20 de octubre del 2020
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De entre la marea de propuestas editoriales que han llegado los últimos años a las librerías con temáticas feministas, si hay un libro que ha profundizado con tino sobre la experiencia de la maternidad, ese es «Mama desobediente» de Esther Vivas (Capitan Swing, 2019). El libro va ya por su cuarta edición en castellano, acumula tres en Catalá (con Ara Llibres), y se va abriendo paso en el continente sudamericano.

No es casualidad, muchos libros que aúnan maternidad y feminismo se quedan en una visión superficial de la experiencia, produciéndose una romantización de la misma. La obra de Vivas es ambiciosa y meritoria, y ofrece una mirada alternativa en clave feminista a la maternidad muy bien documentada, con pinceladas autobiográficas y un marcado acento reivindicativo y político.

Nos expone, por así decirlo, todos los ámbitos de mejora que la sociedad tiene con las mujeres al abordar la socialización de la maternidad. Desde la mercantilización de los cuerpos de las mujeres, la invisibilización política, pasando por la ausencia de sensibilidad, la mirada médicopatriarcal del sector salud o el paternalismo rampante en todo el proceso de embarazo, parto y postparto. Charlamos con la autora a raíz de un ensayo con vocación transformadora.

¿Qué te llevó a escribir un ensayo tan ambicioso, que aborda buena parte de los temas a discutir en torno a la maternidad?

Lo que me llevó a escribir el libro fue el hecho de tomar conciencia de cómo una experiencia tan central en la vida de muchas mujeres no solo era invisible a nivel social y político, sino en el seno del conjunto de los movimientos sociales que aspiran a cambiar el actual orden de cosas. Y este silencio, en el marco de una sociedad patriarcal y capitalista, facilita que se den situaciones de abuso. La normalización de la violencia obstétrica es seguramente el mejor ejemplo.

Comentas en tu libro que la maternidad está en disputa. ¿Quiénes la están disputando y por qué?

Sí, en el libro afirmo que la maternidad es un campo en disputa porque ante el discurso hegemónico, conservador y liberal, que nos habla de una maternidad única, esa «madre perfecta», que es sumisa, que es abnegada y que es eficiente, hay que reivindicar la maternidad real, la mamá que se equivoca, esa que no llega a todo, que vive en una ambivalencia constante, y reivindicar también esa maternidad feminista, que quiere decidir sobre su embarazo, su parto y su lactancia, que quiere decidir, en definitiva, sobre su cuerpo. Hay que reclamar el carácter político de la maternidad.

Sabemos qué es ser buena madre para el sistema, ¿existen las buenas madres para Esther Vivas?

Creo que hay que dejar de juzgar a las madres. Las madres lo que necesitamos es que se nos reconozca como sujetos activos, con capacidad de decisión. Desde que nos quedamos embarazadas hasta que damos a luz, a las mujeres se nos infantiliza, se nos trata con paternalismo, se nos hace creer que no sabemos parir o dar de mamar. Todo esto es resultado de una sociedad patriarcal que ha utilizado la maternidad como instrumento para controlar la vida de las mujeres. La alternativa a esta maternidad patriarcal es una maternidad feminista y desobediente.

Últimamente se ha discutido en los medios sobre las mujeres que no tienen medios ni opciones para ser madre (aquí mismo lo abordamos reseñando El vientre vacío, de Noemí López Trujillo), pero tú también reflexionas acerca del derecho a rendirse o simplemente del derecho a no ser madre.

La maternidad debe ser una elección. Sin embargo, la paradoja es que hoy cuando las mujeres podemos decidir si somos madres, que tenemos acceso a métodos anticonceptivos, topamos con más dificultades que nunca para quedarnos embarazadas o para tener el número de criaturas que deseamos. La edad de la primera maternidad en España es la mas alta de todo el mundo, se sitúa en más de 32 años. Y la media de criaturas que tenemos desciende anualmente. Todo esto se debe a que la crisis económica y ambiental han impactado de lleno en la fecundidad humana. Si no llegas a final de mes o si no puedes pagarte una vivienda, difícilmente te plantearás tener hijos. Y si pospones la maternidad hasta pasados los 35, tal vez tengas más dificultades para lograr un embarazo, porque a partir de esta edad la tasa de fertilidad femenina empieza a descender. Cada vez también hay más personas con problemas de infertilidad debido a la exposición a tóxicos ambientales y a un ritmo de vida estresante. Al final, ¿quién podrá tener criaturas? Aquellos que económicamente se lo puedan permitir o que puedan pagar unos tratamientos de reproducción asistida clarísimos.

Aseguras que la mujer se encuentra en mitad del sistema patriarcal, que ansía una mujer en casa dedicándose a los cuidados, y el sistema capitalista, que apuesta por la individualización extrema, negando la posibilidad de una crianza con recursos. ¿Cómo se sale de este emparedado?

