04 de abril del 2020
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“Los grandes hechos ocurren, como si dijéramos, dos veces en la historia: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Esta frase de Marx, cuyo rostro se proyecta dibujado en una nueva biografía, la de Sperber, cuya portada en la versión “Librería Laie” nos remite, vía web, a un muñeco del ilustre pensador que vende Amazon en 27 euros, queda incompleta desde el momento en que el comunismo, derrotado y caído el muro, se convierte en una mera estética, en un producto. Se trata de un tercer momento del hecho histórico que, como apunta y estudia Iván de la Nuez, en su “El comunista manifiesto”, supone una tercera posibilidad.

Caído el comunismo, el consumismo ocupa su lugar y el crítico se reinventa, esta vez como progresista o “antisistema”. Surgimos así los “progres”, figuras siempre cuestionadas; si en el exceso como “pijoprogres”, si en la carestía como “perroflautas”. No existe esa virtud del “progre” que logra situarse en el término medio entre capitalismo y comunismo, en el justo medio propio de la virtud aristotélica, sino que, para bien o para mal, los “progres” estamos llamados a caer en las garras del “mercado” para convertirnos en capitalistas o en personas carentes de recursos económicos (“progres” pobres).

Convertidos, así, en consumidores,  nos obligamos al consumo responsable, al negocio justo, al comercio de proximidad, a la banca ética… Necesitamos respirar aire no contaminado de neoliberalismo: totalitarismo refinado, más sibilino, más de tortura psicológica y gulag químico que de fusil y cámara de gas.

Espacios de participación, grupos políticos abiertos, asambleas ciudadanas o pensamiento crítico son conceptos que saboreamos con jovialidad, pues cada pequeño acto de rebeldía:  la lectura de un cuaderno de Antonio Gramsci (pequeña rebeldía con anterioridad a la nueva Ley de Seguridad Ciudadana) o la presencia en una manifestación a favor de la sanidad pública (pequeña rebeldía con anterioridad a la nueva Ley de Seguridad Ciudadana), nos hace sentir más libres, más humanos.

Particularmente, mi progresismo disfruta cuando se sumerge en librerías rebeldes del barrio de Gràcia o en la web de la “New Left Review”. Sin embargo, confieso, nada me ha hecho disfrutar tanto de los libros como mis frecuentes visitas a “La Central”. Nadie como Marta Ramoneda sabe qué libros necesita ver un “progre” para ser feliz por unas horas. Aquí te pongo una nueva traducción de una novela de Tolstoi (qué gran libertario era Lev), aquí una de Dostoievski (un precursor del existencialismo, un “progre” para su época), allí un “De Profundis”, de Oscar Wilde (ya sabes lo que pensamos de esa sociedad reaccionaria, de capitalismo clásico y explotación infantil, que a los genios condena a prisión por homosexualidad). Nadie como ella conoce los libros que un “progre” no quiere ni ver: ¿Ken Follett dice usted? ¡Búscale al señor un ejemplar Menganito! ¡Creo que hay una caja en el lavabo!

Imagen del Blog A-Cero

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A medida que avanzas por el pasillo de “La Central” de la Calle Mallorca, te vas dando cuenta de que en el mundo hay gente que piensa como tú, te sientes querido, Marta te lo transmite, “nosotros somos de los tuyos”. Te adentras en la sección de sociología e historia, Pablo Iglesias te mira desde la portada de su libro “Disputar la democracia”. Junto a él, David Harvey te ofrece las claves para entender “Das Kapital”. La casta está derrotada, nunca lo viste tan claro.

En el piso de arriba, en la sección de filosofía, los libros de Sartre y Foucault te proyectan al Mayo del 68. Tanta excitación ideológica te provoca hambre y sed. La cafetería, cerca de la sección infantil, estratégicamente situada para que te acuerdes, mientras comes un menú, de tus hijos o sobrinos, satisfará esa necesidad fisiológica, tan poco intelectual, que consiste en comer.

Cuando toca pagar, “La Central” también te hace sentir “progre”. Su tarjeta, que no ofrece ninguna ventaja con respecto a la de cualquier biblioteca municipal, te clasifica como cliente y, por consiguiente, te reviste de la aureola de hombre leído, culto y, sobre todo, “progre”.

Tengo que decir que el juego me gusta. Puestos a consumir libros qué mejor que hacerlo en una librería con la que crees compartir un cierto ideario. Y puestos a reírnos qué mejor que hacerlo de nosotros mismos. El marketing me parece muy logrado y resulta una opción más que respetable.

Todo gran hecho histórico también es susceptible de ser vivido dos veces: primero como “utopía”, después como “terror” (“Terror y Utopía”, de Karl Schlögel); y aún una tercera, como “cinismo” e “hipocresía”. Surge así el falso “progre”, más peligroso que los mercaderes de siempre. El falso “progre” es un enterrador de ilusiones, un azote de la justicia social, a la que dice defender al tiempo que asesta duros golpes a la equidad en su particular “microcosmos”. Sepulturero gris, desactiva “el cambio desde el cambio”, “la izquierda desde la izquierda”. Remite a muchos jóvenes al escepticismo ideológico, al abstencionismo, al “todos son iguales” con el que se finiquita el ochenta por ciento de las conversaciones políticas entre ciudadanos de a pie.

