23 de enero del 2021
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Cada vez que aparece la imagen de un elefante me es imposible dejar de recordar a nuestro ya inactivo monarca D. Juan Carlos I “El Campechano” y su afición por controlar las poblaciones de paquidermos en África, o cualquier otro mamífero que se tercie y arrime más de la cuenta. Desde la sabana keniata hasta el territorio español la llamada caza mayor no goza por aquí de mejor reputación.

Mucho tienen que ver los corruptos y corruptores al degradar este tipo de eventos a reuniones de adinerados tunantes. Más atentos a los placeres inmorales de la vida y tratos de favor que a equilibrar el ratio de ungulados presentes en nuestros montes. Estos llamativos y anecdóticos ejemplos representan la minoría de un sector cinegético culpable. No de equivocadas aficiones reales o campestres reuniones de chorizos sino de un planteamiento por lo general erróneo para un aprovechamiento necesario en unos montes con grandes desequilibrios desde hace siglos. En este necesario papel regulador de la caza, existe una profunda lacra en su gestión al obviar, mayoritariamente, un punto de vista multidisciplinar de los recursos naturales. La caza es la actividad económica más importante en la mayoría de los montes españoles, muy por encima de la explotación de otros recursos naturales. Una razón más que suficiente para intentar maximizar su rendimiento, pese a ese dogma imperante hoy día que es la sostenibilidad.

Caza

Campaña Pacma contrala caza en Cabañeros.

En la naturaleza todo tiene que ver con todo y tras décadas de mala praxis o en algunos casos tan solo años, los datos revelan los principales efectos negativos. La disminución de aves comunes es ya una realidad tangible, especialmente en aquellas especies cazables, como arroja el estudio realizado por SEO Bird life para el periodo 1998-2012 en España. Pese a nuestra indiferencia diaria las aves son un indispensable indicador de calidad medioambiental ampliamente aceptado y cuyo seguimiento es una herramienta básica en el estudio de la conservación de los ecosistemas. La disminución registrada del 17% en las aves comunes silvestres no se debe únicamente al ejercicio de la caza. Los factores son muchos y variados, cambios de uso de tierras agrícolas extensivas a intensivas, el uso generalizado de venenos y pesticidas que afectan al grano o la degradación generalizada de los ecosistemas. Aunque la disminución mayor (30%) exclusivamente sobre especies de aves cazables muestra el grave impacto que la actividad cinegética está acarreando. La reflexión y replanteamiento de la regulación actual es una necesidad.

El relajamiento por parte de la administración y su enfoque meramente económico de los recursos naturales no hace más que reforzar una perspectiva simplista y cortoplacista de los aprovechamientos forestales. Punto de vista que una mayoría de los propietarios suelen compartir al tratarse de inversiones con periodos de recuperación muy largos. Desde las administraciones tanto locales, regionales y estatales la caza se ha mimado por su rentabilidad a corto plazo. Hecho que ha permitido gestiones mediocres que en muchos casos han evolucionado en una degradación medioambiental seria, comprometiendo la sostenibilidad de los recursos. Es una necesidad obligar al desarrollo de herramientas de planificación y gestión que diversifiquen los recursos naturales explotables de forma sostenible y permitan rentas continuas. Fundamentales son también aumentar la vigilancia y control por parte del machacado gremio de Agentes Medioambientales, y desarrollar una profunda labor pedagógica donde la caza pase a ser realmente una herramienta más de gestión y conservación en detrimento de un mero negocio. En definitiva, una orientación totalmente contraria a la aportada en la última reforma de la Ley de Montes.

Un cambio de esta profundidad en un modelo asentado no se consigue únicamente con los medios técnicos actuales y cambios legislativos, es necesaria una inversión específica, bajo criterios y controles técnicos que refuerce potenciar todos los usos posibles y recursos de los montes. Y así reviertan en forma de riqueza sobre las comunidades locales. Ellos son quienes mejor pueden proteger y asegurar unos recursos naturales que nos benefician a todos.

Sin perder de vista el complicado contexto actual y la necesidad de rentas en el medio rural, el apoyo e inversión inteligente en sostenibilidad es la forma de asegurar un mejor futuro. Donde seamos capaces de valorar no solo indicadores económicos sino también los naturales, que actualmente no dejan de avisarnos sobre nuestra acelerada marcha hacia ninguna parte. Rescatemos más montes y menos bancos.

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Alberto Roldán

Ingeniero de cuerpo y espíritu inquieto apasionado por el mundo de las letras y los viajes. Creo en el análisis y el debate como elemento reflexivo creador de conciencias.
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