Tomando conciencia de que el ideal materno que nos venden no es neutral, y que responde a los intereses de un sistema patriarcal que quiere una crianza relegada al hogar y a cargo en exclusiva de las mujeres y a los intereses de un sistema capitalista que supedita el cuidado al mercado de trabajo. Así las mujeres con criaturas a cargo tenemos que ser madres sumisas y empleadas entregadas. Nada de esto tiene en cuenta la experiencia materna real. En consecuencia, toca desobedecer a esta imposición y reivindicar la importancia de la maternidad. ¿Qué haríamos sin mujeres que gestasen, pariesen y diesen de mamar? No se trata de idealizar esta experiencia, cada mujer la vivirá de una manera muy distinta, pero sí reivindicar su centralidad política, y señalar que la crianza es responsabilidad de todos.

Pese a que, en el capítulo Un destino ineludible, realizas un repaso histórico de las opresiones y conquistas de la mujer en cuanto a la maternidad, el presente sigue poblado de trampas, con la existencia de un feminismo liberal progresista que expulsa la lucha de clases de la ecuación de la nueva maternidad.

La maternidad está atravesada por una cuestión de clase social. ¿Qué mujeres pueden tomarse, si lo desean, una excedencia pasadas las 16 míseras semanas de permiso por maternidad? ¿Qué madres pueden dar el pecho en exclusiva hasta los 6 meses como recomiendan todas las instancias de salud? Pues las mujeres de clase media, con recursos económicos a su alcance. Aquellas más pobres no tienen tal opción. De aquí que sea imprescindible exigir unas políticas públicas que garanticen un permiso de maternidad mucho más extenso que el actual, en beneficio de madres y bebés. Solo así el derecho a estar con nuestra criatura y darle el pecho en exclusiva hasta al menos los 6 meses será accesible a todas, y no el privilegio de algunas. Con esto no cuestiono a aquellas madres que no lo quieren hacer así, pero las que sí lo desean deben tener está opción.

Comentas que existe un saber técnico-médico-mercantil que aún domina el terreno de la maternidad (pone como ejemplos la fecundación, las leches artificiales o las clínicas que ofrecen servicios de todo tipo), ¿cómo se combate esta mercantilización?

La experiencia materna no escapa a la lógica mercantilizadora del capitalismo. Sin embargo en un contexto favorable al cuidado, desde una perspectiva feminista y emancipadora, la maternidad no necesitaría de dicho saber técnico-médico-mercantil, como tu decías, y yo añadiría patriarcal. El problema no es la maternidad, el problema es una sociedad que da la espalda a la vulnerabilidad y a la dependencia.

Os han robado el parto, dices en uno de los capítulos del libro. ¿Es la deconstrucción de ese marco histórico uno de los retos futuros del feminismo? ¿Qué importancia le adjudicas a esta lucha?

Cómo las mujeres damos a luz dice mucho de la sociedad en qué vivimos. Las mujeres, en la gran mayoría de los casos, parimos inmóviles, sin poder decidir, infantilizadas, a menudo violentadas. Las criaturas cada vez más nacen en horario laboral, de lunes a viernes, con partos inducidos o cesáreas programadas, algo que responde a los intereses de la sector sanitario, pero no respeta la fisiología del nacimiento. El patriarcado y el capitalismo han secuestrado el parto, y esto tiene consecuencias muy negativas, tanto físicas como psicológicas, para madres y bebés. El feminismo debe de incorporar la defensa del parto respetado a su agenda política.

Llama la atención el momento del libro donde hablas de que la mística de la crianza viene tradicionalmente asociada a sectores conservadores. ¿Es otra de las trampas del patriarcado? ¿Cómo se equilibra el tener una crianza alternativa con no caer en una posición prefijada?

Si bien es cierto que las propuestas de la crianza con apego tienen sus orígenes en un entorno conservador, el pediatra William Sears es un ejemplo, la gran mayoría de quienes hoy se identifican con estas prácticas lo hacen desde posiciones progresistas, que buscan dar a la experiencia materna un carácter político y colectivo, y se oponen a un modelo de crianza hegemónico deshumanizado, tecnificado y supeditado al empleo. Sin embargo, no creo que se trate tanto de poner etiquetas, sino de señalar la importancia del cuidado, que es responsabilidad tanto de mujeres como de hombres, y poner en el centro las necesidades de madres y bebés, reivindicándolas como derechos, es decir derecho a un parto respetado, derecho a dar y a tomar la teta, etc.

Fotografía: Esther Vivas

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Javier López Menacho
Escritor. Comunicación digital. Sus cinco libros: Yo, precario, Hijos del Sur, SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital, El profeta y Yo, charnego. Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, cofundó La Réplica, periodismo incómodo.

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