22 de febrero del 2020
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Sirva el caso de Petra László para dibujarnos quiénes somos y en qué andamos metidos, en una muestra más de lo complejo y difícil que se ha vuelto este mundo.

Cuesta creer que un ser humano en manifiesta posición de superioridad, descargue su odio contra una o varias familias sirias con la frialdad con la que lo hace en el vídeo la ya ex reportera del canal húngaro N1TV. La imagen consterna y desata la impotencia de los que hemos visto el vídeo. La realidad es que por más que nos restreguemos los ojos, las imágenes sirven de muestrario de hasta dónde puede llegar la crueldad humana.

Como quien se porta mal, una vez asumimos los hechos, uno debe preguntarse los porqués. Y los porqués nos hablan de una Hungría que ha mantenido de la mano de su primer ministro Viktor Orban la posición más reaccionaria de Europa ante la llegada de refugiados. El temor a la fuga de votantes y la propia ideología conservadora del Fidesz podrían ser motivos de peso para explicar el germen del pueril acto de László. Sin embargo, el motivo esencial ya lo expresó el primer ministro cuando se dirigió acusatoriamente a la UE por su falta de reacción y prevención ante esta crisis: “Los húngaros tenemos miedo”.

Y es eso, detrás de la xenofobia, suele esconderse el miedo.

La oleada de amenazas, insultos y reproches que en la red se han vertido contra la periodista húngara, nos conduce hasta otra encrucijada moral: La de comprobar hasta dónde somos capaces de hacer pagar a los demás sus faltas. En el caso de László, la solución no es dejarla sin trabajo a perpetuidad, ni propinarle a ella también patadas, ni mucho menos hacerle vivir una guerra como aquellas de las que huyen los refugiados en las distintas partes del mundo. Suficiente tendrá con haber perdido su empleo, con no poder salir a la calle tranquilamente de aquí a un tiempo o verse convertida en poco menos que un demonio por una acción que ha provocado que hasta un medio de ultraderecha la despida fulminantemente. Pero ninguna de esas será la mayor de las penas que soportará, pues aún le quedará lo más insoportable, el peso de su conciencia.

El caso László no sólo ensancha el límite de nuestras miserias, sino que además, nos pone a prueba. En un momento sensible para la opinión pública, con el impacto reciente de la muerte de Aylan, la lógica invitaría a descargar nuestra ira contra una figura antagónica que represente el mal en estado puro. Pero sucede que ni siquiera László lo es, sino que responde a un complejo entramado de circunstancias que saca a relucir lo peor del ser humano. Y ya no por todos los que se comportan así, sino por nosotros mismos, hemos situarnos por encima de eso y demostrar que existe otro camino. Aunque también nos muramos de miedo pensando que nos invaden muchos como ellos.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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    3 Réplicas

  1. Víctor L. Briones

    Otra de la variables que hay surgido de la evidente falta de compasión, compañerismo y solidaridad; de la crueldad de un mundo que olvida la humanidad par competir, es el adormecimiento en algunos de esa conciencia. Si esta periodista se para a mirarse y a analizar sus acciones es probable que ella misma llegue a la conclusión de que lo que ha hecho es repugnante, pero hoy se premia la crueldad y la insolidaridad y tendrá partidarios, seguro de su acción y como el ser humano busca la pertenencia y la comodidad se alineará con esos partidarios, con esos fanáticos, con esa facción. ¿cómo se soluciona esta miseria moral? La solución obvia es la educación y no el castigo. Pero cómo se enseña a pensar a un adulto que ya ha decidido apurar su vida de forma aislada de sus circunstancias…

    Complicado pero me niego a rendirme, me niego a rendirme a la inercia de lo inhumano. Despertar conciencias, educar conciencias, criar mentes resistentes, si alguna vez en nuestra evolución como especie conseguimos un buen porcentaje de población realmente despierto sucederá que la «facción» a la que todos quieren adherirse es la de los humanos.

    En fin, desolador. Un saludo.

  2. Alberto

    De aquellos polvos, estos lodos o alg así decía el refrán. El giro hacia una derecha cada vez más extrema en Europa los últimos años tiene mucho que ver con el comportamiento de una Unión y sus conciudadanos a los que les inundan de miedos y carecen de respuestas coherentes.

    Nos queda mucho por reflexionar.

  3. César Napoleón Rodríguez

    Es notorio que la humanidad ha perdido sensibilidad ante las crueldades, se publican guerras y niños muertos en ellas, ya a nadie le importa los que sufren, pareciera que mas importante es tomar una buena foto o un vídeo para publicar en las redes… eso es lo que tenemos pero lo que queremos pareciera cada vez menos alcanzable, lo único que aspiro es a un mundo de paz pero eso ya no será posible…

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