17 de septiembre del 2019
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Leo que la justicia descarta encarcelar a Rato. Quienes nos llevaron a la ruina seguirán en la calle después del desastre. En España se engrandece al granuja con el mismo cainismo con que se olvida a los héroes. Valga como ejemplo el de Areizaga, uno de los miles de Blesa que ha dado España. Fue general del Ejército de la Derecha –no es sarcasmo, así se llamaba- y en la batalla de Ocaña estuvo a punto de hundirnos para siempre.

Los gabachos, que solo elegían a sus generales por méritos de guerra, lo dejaron encerrarse solito en Ocaña, sin ayudarlo. Con todo, atinó a barruntar que los subalternos de Soult, Mortier, Dessolles, Sebastiani, Sénarmont y demás mesieres de postín, primeros espadas en las mejores plazas europeas, lo estaban cuadrando como a un becerro bisoño, pero como era un inútil, ni se movió. Y el 19 de noviembre de 1809 sonaron los clarines, los mesieres sacaron banderillas y estoques y se lucieron en una faena facilona.

Areizaga, que estaba en lo alto de un campanario atalayando el campo con un catalejo, se entiende que fino y a cargo del presupuesto, vio a Víctor desplegarse en formación de ataque y según testigos presenciales dijo: “Se va a armar una buena”. Media hora después los imperiales descuartizaban a su ejército, por cierto superior. Cuando vio que iban a por él, bajó del campanario, subió al caballo y se fue sin ni siquiera ordenar la retirada. No dio ni una orden, ni buena ni mala, en toda la batalla.

Resultado: 4.000 muertos, 20.000 prisioneros, 40 cañones en manos del enemigo y las puertas de Andalucía abiertas de par en par. Eso lo hace Soult y Napoleón lo ahorca al amanecer, vestido de lagarterana y después de caparlo. Pero por aquella hazaña Areizaga, del que dijo Galdós que era “un inútil en cuya cabeza no cabían tres docenas de hombres”, recibió el reconocimiento de la Junta Central y numerosas compensaciones por los servicios prestados. De haber existido Telefónica lo nombran consejero asesor, como a Rato, o lo colocan en Endesa como a Aznar, o en Gas Natural como al camarada Isidoro y a otros tantos responsables de nuestra ruina.

Llevamos siglos siendo un pueblo gobernado por inútiles indecentes. En Ocaña, mientras Areizaga contemplaba el panorama con su catalejo fino, batallones enteros se desangraron cargando a la bayoneta en un gesto de dignidad suicida. Gente humilde y con honor, incapaz de volver a su pueblo, a su barrio, con el nombre manchado por la vergüenza. Hombres cuyos nombres olvidaron los libros de historia. Solo eran pueblo, poca cosa.

Años después intentaron procesar a Aréizaga, como hoy a Rato y otros, pero archivaron la causa con esta frase: “Se evitará entrar en detalles sobre la conducta de sujetos que la tienen bien acrisolada”. Lo mismo que hoy ante las comisiones de investigación de Bankia o de los ERE. Ya va siendo hora de cambiar.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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