29 de noviembre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La Transición se construyó sobre las cenizas del régimen franquista y la convirtieron en mito. Todo cambió para que todo continuara igual. Y comenzó la fabulación. Érase una vez una Transición pacífica. Y su pacifismo y consenso trajo a papi y a mami la democracia. La cara B del cuento estuvo silenciada eso sí. Conllevó la muerte por violencia política de origen estatal de centenares de personas. Víctimas ocultas, no oficiales, víctimas que no constan en ningún órgano institucional que las reconozca como tales.

Historiadores como Sophie Baby o Xavier Casals así lo han estudiado, investigado y puesto en contexto sin ideología que subjetive la hipótesis de que las víctimas mortales, heridos y torturados fueron lo que fueron: víctimas de la violencia de origen estatal. Y que la violencia, el miedo, las cloacas del Estado y el chantaje fueron elementos tan determinantes como lo fue el abrazo del oso de las Cortes al Partido Comunista de España en la consecución de la democracia. Estas víctimas no constan en ningún registro oficial. Ni siquiera en ciertas asociaciones de víctimas de terrorismo. Están en un limbo. Como todas aquellas que permanecen en fosas y cunetas a cuenta de la represión franquista.

De aquellos barros estos lodos y es que la tradición o manía por ocultar la mierda debajo de la alfombra tiene continuación. Pongamos que hablamos de las asociaciones que quieren llegar hasta el final de las investigaciones de dicha violencia estatal: directamente, son ignoradas. La última prueba son las trabas a constituir y aprobar una comisión de investigación efectiva y real de los atentados de agosto de 2017 en Catalunya. De ello, Roberto Manrique, víctima del atentado de Hipercor y asesor de las víctimas de agosto de 2017, puede hablar y mucho. Pero no le dejan. Se topa con lo mismo de siempre. Él y un equipo de profesionales, desde la Unidad de Atención y Valoración a Afectados por Terrorismo (UAVAT) ayudan a víctimas que si actuaran solas saben que ciertas barreras administrativas simplemente, no se abrirían. Como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: el pasado 31 de agosto denunció que TVE ignoró completamente a las víctimas del franquismo en el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Son los efectos del blindaje de la Purísima Constitución y la Ley de Amnistía de 1977. Y producto de esa cultura de tapar la mierda de las cloacas del Estado pues tampoco no ha lugar a comisiones de la verdad de los atentados de agosto de 2017, no ha lugar a abrir fosas, no ha lugar a identificar la fosa donde yacen los restos de Federico García Lorca. No ha lugar a cualquier elemento que contravenga al Régimen del 78. Con la ley se puede llegar lejos. Pero con la ley y una pistola mucho más, como diría Robert de Niro en “The Untouchables”.

La fuerza de este mito y fabulación denota una fuerza descomunal. Dieron lugar a un idilio. El idilio de todos los españoles bajo una única bandera, una única patria cuyo motor del consenso y el diálogo ha sostenido por un tiempo una mentira. La mentira ha tenido por altavoces medios de comunicación obedientes que obviaron asesinatos, operaciones de bandera blanca y miraban para otro lado cuando los heraldos y guardianes de la unidad de España y su Transición “pacífica” veían una amenaza para su status. El status de quienes cambiaron de régimen pero seguían asegurándose sus privilegios. Un simple cambio de cromos en el mercat de Sant Antoni. Diferentes cromos. Pero mismo álbum.

Mito, fábula e idilio. Una gran fábrica siderúrgica. Con una bonita fachada. Y mejor semántica. A la que se le empiezan a caer las chapas. Oxidadas. Ahora quieren aplicar minio de plomo para evitar la propagación de óxido. Pero es tarde. El plomo ya no es la solución. Plata o plomo. A través del óxido roto y rajado que puede provocar el tétanos ya nadie se atreve a tocarlo. Pero a través de esas rendijas oxidadas se traslucen las tuberías del sistema, también oxidadas y podridas. El mito y la fábula se descomponen. Y el idilio se deshace. Cuando el paro, el virus y la porra entra por la puerta el idilio se va por la ventana.

Y es que el agua del río de Heráclito no es siempre la misma. La corriente de los tiempos, los virus, la conciencia, la tecnología o la perspectiva del paso del tiempo pasan como un rodillo por encima de una receta cuyo potaje de unidad, consenso y diálogo es una olla a presión que ha explotado. Todo ha saltado por los aires. Y el aire huele mal. Muy mal. El efecto tóxico de guardias civiles y policías aleccionados desde la brutalidad aporreando a civiles el 1 de Octubre de 2017 quedará para siempre en la memoria de millones de catalanes que jamás perdonaran aquello (ni tampoco a los que desde la equidistancia callaron ante tamaña vergüenza). La división de una sociedad se establece primero por los efectos directos de quien ejerce la violencia física (primero de antropología). Y de porras en Catalunya los demócratas que son legión saben mucho. Y no olvidan. En San Fermín tampoco. O en Vitoria. O el movimiento libertario, cuyo doctorado en persecución política está todavía por escribir.

