15 de julio del 2019
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Durante la temporada 2018-2019 se suceden los casos de virilidad desmesurada en el fútbol de primer nivel. El precursor en este curso fue Santiago Solari, entrenador del Real Madrid, quien dijera en rueda de prensa aquello de: «la idea es ir a Melilla y jugar con dos cojones», una estrategia futbolística algo simplista para un entrenador que parecía defender un estilo más sofisticado en sus (decentes) columnas para El País. La frase fue bien recibida, casi con júbilo, en el seno del madridismo, que creía que su galopante crisis deportiva se podía curar con furia, al estilo Juanito. No fue así, hoy divaga sin opciones de conseguir título alguno.

Hace una semanas, en los octavos de final de la Champions, fue el Cholo Simeone, entrenador de Atlético de Madrid, quién tras marcar su equipo hizo un gesto señalándose los genitales, como presumiendo; «mira qué cojones tenemos más gordos», de un modo tan soez como poco sorprendente, pues el argentino siempre se ha movido en ese terreno de encender las pasiones primarias. El aspaviento fue un boomerang envenenado. Su rival, Cristiano Ronaldo, futbolista evasor (condenado) y acusado de violación, le devolvió la mímica de similar idiosincrasia en el partido de vuelta, señalándose a sí mismo como el verdadero número uno, el más varonil, el elegido por los dioses de la hombría, el que tenía los más potentes atributos. Semanas más tarde, el delicioso y delicado Ajax eliminó a él y a su equipo de la Champions con bastante más elegancia.

El último caso conocido ocurrió la pasada semana, cuando el entrenador, también argentino del Tottenham Hotspur, Mauricio Pochettino, se señalaba sus partes nobles al ganar al Manchester City, el equipo del odiado y politizado Pep Guardiola; una hosca moda en alza. ¿Proseguirá «la condena del machote» en el desarrollo de la competición futbolistica?

Sería realmente divertido que todos los enaltecedores de sus gónadas acabaran eliminados de sus respectivas competiciones, como si fuera una maldición auspiciada por el espectro errante de un José Antonio Camacho trasnochado reclamando su sitio.

Parece mentira que en tiempos tan avanzados, en los que otro fútbol con otro imaginario es posible, se siga alimentando y aplaudiendo este heteroalzamiento rancio en el que lleva atrapado el fútbol desde tiempos inmemoriales. ¿Tienen los futbolistas escapatoria? Hoy viven compitiendo ferozmente, sin reconocer las virtudes del rival, sin apenas deportividad, podridos de dinero, en su burbuja machirula, caducos, aislados, hiperhormonados,  viriles, machistas, añejos, abyectos… aburridos.

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Periodista. Codirector de La Réplica.
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