12 de diciembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Hace muy poco tiempo, en abril de este mismo año, el Errejonismo era una corriente influyente en una fuerza política con 42 parlamentarios. Hace tan solo cuatro años, su influencia era aún mayor, Podemos tenía 69 parlamentarios tras las elecciones generales.

Si contamos que el Errejonismo era el 30% de Podemos, podríamos decir que contaban por entonces con unos 15-20 diputados. Tras una guerra fratricida y vergonzosa por el control del partido, el Errejonismo decidió emprender su aventura en solitario. Prácticamente todas sus decisiones se tomaron cuando más daño le hacía a la formación morada. En medio de la negociación de los presupuestos del Estado, se anunció la aparición de Más Madrid, en las vísperas de las últimas generales, su alianza con Equo y Compromís.

Auspiciado por los más que aceptables resultados en Madrid, el Errejonismo aspiraba a establecerse como un partido verde y feminista (ecofeminista, le llamaban), y repetir los resultados de otros partidos verdes con cierta representación en las cámaras europeas. Nada de eso ha sucedido. De los parlamentarios que fueron, ahora solo quedan tres. Uno corresponde a Compromís, Joan Baldoví. Otro, después de la enésima pelea entre familias, para Inés Sabanés, de Equo. El otro es el propio Errejón. Lo de Más País pretendía ser un principio, pero parece más bien un final.

En tiempo récord se ha atomizado aquejado de los males de la política moderna, sospechosamente parecidos a los de la vieja política. El empuje de Más Madrid tras las elecciones madrileñas, condujo a Errejón a apostar por una campaña exprés de cara a las generales. Por el camino casi todo le salió mal.

Su figura estandarte en materia feminista, Clara Serra, dejó la formación a un mes de elecciones cuestionando no solo el carácter feminista del proyecto, sino su espíritu aglutinador. De fondo, una sempiterna guerra por sillones y asesores. Casi a la par, saltó a la palestra un caso de acoso. Era conocido en los corrillos que Mónica Oltra prefería la coalición con Podemos. Y para colmo, Manuela Carmena alabó a Irene Montero en el mitin final de campaña de la formación.

Son solo episodios puntuales de carácter cronológico. La sensación es que Más País comenzó a descafeinarse mucho antes. Ni siquiera las primeras encuestas, que dibujaban unos resultados entre 9 y 12 escaños, parecían muy de fiar. La ley electoral española se empeñaba en favorecer otro escenario. Las cuentas no daban para la izquierda, pero dejaba una autopista a Vox hacia la España vaciada. Resultaba complicado vender a Más País como novedad. En una realidad política híper acelerada, Errejón parece que llevara una vida entre el electorado. Ya no es la figura que deslumbrara con la aparición de Podemos. No solo es que haya participado en las elecciones pasadas, es que se ha pasado desde que tuviera relevancia política en continua campaña. De manera interna o externa, siempre había un cielo y un asalto diferente.

Pero el mayor error de Mas País probablemente venga de lo discursivo, la apariencia cool que destila y su distanciamiento de las clases populares. Errejón haciendo un tweet ininteligible como metáfora. La formación está vinculada en el imaginario colectivo a una Madrid urbana, al ámbito universitario y a una nueva ola de burguesía progre. Y se ha esforzado poco por disimularlo. En muchas ocasiones, parecen intelectuales diciéndole al pueblo cómo, cuándo y por qué tienen que luchar. Parecen más preocupados por lo identitario que por las cosas del comer. Así pues, ¿cómo podía Más País atraer votantes de izquierda, pongamos, del cinturón obrero de Barcelona, de la Andalucía rural o de la izquierda vasca? También costaba visualizarlo.

Los resultados electorales están sacudiendo ahora el último reducto de su ilusión, sus bases, que ven como una cúpula masculinizada toma decisiones de manera vertical, intentando repartir las migajas del poder entre sus familias. Pero para sobrevivir, el Errejonismo tendrá que hacer mucho más que eso. Lo dicen algunas voces internas, debería volver a la esencia. Al pico y pala de los barrios. A los proyectos vecinales que se desbordan. A construir desde abajo y no desde arriba. A los grupos de personas y no a las marcas personales. Al qué y no al quién. A hablar más de los problemas de la gente y menos de estrategia. A ser todo lo generosos que hasta ahora no fueron. Y puede que, con todo, sea demasiado tarde. La izquierda no concede segunda oportunidades.

The following two tabs change content below.
Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
Javier López Menacho

Últimas entradas de Javier López Menacho (ver todo)

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies