16 de mayo del 2021
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En una amplia conversación que mantuve con mi amigo José Mejías, hablábamos de las siglas políticas, su fuerza de arrastre y su sentido de pertenencia. Por entonces, Ganemos Jerez estaba ideándose y Podemos Jerez aún se pensaba si el proyecto de confluencia tenía algún sentido y si iba a concurrir a las elecciones. También lo pensaba Izquierda Unida, que a priori sentía más cercana al proceso. La fuerza de la marca y el último resultado electoral invitaba a aferrarse a las siglas de Podemos, desechar cualquier otra opción. Era sintomático que un partido con apenas tres meses de vida ya generara un notable apego entre sus simpatizantes. Aún lo hace y aún lo hará.

Decía yo, en esa misma conversación, que no imaginaba a tres miembros de las tres opciones políticas en una mesa sin estar de acuerdo en cuáles eran los problemas básicos de la sociedad española y cuál era el mejor camino para solucionarlos: El camino de la justicia social. Si la urgencia de los españoles era efectivamente una urgencia irremplazable, debía situarse por encima de las siglas, siendo secundaria la fórmula utilizada. Eso pensaba entonces y, a grosso modo, eso pienso ahora.

Y traigo esto a colación del artículo: ¿Es tiempo de Izquierda?, que inicia el debate en esta misma web.

AhoraEnComún

La pregunta lleva días en mi cabeza y, ciertamente, los matices son tantos que articular una opinión fundamentada se asemeja a realizar con éxito el cubo de Rubik, hay que poner cada cuadro en su lugar para que encaje. En primer lugar, diría que atendiendo a lo que la sociedad está demandando, es posible que gran parte de las soluciones a los problemas sociopolíticos del país pasen por medidas que suele proponer la izquierda. La justicia social que reduce desigualdades y propicia oportunidades a todos los habitantes es propia de las soluciones de la izquierda. En un contexto de crisis-estafa socioeconómica, donde gran parte de la población sufre sus consecuencias, muchos abogan por regresar a una zona cero, desde donde nos reconstruyamos con esmero.

Pero sucede que no son las únicas medidas que están sobre la mesa, si fuera así, Izquierda Unida sería probablemente la solución a nuestros males y, ciertamente, no lo es. La sociedad no necesita sólo medidas que reduzcan las desigualdades, también necesita medidas de regeneración institucional e higiene democrática, y ese punto no pertenece sólo a la izquierda. También pertenece a la centro-derecha española. Podemos y Ciudadanos, cada uno a su manera, han sido abanderados de esas medidas de regeneración, que Izquierda Unida no priorizaba y ha llevado a su programa un poco por inercia.

A esto debemos sumar el componente puramente ideológico de nuestra personalidad política, que aunque desplazada del primer plano por el contexto histórico, también nos define como tales. Y en esto, España no es mayoritariamente de izquierdas. En términos generales, aún queda mucho de esa España conservadora, católica y reacia a los cambios, que se enfada cuando pitan su himno. También hay una facción liberal en la sociedad. La lectura del lema de IU, “es tiempo de izquierda”, acierta en el camino, pero no en su presentación ni en su nomenclatura. La palabra Izquierda aún causa rechazo en gran parte del electorado, que no quiere corsés antiguos en un momento en que se siente traicionado por los actores que antaño se disputaron el tablero. La historia dice que, por sí sola, la Izquierda no ha sido capaz de aglutinar al grueso de la sociedad. Con una nomenclatura más integradora (que algunos podrían considerar ambigua o cobarde), las cosas se ven de otro modo. Palabras como “cambio”, “progreso” o “regeneración” ha ocupado el terreno comunitario y tienen más fuerza de arrastre. La sociedad entiende que necesita cohesión para salir del atolladero y penaliza divisiones históricas. Incluso la iniciática división entre casta y no casta con la que comenzó el discurso Podemos genera recelos y ha obligado a la formación morada a nutrir su programa y a hablar del cambio como un asunto de implicación colectiva.

Frente Cívico

Por supuesto, no sólo se trata de nomenclatura, una formación política de tantos años de antigüedad como IU, con un fuerte componente emocional en su militancia, ha sufrido un enorme desgaste. Gran parte de los militantes que construyeron su imaginario colectivo no quieren renunciar al pasado que representan las siglas, aunque la misma realidad les esté arrinconando. Por otro lado, el organigrama de la formación, los cargos acumulados y la economía de partido, juegan un factor importante, muy a tener en cuenta. Muchas familias y personas dependen del partido para vivir (más aún en tiempo de crisis). Los intereses económicos no son un asunto exclusivo de la derecha española. De alguna manera, mantener los puestos es mantener un salvoconducto hacia la salvación en esta desgraciada etapa histórica, y hay quien se mueve con más miedo que valentía. Esto tiene que ver mucho con la crisis de Izquierda Unida en Madrid, el apoltronamiento de los dinosaurios del partido y su resistencia al cambio. Y no falla, en los lugares donde Izquierda Unida ha presentado más síntomas de corruptelas e intereses personales, más perjudicados han salido. Donde se percibe acción contra la urgencia social, mejor.

Y con esto finalizo, en tiempos donde la necesidad de cambio parece ser percibida por la mayoría social, la concentración de activos tanto a nivel grupal (las Mareas y confluencias) como a nivel individual (Colau-Carmena-Oltra) será esencial en la palanca de cambio. No me resisto a imaginar qué hubiera sucedido en Jerez si los 5 ediles de Ganemos y los 2 de Izquierda Unida –más el eco que podría atraer a los movimientos sociales- hubieran concurrido juntos a las elecciones municipales. O qué sucedería de tener a Alberto Garzón como una gran cabeza visible en una candidatura de confluencia. No sé cuál es el formato ideal, pero ni Podemos puede sólo, ni Izquierda Unida debería enrocarse, sino procurar entre ambos un efecto llamada que sirva de acordeón: concentrarse ahora, para desplegar todas sus ideas después.

 

The following two tabs change content below.
Javier López Menacho
Escritor. Comunicación digital. Sus cinco libros: Yo, precario, Hijos del Sur, SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital, El profeta y Yo, charnego. Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, cofundó La Réplica, periodismo incómodo.
Tags: , , , , , , , ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies