doble es una presencia inquietante. La posibilidad de encontrarnos con nosotros mismos causa desasosiego e incluso pavor. Es lógico que, casi siempre, y en casi todas la épocas y culturas, se haya considerado como una señal de mala suerte o incluso un heraldo de la propia muerte. En el fondo, ese terror proviene de la resistencia que nos provoca conocernos a nosotros mismos, a escavar en nuestro interior y poder aseverar “sé quién soy”. Casi nadie, por mucho que se diga, persigue ese nivel de profundización en uno mismo, ni desea descubrir quién es en realidad. Puede que lo que descubramos no nos guste. En efecto, ese autoconocimiento puede desvelar aspectos que preferimos enterrar y mantener ocultos. Y de ahí la resistencia que mostramos, consciente o inconscientemente, a desvelar la verdad sobre nosotros mismos.

Así, Freud hablaba de la “represión” como potente mecanismo que oculta a nuestra mente aquello que odiamos de nosotros mismos. Porque ese yo que observo me observa igualmente a mí. Y eso es lo que verdaderamente inquieta. Nadie mejor que uno mismo para desentrañar lo que ocultamos, aunque ni siquiera sepamos que ocultamos algo. Por eso preferimos vivir en la feliz ignorancia de lo que somos y no tener que encontrarnos nunca con nuestro propio yo. En palabras del escritor y filósofo Julian Baggini “vernos desde afuera nos permitiría conocernos realmente, pero tan solo pensar que pudiéramos vernos como otros nos ven resulta aterrador».

Entonces cobran sentido las famosas palabras de Nietzsche: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también el abismo mira dentro de ti”. Ese abismo es el mal, nuestro propio mal. Aquel que quizás nos arriesguemos a descubrir si miramos profundamente en el espejo del alma.

Foto portada: Omid Armin

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.
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