06 de diciembre del 2019
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Con todavía todo por decidir y la prueba del algodón a la vuelta de la esquina en forma de elecciones autonómicas y provinciales, hay un hecho irrefutable: parece que la gasolina de Podemos comienza a escasear. Las encuestas arrojan el estancamiento de la plataforma de Pablo Iglesias, a la vez que un ligero repunte del bipartidismo y un acuciante aumento de la nueva derecha de Albert Rivera. ¿Pero a qué se debe esta pérdida de caudal en las hasta el momento rápidas aguas de Podemos?

El caso Monedero

El profesor Juan Carlos Monedero, habiendo sido pieza fundamental de la causa y conformación de la plataforma morada y miembro del tridente que la gestaría, es y ha sido una chinita en el zapato a la hora de bucear en busca de votos en el insondable mar de la centralidad. “Es muy radical” o “demasiado hostil”, son expresiones que se escuchan entre la gente de a pie. Lo cierto es que Monedero realizaba una encomiable labor pedagógica en cada mitin, en cada entrevista, en cada tertulia. Elevando el nivel intelectual de los ponentes y sin dejar de azuzar y señalar directamente enemigo, es capaz de elaborar un discurso fundamentado en análisis maduros y repletos de referencias culturales que son transmitidos con términos sencillos y llanos que llegan a todo el mundo, a veces inclusive con anécdotas y chascarrillos. Pero Juan Carlos tiene alma de intelectual, no de político, a los medios les ha sobrado con algunas de sus proclamas menos comedidas para incendiar las almenaras alertando a las masas de esa “radicalidad” que anida en las filas de Podemos. De algún modo y salvando las distancias –que son considerables-  la conducta que ha encumbrado entre las masas a Arturo Pérez-Reverte ha hundido a Juan Carlos, parece que la irreverencia se tolera y se aplaude desde la tribuna de la crítica, pero no desde la tribuna de aquellos que planean construir.

Monedero

Monedero, en el centro de la polémica, dice sentirse liberado.

La vinculación de Monedero con la Venezuela de Chávez ha sido otro filón mediático que se ha salvado sólo parcialmente. Se requiere un trabajo profundo, extenuante y contrahegemónico sólo para abordar un tema que, en cualquier caso, desvía la atención del electorado de las cuestiones programáticas y de mayor relevancia. Una batalla perdida de antemano.

Tal persecución –y no exagero haciendo uso del término, recordemos las difamaciones sobre sobre su currículum que resultaron en agua de borrajas-, dio finalmente con un objetivo lapidario al aflorar su encontronazo con el fisco. Cierto que el caso se ha magnificado al compararlo con las tramas de corrupción dignas de la mafia siciliana que operan entre el Partido Popular, cierto también que todo pudo deberse a un mal asesoramiento fiscal por parte de Monedero y que no hay nada absolutamente ilegal en el proceso, y cierto por último que si Montoro no hubiera utilizado con fines políticos la información de Hacienda seguramente a Monedero le habría llegado un aviso y hubiera puesto sus cuentas al día sin mayor trascendencia; pero la liebre saltó, y el animal puso todo patas arriba. Es imposible que para quienes apoyamos a la plataforma y conjugamos con las ideas de Monedero no quede cierto poso, cierto regusto a rancio. No hay nada ilegal en todo ello, pero desde luego no es lo más moral cuando se propugnan ciertas ideas. Sea como fuere por todas estas razones uno de los miembros más brillantes del equipo de Podemos ha tenido que salir por la puerta trasera.

El inmovilismo ante la incertidumbre.

A nadie que lea estas líneas se le escapará que vivimos en una sociedad alienada, que la mayoría de jóvenes no ostentan espíritu crítico ni una ideología fundamentada en una base teórica sólida. La crisis y el 15-M cambiaron este hecho, pero sólo parcialmente. Porque el cabreo y la frustración llevan a preguntarse ciertas cosas, a moverse, a tomar conciencia de aquello que ocurre a tu alrededor y de las causas que lo motivan. Por eso hoy tenemos una masa crítica mayor que hace unos años y que puede ser un eje fundamental del cambio que se avecine; pero ciertas etapas no se pueden quemar con tanta premura, y otros muchos individuos que han vociferado en pro de un cambio optarán finalmente por el conservadurismo una vez llegadas las elecciones. Sin ideología ni la base que comentábamos el cabreo inicial pasa y queda la incertidumbre, el voto nos quema en la mano, y acabamos encomendándonos al “en realidad no estamos tan mal”, o el “todos son iguales”, consecuencia que beneficia directamente al bipartidismo y muy posiblemente a Ciudadanos, partido que ofrece más de lo mismo pero al menos con caras nuevas, es decir, es el castigo a los gobernantes por parte de aquellos que no alcanzan a comprender que el problema reside en los entresijos del sistema y no el gobierno, que en todo caso es títere de los poderes y capitales supranacionales.

