29 de septiembre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



El músico malagueño Pablo Alborán ha confesado abierta y públicamente su homosexualidad. Lo ha hecho a través de un vídeo en Instagram. Al parecer, su condición sexual era un secreto a voces, un asunto ya conocido en los mentideros de la industria musical. A la mayoría de sus seguidores ni siquiera les ha sorprendido la «noticia».

Lo triste del caso es que sea precisamente eso, noticia. En pleno siglo XXI, en la «Europa del bienestar y las libertades», un músico de enorme éxito ha tenido que vivir durante años encerrado en el armario por temor. Temor a represalias homófobas, temor a dejar de recibir el apoyo del público, a que la discográfica le diera la espalda, temor a vivir libre, temor a amar, a sentir, a ser.

Muchas personas y compañeros de profesión han celebrado la salida del closet como un triunfo, «la victoria de la normalidad», dicen. Y seguramente dar este paso haya sido un alivio mayúsculo para Alborán, por el cual solo cabe alegrarse.

Pero no. No es un triunfo de nadie, es un fracaso. Un fracaso como sociedad es que una persona sienta tal presión, tanta angustia, que no pueda expresarse públicamente tal y cómo es. Un fracaso es que el silencio se apodere de una parte de su vida. Que el capitalismo salvaje (sí, el puto dinero) te obligue a vivir en la clandestinidad sexual. Que la extrema derecha tenga un mínimo de margen para discriminar y agredir a los homosexuales y transexuales. Un fracaso es que una cadena invisible y asfixiante obligue a nuestros artistas a utilizar metáforas, a la autocesura.

No, definitivamente no estamos ante un triunfo.

Si sus declaraciones no fueran trending topic quizás lo sería. Queda mucho por construir entre todas y todos para que cualquier persona pueda hablar de su sexualidad libremente en cualquier ámbito público (música, fútbol, política…) sin temor a represalias ni salir en una primera plana.

Si celebramos la normalidad más absoluta como una excepción triunfante estaremos aceptando, quizás inconscientemente, nuestra derrota. El fracaso de todos. Estaremos cediendo ante la homofobia.

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🙂

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ACTUALIZACIÓN:

Minutos después de publicar este artículo ha llegado el primer ejemplo de que la homofobia sigue latente. La web de fake news y extrema derecha Mediterráneo Digital titulaba «Pablo Alborán sale del armario y confiesa que le gusta comer sables». Un titular homófobo que podría denunciarse por delito de odio. Una muestra más de la barbarie de nuestros días.

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Alejandro López Menacho
Periodista. Codirector de La Replica. Autor del libro '101 películas españolas para entender nuestro presente' en la editorial Héroes de Papel. "Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido".
Alejandro López Menacho

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    3 Réplicas

  1. Pedro

    En efecto, es un fracaso como sociedad que las personas tengan que esconder su orientación sexual o su identidad de género, y significa que hay aún mucha discriminación a quienes no somos cisheteronormativxs. También es un acto valiente, porque precisamente se enfrenta a eso, y muy positivo por la influencia que puede tener en muchxs de sus seguidores, y por la importancia de que existan referentes en los diversos ámbitos. ¿Para cuando un paso así de futbolistas y otrxs deportistas?
    Y una crítica a vuestra pieza. Cuando escribís «El músico malagueño Pablo Alborán ha confesado abierta y públicamente su homosexualidad». Estáis dando una connotación negativa al hecho de que él lo haya contado. Se «confiesan» delitos, pecados, travesuras… Pero él no ha «confesado» nada. Simplemente lo ha comunicado, o contado, o informado sobre su orientación. El lenguaje también indica por dónde van nuestros prejuicios. Con todo cariño, que el resto del contenido me parece estupendo

  2. José Repiso Moyano

    TODO ES MENTIRA.
    Un truco muy eficaz para todos los que desfavorecen a la realidad es:
    VETAR TODO LO QUE LES DESAGRADA (A OÍDOS SORDOS) E IR ESCONDIENDO LAS MENTIRAS, MÁS Y MÁS, HASTA QUE POR LÓGICA QUEDE «LA VERDAD QUE LES INTERESA».
    Y lo llenan todo de trampas o de eufemismos manipuladores: banca ética, caza amoroso-ecologista, ser famoso aprovechado y solidario,etc.
    Pero aquí no acaba la cosa, sino que hay miles de SIRVIENTES ARRASTRADOS (que han perdido ya la dignidad) que hacen comentarios a favor de ellos y no a favor de la ética misma o de sus deberes éticos PISOTEADOS por ellos. JOSE REPISO MOYANO

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