19 de septiembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Comentábamos  algunos amigos la situación en que vivimos en la sociedad que nos ha tocado vivir en estos momentos. En medio de la diversidad de opiniones que iban saliendo en la conversación  una cosa nos parecía común: la necesidad de una ética para la convivencia. Nuestra sociedad parece vivir un momento donde la intransigencia, el desprecio a la opinión del otro y la escasa acogida a los argumentos ajenos en los temas políticos y sociales, están horadando un clima que, desde que apareció la democracia en nuestro país, parecía abrirse paso en el entendimiento mutuo. Quienes vivimos de cerca el franquismo y alumbramos la tierra prometida de un sistema democrático a madurar con el tiempo, nos parece percibir un deterioro del dialogo, de la tolerancia, del consenso y todas aquellas actitudes que parecían necesarias para construir una sociedad más justa y agradable de vivir.  ¿Qué ha pasado?

Lo cierto es que las ideas y los posicionamientos  políticos y sociales se han ido enquistando en nuestras mentes, de tal manera que es difícil incluso de dialogar entre los amigos y familiares sin que acabemos medio peleados. Cada uno conoce las ideas de los otros, y a veces para no perder las amistades o, al menos para evitar un enfrentamiento rudo y desproporcionado, se suele no intervenir en la conversación o evitarla porque no nos lleva a ningún lugar constructivo.  Por ello, en un arranque de sinceridad el grupo de amigos que el otro día comentábamos sobre los distintos temas y que, en unos momentos, llegábamos al grito y a la desconsideración hacia las ideas del otro, acabamos admitiendo la necesidad de una ética que regulara nuestra convivencia hacia la paz, la comprensión y el respeto mutuo.

Y reconocíamos que toda ética es una actividad filosófica y ya se sabe que la filosofía es un intento humano  de razonar, de activar en los seres humanos sus capacidades intelectuales para alcanzar puntos de acuerdo en el proyecto humano de convivir en libertad. El ser humano no nace libre, viene mediatizado por muchos condicionamientos, amedrantado por muchas situaciones a las que no encuentra respuesta, y para las que acude a los mitos y a concepciones religiosas, no pocas veces manipuladas por mediadores que han encontrado en ello, dominar a sus semejantes con ritos y respuestas a todas luces engañosas cuando no desvirtuadas. Cuando ha ido evolucionando y ejercitando sus capacidades intelectuales y de raciocinio, va descubriendo respuestas a tantos misterios de la vida y elaborando sus propias conclusiones. Y, en este largo caminar, descubre entre otras cosas, que tiene que entenderse con sus semejantes, de entablar con ellos un diálogo para enriquecerse y desarrollar un estilo de vida más agradable en todos los sentidos.

Aquí es donde entra la ética, como un instrumento que va ayudar al ser humano a regular la convivencia con sus semejantes para que, a través del diálogo, de la confrontación sana y constructiva, del respeto a los demás, de la tolerancia, y de una actitud limpia y honrada… se construya una sociedad de personas libres, que se necesitan mutuamente, y creadores de un clima de entendimiento, de confianza y de sinceridad mutua. Es lo que llamaríamos algo así como  una ética de la convivencia.

La ética de la convivencia es una ética laica que encuentra su desarrollo en una sociedad tolerante y plural, donde tienen acomodo todo el mundo sin que sus concepciones religiosas o de otro tipo, sean obstáculo para asumir los dictados que nos hemos ido dando con el tiempo y el desarrollo humano. Y es un patrimonio de todos. Porque, a lo largo de la historia, hemos ido descubriendo líneas de conducta necesarias para que los humanos nos pudiéramos entender y generar así una sociedad más libre y agradable para vivir.

Nuestra sociedad ha estado muy encorsetada por una moral religiosa que, en muchas ocasiones, ha derivado en actitudes hipócritas cuando no de agresiva intolerancia hacia lo que no comulgaba con la propia creencia. Pero, en los últimos tiempos, quizás por una reacción de péndulo, han aparecido una serie de pseudovalores con aspecto frívolo de espectáculo narcisista, donde la insolidaridad, el egoísmo y el cultivo de la propia imagen,  han derivado en una especie de ética del éxito, del consumo y de búsqueda de sólo el bienestar material que nos ha  llevado a una especie de ruina de lo que siempre creímos que era la ética. Ello explica que se multipliquen los casos de corrupción, que incluso se toleren actitudes de engaño y de prepotencia hacia los débiles, se hagan más frecuentes los acosos escolares y de violencia de género, se exhiban modelos televisivos y de cine así como  figuras del deporte como ejemplos a seguir, etc… Y todo esto con una aureola de postmoderno que nos rebela.

Una ética para la convivencia supone una sociedad plural  y democrática, en el mejor sentido de la palabra; una ética crítica hacia dogmas religiosos o hacia imposiciones por parte de jerarquías y autoridades, sino que debe originarse en la conciencia individual, en la autonomía de la voluntad  que acabe abriéndose a diálogo con los demás, a la tolerancia con el adversario y a la construcción de alternativas favorables al bien de todos. Conlleva también  el fortalecimiento de la sociedad civil en los valores democráticos como la libertad, la justicia y la igualdad, creando ciudadanos comprometidos con el bien común y la construcción de una sociedad  donde los derechos se respeten y la solidaridad sea un hecho que permita que todos los ciudadanos puedan vivir con dignidad.

En definitiva, una ética para la convivencia nos va a ayudar a los amigos a  que podamos discutir sobre los distintos temas que genera la sociedad sin que tengamos que callarnos para no molestar, sin bajar la cabeza por la agresividad de la argumentación de quien más grita o cambiar de tema de conversación para no dejar de ser amigos. Que esta mentalidad se adueñara de nosotros y estableciéramos una amistad de respeto, de tolerancia y de encuentro positivo… entre quienes nos vemos periódicamente para tomar café o una cerveza, sería un síntoma de que la ética para la convivencia había empezado a surtir efecto entre nosotros.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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    Una Réplica

  1. T&T

    La ONU su ultimo informe sobre migraciones, dice que España acogerá a entre 12 y 15 millones de inmigrantes de aquí a 2050. Esto va a generar muchos roces culturales entre diferentes nacionalidades, etnias, colectivos. Hablar de convivencia pacífica cuando se reciben millones de inmigrantes que no tienen nada en común desde el caribe, el magreb, europa oriental, asiáticos… es de un torremarfilismo totalmente alejado de la realidad de los barrios obreros de toda España. Por eso triunfa la extrema derecha, y la izquierda «folklórica» no acaba de entenderlo

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