Surge así la otra cara de “La Central”, la de pasillos oscuros y empleados de rictus soviético. La que vende en nombre de la “emancipación”, del “feminismo”, de la “globalización desde abajo”, al tiempo que desactiva a sus trabajadores negándoles derechos laborales en nombre de la “Marca” independiente y de la liberación que proyectan defender (para hacer la revolución se precisa sacrificio, imagino que les dicen. Tus horas extras formarán parte de la “Enciclopedia de la Liberación”). Surge así una Marta Ramoneda victoriosa que nos vende, con jactancia, desde una entrevista en “Jot Down”, su éxito comercial. Lástima que en “Jot Down” los lectores son tenidos por algo más que por pasivos receptores de mensajes,  tantas veces vacíos de significado real, y escriben comentarios.

Lee los comentarios de la Revista Jot Down en este enlace.

Tras leerlos, yo acuso a los gerentes de “La Central” de haber incumplido los 10 mandamientos que, en coherencia, deberían regir la vida de un empresario librero que proyecta progresismo.

1-Respetarás a tus empleados.

2-No tomarás el nombre de la izquierda en vano.

3-Respetarás las jornadas laborales.

4-No matarás las ilusiones de los jóvenes que trabajan contigo. Los de la generación del precariado.

5-No robarás más pluvalía de la necesaria.

6-Serás honesto contigo mismo y con los demás.

7-No mentirás.

8-Regalarás un punto de libro distinto cada cierto tiempo.

9-No darás libros por dinero a tus empleados.

10-Y sobre todo, si no eres capaz de cumplir estos mandatos, SÉ HONESTO y sitúa los libros de Aznar en el escaparate (acepto Artur Mas como trasunto).

Tras leerlos,tras leer esos comentarios que destilan resentimiento, odio y, sobre todo, decepción, rompo mi tarjeta de “La Central”, esa que no sirve para nada, y me apunto el nombre de una interesante librería de mi barrio. Respiro aliviado, más libre y menos “progre” que nunca. Ya no me gusta ser “progre”, me vale simplemente con ser un hombre de izquierdas.

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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.
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    7 Réplicas

  1. Víctor L. Briones

    En su momento leí los comentarios y toda la polémica que se genero con el reportaje en Jot Down. Sonreí, porque me gusta que se desmonten una tras otras, tantas versiones oficiales que se ve a la legua que tienen más plástico y mercadotecnia que corazón.

    Cada uno que elija, yo también rompo el carnet… Buen artículo

  2. David Condis

    Gracias Víctor. Créeme si te digo que lo fácil es mirar hacia otro lado. En el mundo del libro algunos escritores lo llaman «equidistancia». Yo lo llamo estar a bien con el poder. Saludos y gracias por el comentario.

  3. Pingback: Cultura, desvergüenza y trepismo en España | La Réplica

  4. Pingback: El progre consumidor. Una decepción Central

  5. Ex trabajadora

    Como ex trabajadora de la Central, en la que estuve trabajando muchos años( varios de ellos tuve que necesitar ayuda psicológica ) me veo obligada, por cariño a mis compañeros y compañeras a desvelar la realidad sobre esta librería, maravillosa por fuera pero podrida por dentro:

    Los [email protected] de la librería la Central siguen siendo explotados, coaccionados y maltratados psicológicamente. Trabajan jornadas de 11 horas, tienen un descanso mínimo a pesar de la enorme carga de trabajo. Aguantan un trato vejatorio por parte de la gerencia. No saben a dónde va todo el dineral que facturan -puesto que a pesar de estar obligados a hacerlo- no se les presentan los informes de ventas. El Sr. Antonio Ramírez y la Sra Marta Ramoneda no se dignan a presentarse a las reuniones concertadas con los delegados sindicales.

    En general todos los [email protected] son gente muy formada y con un alto nivel cultural ( algo imprescindible para trabajar allí )De las dos categorías laborales, las mujeres ocupan el último lugar, cajeras o auxiliares de caja, allí pueden estar años mientras que los hombres suben directamente a planta a ser libreros y a cobrar más. No existe promoción interna; a pesar de la imagen tan progre que venden, estén en manos de un machista misógino que a veces llega incluso a hacer comentarios incómodos a sus trabajadoras.

    Me veo obligada a salir en defensa de mis ex compañeros, muchos de ellos amigos, después de lo último a lo que se están teniendo que enfrentar : trabajar más horas de las que establece el convenio por una nula gestión del departamento de RR.HH, no hablamos de un desajuste de un par de horas como el que puede tener cualquier empresa, no: hablamos de un excedente de 50, 60 y 100 horas de más trabajadas al año que La Central se niega a pagarles o a devolverles alegando una mala situación económica.

    Ojalá todo lo que empezó a salir a la luz en la Jot Down continúe y se sepa la verdad. Mientras, animo a editores, proveedores y sobre todo clientes que no sigan apoyando a este negocio de tiburones y de explotadores. Los trabajadores lo merecen.

    Un saludo y gracias

  6. David Condis

    Hola Extrabajadora:

    Esta semana los compañeros sacarán otro artículo mío sobre esta gente bastante indeseable. Te envío muchos ánimos y te agradecería que me comunicaras las situaciones que se han vivido allí para denunciarlas, si procede, a la Inspeccion de Trabajo y Seguridad Social.
    Dile a tus compañeros que hay un portal de denuncias anónimas.

    David Condis

  7. Trabajador Central

    Algo peor que el mobbing, el acoso laboral, los mini sueldos y aguantar que tu jefe te grite y te insulte : Ramirez y Ramoneda obligan a los empledos a ir a trabajar saltandose. La cuarentena, poniendo en peligro su vida y la de todos los demás.
    Donde podemos denunciar esto ???
    Muchas garacias6666

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