Existen miles de víctimas y de familiares esperando explicación de la violencia de Estado. Y…Martín Villa ¿tuvo algo que ver en todo aquello? Vitoria 76, San Fermín 78, Caso Scala 78. Políticamente era responsable de la actuación de una policía que todavía no había sido depurada (de hecho nunca lo fue). Tiene una oportunidad ante la juez Servini. Podrá explicarse. Cosa que no le han permitido hasta ahora, al menos en la justicia española. Porque a la justicia se le presupone que testigos, acusados, implicados, investigados hablen y se expliquen con total libertad. Y el rey emérito ¿de qué huye? ¿Habrá detectado que la tubería principal del Régimen del 78 padece de un aneurisma a punto de reventar? ¿O ya no tiene el apoyo de sus entrañables colegas los jeques árabes?

El Rey, símbolo y héroe de la Transición y uno de los CEO’s de aquella empresa fue Martín Villa. Ambos, están en el ojo del huracán. Cuestionados. Vigilados. Aunque arropados por sus secuaces, partidos políticos, expresidentes o exsindicalistas. Aunque la justicia haya gripado. Y la economía esté a punto de hacerlo. Todo pende de un hilo. Dos de los principales personajes de aquel relato se les pide ahora que no se leyeron bien el guión. Pero…¿qué guión? ¿Hubo guionista? ¿Quién los ha sacado del guión? ¿Y de qué iba el guión? ¿De una serie? ¿O sólo de una de las sus temporadas? ¿O de algún capítulo?

Las reacciones sobre el cartel de «Patria» de la HBO nos da la clave sobre el problema social que tenemos herencia de la Transición

El caso es que a los dos no los veo en su papel. Ahora obran diferente como hacían tiempo atrás. El Saturno de la Historia los ha puesto a los pies de los caballos. Ahora Rey y Martín Villa actúan motivados por la reacción. Acción-Reacción. Actúan a contrapié, aparentemente. Y el resto de mortales hemos vivido hasta ahora acunados en los brazos del Morfeo de la Transición que tan dulcemente nos tarareaba la nana del consenso (duérmete obrero duérmete ya, que viene el coco y te comerá). Ahora hemos descubierto que la nana era una cinta de casete regrabada que se nos ha liado por culpa de un virus y unas urnas que ni estaban ni se las esperaban. Una cinta que parecía atada y bien atada. Pero no. Se ha desatado. Que le hemos dado la vuelta a la cinta y ahora suena al revés. Y lo que suena es más temible que escuchar una canción de Black Sabbath al revés.

Toda serie llega a su fin. Y alargar como un chicle una serie tiene sus inconvenientes. ¿Cómo acabará? Una pista: las reacciones sobre el cartel de la serie “Patria” de HBO nos da la clave sobre el problema social que tenemos herencia de la Transición. Las víctimas del franquismo, del terrorismo, de las cloacas del Estado y en general de la violencia de corte político trascienden cualquier debate identitario, político o ideológico. Merecen un respeto. Y en ello la transparencia, la solidaridad, el humanismo y la democracia han de ser – como demuestra la Historia – los únicos elementos que las acompañen. Sin ellos, no entendería la consolidación de un Estado de derecho real y efectivo, al que quizás estemos más cerca de ello de lo que creamos. Pero dejar atrás el hábito y los vicios y las estructuras inamovibles, por simple que sea, es el cambio más difícil de todos.

Y de todo eso va este año: las antiguas estructuras se derrumban casi sin intervención de la mano humana. La pregunta es si ¿hemos tocado fondo?

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Jesús Sánchez Tenedor

Historiador. Documentalista. Licenciado en Historia del Arte (UB) y en Documentación (UOC) Máster en Estudios Históricos (UB). Tesina sobre "Violencia política en la Transición". Entabla a diario estrechas relaciones con los documentos en los archivos: cuentan cosas que la ficción envidia. La Historia es su ideología. Su hábitat mental es el extrarradio. Su pasado también: Prefiere escuchar, ya que es un arma de sabiduría masiva. El problema es que en las raras ocasiones en que habla, arranca y no para y Fidel Castro parece un aficionado a su lado. Por eso casi nadie le escucha y prefiere tener la razón de los locos que ser un loco de la razón. Fascinado por la Transición, prepara un libro sobre su gran agujero negro: el Caso Scala.
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