16 de octubre del 2019
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El fallecimiento de un rider de Glovo en accidente laboral y el juicio a Deliveroo esta misma semana, y un notable movimiento popular alrededor de los hechos, pone sobre la mesa los nuevos retos a los que la sociedad se enfrentan en la era del trabajo digital.

Esta neo-precariedad o precariedad geek aísla primero y somete después al trabajador en lo que de manera insana se ha llamado Economía colaborativa (que se ha traducido en colaboro yo, para que tú te enriquezcas). Pero detrás de la promesa innovadora, se esconden fuertes condiciones de subordinación, ausencia de tejido sindical y escasos derechos laborales.

Es, por tanto, imprescindible, avanzar en la búsqueda de esos derechos por todas las vías disponibles. Entre ellas, las manifestaciones públicas, el fragor de la calle, el apoyo sindical y la actividad política institucional. Porque mientras todo siga igual, los accidentes mortales seguirán existiendo y las condiciones de precariedad que afectan a miles de personas en todo el mundo también. La economía de plataformas digitales que se nutren de «colaboradores» están contribuyendo a la desigualdad, concentrando la riqueza en CEOs e inversores a costa de un volumen grotesco de clase precaria. Las primeras reacciones de la clases populares, ya están sucediendo y es absurdo ignorar la problemática, porque sería posponer un asunto primordial en la sociedad del futuro.

El gobierno de Pedro Sánchez está en conversaciones con las asociaciones de startups para ejecutar una ley que se ha nombrado «Fomento del ecosistema startup», en la que se pretende reconocer la singularidad del emprendimiento tecnológico. Al margen de ayudar a las empresas tecnológicas en su proceso de desarrollo, el gobierno tiene mayor responsabilidad si cabe con todo lo que estas generen detrás. El contrato social de las empresas de la nueva tecnológica con sus empleados debe tener un marco de mínimos y ser regulado como tal. Si el capital trabajo es clave para crear unicornios (empresas valoradas en mil millones de dólares), habrá que respetar a quienes lo proporcionan. Las empresas como Glovo solo reaccionarán ante la amenaza judicial y económica, pero no se convertirán en promotores de mejorar las condiciones de empleabilidad. Será la lucha social y los gobiernos responsables, quienes puedan cambiar el paradigma.

A los nuevos emprendedores, cabe apelar a la denominada Responsabilidad Social Corporativa, creando líneas de compromiso que aludan a las condiciones laborales. En el debate público, se debe dejar clara una cosa. Un negocio que crea precariado y contribuye a la desigualdad y la explotación es un mal negocio. Un futuro mejor, será aquel cuyas empresas de base tecnológica cuiden y protejan a sus empleados. Solo entonces, podremos hablar de innovación con total autoridad.

La protesta de los riders de Glovo en Barcelona. AUTOR: Isaac Santana

Fotografías: Isaac Santana

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.

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