15 de julio del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Pasado el shock de la irrupción de la ultraderecha en el parlamento andaluz, solo queda levantarse y actuar. Centenares de textos se han escrito sobre las causas y efectos del invaticinable ascenso. La ultraderecha parece ascender como una burda respuesta a tres fenómenos sociales distintos: el más obvio de ellos es el conflicto catalán, el mismo que sacó del armario una bandera, la española, que no se exhibía más allá de los partidos de la selección nacional (de fútbol) y que hoy perdura, descolorida y trasnochada, en numerosos balcones de nuestros barrios. Sigue la crisis en Cataluña, permanece el patriotismo de pandereta. La ultraderecha también es una réplica hipertestosteronizada del auge feminista y ese 8M que amenazó (y amenaza) a las estructuras patriarcales más obsoletas y tradicionalistas. Hombres heridos en su malentendida masculinidad que no soportan un trato igualitario en los espacios comunes, gente que se fue poco a poco escorando hacia la derecha conforme se discutía su status quo. Como tercer leitmotiv, aparecen aquellas personas desinformadas que compran el discurso xenófobo y entienden la inmigración como un lastre para sus oportunidades en la vida. “Primero los de aquí”, vociferan. Utilizan atajos discursivos de difícil réplica y enorme capacidad de adhesión.

El triángulo Cataluña-feminismo-inmigración, aderezado de la complicidad de los cuerpos de seguridad del Estado, más una trascendente y brutal dosis de ‘fake news’ (¿financiadas?) y esos miles de memes-fachas pululando por los whatsapp de nuestras familias, han volcado el tablero hacia la derecha, tendencia que puede traer consecuencias nefastas a nivel legislativo, y en concreto, restricciones severas en nuestros derechos básicos y libertades.

¿Cómo dar una respuesta social, firme y útil al actual panorama de cara a los comicios municipales y europeos del próximo mes de mayo? Ojalá fuera una cuestión sencilla, pero desafortunadamente no existen alternativas infalibles, y menos para una demanda a corto plazo. Ni hay respuestas inminentes ni parece que vaya a cambiar mucho la fotografía actual de aquí a mayo.

La izquierda, aún desorientada tras el mazazo, nuevamente fragmentada, con síntomas de frustración y escaso margen de maniobra, tendrá que hacer un (nuevo) esfuerzo (extra) para recuperar el voto perdido y movilizar a sus bases. Será indispensable la unidad. En Grecia la izquierda discutió los espacios sociales al populismo de ultraderecha; las escuelas y los centros de barrio fueron un espacio de resistencia democrática. Consistía en explicar bien qué son, qué quieren y cómo se multiplican.

Por otro lado, los socioliberales, cuyo papel es tremendamente complejo dentro del puzle, precisan recuperar al abstencionista renegado.

La clave, por tanto, vuelve a ser levantar a la gente de sus asientos el día de las votaciones, pero no sólo para ganar unas elecciones a la derecha, sino para comenzar una nueva etapa que reubique a la justicia social en el centro del debate y combata el relato neofascista.

Quizás el temor a la ultraderecha y los fantasmas del pasado llamen a la gente a votar, ojalá así sea. Recordemos que la ultraderecha se mueve como pez en el agua en situaciones de hastío, abstención, descrédito político y crispación social. El abstencionismo es una de sus bazas electorales.

Solo se podrá desviar el foco hacia terrenos templados y constructivos alejándonos a ritmo acelerado de la gresca y el ruido, siempre desde la pedagogía política y discursiva, implantando tejido social, pero… ¿se puede transformar algo sin tiempo y en apenas cinco meses? Ese es el reto. Y un reto por definición es un “objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta”. Se avecinan tiempos duros que requieren generosidad, talla política y altura de miras. Nos jugamos mucho. Quizá el primer paso para la remontada sea ser conscientes de la importancia de cada gesto.

* Fotos: elboletin.com, Diagonal (Eneko), la Vanguardia, Ciempozuelos antifascista

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Periodista. Codirector de La Réplica.
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    Una Réplica

  1. Miguel Arenas Gómez

    Creo que Saramago ya explicó de forma brillante cuál es el problema en «Ensayo sobre la ceguera». La abstención siempre favorece a las derechas, ya que ellos no dejan nunca de votar.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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