21 de noviembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Vivimos tiempos muy oscuros.

Tiempos donde la intolerancia y el odio ha calado en la sociedad. Nos hemos vuelto más narcisistas, más egocéntricos, más desconfiados y más intolerantes.

De la promesa de prosperidad de la segunda parte del siglo XX, de la idea colectiva de un mundo en expansión, que levantaba puentes y estrechaba lazos, se ha pasado a un mundo rácano, en crisis permanente, donde domina la lógica del «sálvese quien pueda».

Hay luchas que hemos perdido y otras que damos por perdidas, y hay personajes deleznables que han llegado para quedarse y nos envuelven en sus dinámicas de crispación, toxicidad y fobias.

No es nuestro mundo pero nos han hecho sentir que es la única salida posible. Que para prosperar hay que pisar, que para avanzar hay que dejar a otros atrás, que para respirar hay que robarle a alguien el aire. Nos hacen creer que el mundo es una competición donde vencen quienes más privilegios suma.

En este nuevo mundo, descuidamos a nuestras personas mayores, dejamos las casas vacías, vaciamos nuestras calles y plazas, quemamos nuestros bosques y nos olvidamos de nuestra memoria.

Vivimos también una época de desafección. Con la política y con los políticos. Con los organismos, con las burocracias, con las sociedades, con la vida.

Y en ese mundo, has aparecido Open Arms. Como aparecen, de cuando en cuando, en el telediario y en los periódicos, historias que te hacen creer que el mundo merece la pena. Con ese romántico empecinamiento. Con la convicción de que otro mundo es posible. Enfrentándose a monstruos como hizo David contra Goliath. Con el descaro, el arrojo, la pasión y la autoridad que te proporciona la razón y la verdad.

En ese barco que una vez pude pisar, en ese esqueleto de hierros repleto de humanidad, viajamos, sin hacerlo, muchas personas más. Mucha gente decente que quiere veros surcando los mares y rescatando a quienes estaban destinados a hundirse en la fosa común del Mediterráneo.

De alguna manera, lo poco que nos queda de ilusión, de dignidad, de decencia, de proyecto colectivo a la humanidad, lo que nos une y no nos separa, lo que nos hace grandes y solidarios, lo que nos da vida y esperanza, teje los hilos de vuestra bandera.

La bandera de la humanidad.

Gracias Open Arms.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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