15 de octubre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Leo una noticia insólita que me enfrenta a mis incoherencias. Una lustrosa rata quedó atrapada en la tapa de una alcantarilla en la ciudad de Bensheim, Alemania. La Navidad le pasó factura. El animal, inflado y prieto como faldriquera borbónica, quedó tal cual lo ven en la foto, como obispo medieval chillando el fin de los tiempos.

Aquí, en la cruda Celtiberia, tierra de rústicos indómitos curtidos durante siglos en toda suerte de cacerías y depredaciones, el primer chiquillo de paso al colegio -cosas del pueblo chusco- hubiera resuelto el problema al hispánico modo, entre alaridos, mofas y pisotones, sin dar pábulo a gacetilleros oportunistas. A tomar por culo la rata y todas las posteriores cavilaciones. A otra cosa, mariposa.

Pero en Alemania no. Los teutones, -antiguos bárbaros del norte, ahora a años luz de nosotros-, presumen de más cultura y delicadeza. La liquidez conlleva progreso, el progreso educación y la educación miramientos. Así que ocho bomberos y un rescatista de animales, el señor Sher, empatizaron con la rata obesa, y tirando de presupuestos, que allí sobran y los aprueban todos, tras media hora de trabajo quirúrgico, lograron sacarla indemne del cepo alcantarillero y devolverla a su medio natural: las cloacas de Bensheim, donde seguirá engordando apaciblemente a costa del vulgo ario hasta morir de sobrepeso o hipertensión, animalito.

foto: Getty Images

Como amante del progreso y de los seres vivos, me obligo a preguntas incómodas: ¿Agravan los adelantos la idiotez de los pueblos o solo lo parece? El caso de la rata de Bensheim, ¿es gilipollez supina, como proclaman ya algunos antianimalistas o se trata de humana y crecida sensibilidad, de respeto hacia los animales, hacia los iguales? Cabe reseñar que el animal salvado no es Ratatouille, ni un osito panda ni un cachorrito de yorkshire, sino el causante de la peste negra en Europa: 50 millones de muertos, ojo.

Advierte el señor Sher: “Incluso los animales más odiados merecen respeto”. Todos los seres vivos, de hecho. Comparto esta sentencia que alimenta mis contradicciones. La duda me corroe y me pregunto contrito: ¿Debería respetar y engordar a las ratas, moscas y cucarachas de mi entorno? ¿Abrirles la puerta de casa? ¿La del frigorífico, quizás? ¿Ofrecerles el sofá del salón o el lecho en donde yago? Nein. Soy celtíbero. Contra las moscas, mosquitos y cucarachas he usado y uso armas convencionales y químicas. Contra las bacterias -respetable forma de vida-, penicilina, y desde que una rata de cloaca mordió a mi perro, uso veneno contra ellas. Guerra total. ¿Debería avergonzarme?

Pueden ponerme como los trapos, si quieren. O denunciarme. El daño ya está hecho, pero sigo dudando: ¿Aún soy amante de los animales tras cometer los horribles animalicidios ahora confesados? Ni yo mismo lo sé ya, que Dios me perdone.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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