17 de julio del 2019
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Hoy comienza una nueva etapa en todos los Ayuntamientos del país. Mientras las cámaras, ansiosas ellas, enfoquen a los regidores electos y a los nuevos (y no tan nuevos) concejales, otros muchos ediles, desde sus casas, pondrán el punto y final a su mandato político.

Me gusta pensar que hay gente de a pie, vecinos y vecinas de toda la vida que participaban en la vida social y municipal, que un buen día, dieron un paso al frente para representar durante cuatro años a su pueblo e implicarse por mejorar las cosas. Los hubo y los hay de todos los colores y partidos, en ciudades grandes, medianas y pueblos pequeños, y esa es indudablemente una buena señal. Pero permitirán que recuerde especialmente a los que al calor del 15M, siendo unos vecinos y vecinas corrientes y sencillos, sin tener experiencia previa ni grandes ambiciones en el Ayuntamiento, hace hoy cuatro años llegaron a ser concejales y que lo han hecho, desde la humildad y a corazón descubierto, lo mejor que han sabido y podido, dignificando el cargo.

Con ilusión y responsabilidad. Con vocación por mejorar sus ciudades o pueblos, teniendo claro que era una fase coyuntural en sus vidas, que venían con propósito de enmienda para servir durante un periodo concreto a sus gentes: su idea era hacer un Ayuntamiento más cercano, justo, integrador y transparente.

He tenido la suerte de conocer a muchas de estas personas durante este ciclo político que concluye, concejales de diversas formaciones con distinta forma de ser y de entender su función pública. Hay un linaje que admiro especialmente; los que sabían que su etapa era de tan solo cuatro años, que no querían perpetuarse y volverían a la militancia o a al activismo en otros ámbitos. Son esos concejales y concejalas de tránsito breve pero intenso a los que hago referencia, los que llegaron para aportar con ilusión, que nunca utilizaron la institución a su antojo ni robaron un sólo euro, que apostaron por el bien común, durmieron mal y poco, se pelearon demasiado, envejecieron mucho en un tiempo breve y que, con sus más y sus menos, salvaron una legislatura digna y honrada.

Aportaron aire fresco y un sano reciclaje en instituciones trasnochadas con horribles vicios. Hoy se abre otra etapa; una de formas rudas, pulsos intensos, sonrisa impostada y corazón pequeño. La izquierda permanece, como no podía ser de otro modo, resabiada y dividida, la derecha feroz y envalentonada, pero las necesidades de nuestras gentes siguen y seguirán siendo las mismas: techo, comida, trabajo y dignidad. El poder seguirá siendo el oscuro objeto de deseo, eso no cambiará nunca.

Soy optimista: intuyo que el tiempo pondrá a estos concejales y concejalas que hoy se despiden en un lugar importante de nuestra memoria colectiva. Vinieron con una agenda bonita de ecologismo, transparencia, buenas prácticas, participación y feminismo. Sospecho que se les valorará con el paso de los años y sonreirán al recordar esta etapa. Al fin y al cabo forman parte de un periodo único de nuestras vidas, muy lejos de repetirse, el tiempo de la gente normal. Hubo un cambio ilusionante que nos duró poco. Pero mientras duró fue bonito y ocurrió gracias a ellos y ellas. Merecen un reconocimiento.

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Periodista. Codirector de La Réplica.
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