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La invalidación de una nueva dialéctica.

No es casualidad que Podemos provenga de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, de gente que tiene su germen en la izquierda y que ha dedicado buena parte de su vida a estudiar los mecanismos por los cuales el sistema capitalista ha enterrado sistemáticamente cualquier alternativa por esta vía, e incluso a combatirlos activamente creando contrahemegonía mediática. Como hemos dicho en otros artículos la guerra se ha perdido, salgan ustedes a las calles y ondeen una bandera de iconografía marxista, hablen con la gente de a pie, pregúntenles qué les sugiere. Ni la política con la mejor de las diagnosis tiene utilidad si es incapaz de llegar a la gente. Conscientes de todo ello, los impulsores de Podemos se lanzaron a una hercúlea empresa: la de crear una nueva dialéctica, un nuevo discurso. Había que despojarse de todo símbolo y de los ahora ineficaces métodos de lucha anteriores, se debía elaborar algo nuevo, algo inmaculado y virgen en la conciencia colectiva que llegase incluso a aquel trabajador que es de izquierdas aún sin saberlo, que rechaza ciertos símbolos pero que cuando se le habla de sanidad pública o de enseñanza pública es consciente de lo que desea y se muestra receptivo. Aunque cabe decir que esta táctica conlleva también numerosos peligros y ha sido criticada no sin razón desde buena parte de la izquierda, pues cierto vaciamiento ideológico puede conllevar una bolsa de votos muy inestable y volátil por lo señalado en el punto anterior.

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Fotografia: Eldiario.es

En cualquier caso, Podemos subió como la espuma, nadie vaticinó tan repentino ascenso. Pero he aquí que el sistema deja de ver por el rabillo del ojo a un fenómeno que hasta entonces consideraba poco menos que marginal y centra su potente maquinaria en invalidar esta nueva estrategia: “usemos nuestro monstruoso poder mediático para cargar nuevamente de connotaciones negativas este nuevo discurso”. Dicho y hecho. En esta guerra no importa la veracidad de la información, sólo la saturación, es la búsqueda de que ciertos conceptos queden asociados por mera reiteración en la opinión popular. Quizás nunca antes los españoles habían oído tantas noticias sobre Venezuela en televisión, se le ha dedicado más espacio en ocasiones que a la situación de nuestro propio país. Y comienza a dar frutos, personas que no saben qué propone Podemos pero “no quieren una República Bolivariana” en nuestro país, o votar a gente que “se financia gracias a la dictadura de Venezuela”.  Es la misma práctica que a menor escala y con menos medios está usando Esperanza Aguirre contra Manuela Carmena, lanzando difamaciones de la más diversa índole y sin ningún tipo de fundamento, porque aunque a posteriori se desmientan, logra encauzar cuanto menos parcialmente las opiniones de aquellas personas que no buscan contrastar información y que terminan pensando que “si tanto suena, es que algo de cierto habrá”.

No me atrevo a elucubrar con cómo terminará este proceso, es incluso posible que un exceso de carga mediática difamatoria lleve a la gente nuevamente al cabreo y al desencanto con los medios y llegue a beneficiar a Podemos. En cualquier caso, un mal resultado en las elecciones que se avecinan llevaría a la nueva plataforma pese a su corto periodo de vida a tener que repensarse a sí misma. En la mano de todos nosotros está crear contrahegemonía, no tenemos medios pero sí el boca a boca, Internet, nuestra dialéctica y nuestras férreas convicciones acompañadas de un sentimiento esperanzador de que un cambio es posible. Utilicémonos para friccionar y desgastar el discurso oficial, para encauzar otro modelo de país y de economía en favor de los intereses de la mayoría, que no nos venza el pesimismo.

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Mario Siles García

Ingeniero, escritor, pintor por hobbie y activista por necesidad. En definitiva, un hombre renacentista que aúlla desubicado en plena era de la especialización.
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    Una Réplica

  1. Félix

    Me ha encantado!
    trístemente hay pocas personas en España con la inteligencia suficiente para darse cuenta de todo esto que describes.
    Lo peor de C’s es que vuelve el juego de la derecha y la izquierda y se salva el PSOE por no tener que hacer la gran coalición.
    Mientras exista el PSOE nada cambiará.
    Creí que tras el 15m a todo el mundo le quedó claro eso de PSOE PP la misma m.erda es, pero me equivoqué.
    Se cumple aquello de que «el mejor argumento contra la democracia es hablar 5 minutos con el votante medio»

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