19 de septiembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En la parada de Sagrera, en las profundidades de Barcelona, el metro se detiene. Las puertas se abren con ese movimiento sincronizado, y saltan al andén central un sinfín de pasajeros apresurados y absortos en un camino ya mentalmente proyectado.

La muchedumbre agitada se escurre en busca de la salida más próxima. Los viajeros que no han salido del laberinto subterráneo persiguen el pasillo que les llevará a la otra línea, y algunos, soñadores quizás, curiosos también, se detienen en un punto llamativo: un puesto de venta de libros de ocasión.  

El tiempo de repente se detiene. La inmensidad del metro desaparece ante las portadas y los títulos. Los libros tienen ese poder de frenarlo todo, incluso aquella carrera que emprendes inconscientemente –con el piloto automático–de una estación a otra.

Aquí se impone la sencillez. Nada de florituras, ni carteles exuberantes, coloridos fluorescentes o cuerpos semidesnudos. Las estanterías de libros de ocasión seducen por su poder natural, por el secreto que contienen, por la experiencia que sugieren. Se encuentran de repente dos tipos de viajes: el del espacio y el de la mente. Y seamos honestos: en este laberinto subterráneo, el viaje de la mente –el de la fantasía, la imaginación y la ensoñación– toman su verdadero significado.

El viajero que aquí describe este paseo se detiene en este punto de venta de libro y experimenta, de repente, la sensación de llegar a una isla. De aquellas que te acaparan, abrazan, y te hacen sentir en el lugar más cálido del planeta. Algo así como el Caribe, la isla de Guadalupe quizás. Cuba o Martinica.

Pero miremos quién se acerca. No son turistas alocados, ni fiesteros en camisa hawaina. Tampoco universitarios o estudiosos de último grado buscando aislarse del mundo rutinario del metro. Son personas de todo tipo. Hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, que anhelan transportarse a otra realidad por una suma módica. Uno, dos, o tres euros. Casi nada.

En la estación de Sagrera, Willy Maldonado atiende al público con la amabilidad que caracteriza a todo amante de los libros. Una señora le pregunta por un título, y, después de responderle que no tiene esa referencia, le sugiere otro del mismo autor. Hace tres años que orienta a los viajeros del tren en sus búsquedas, hace tres años que vende “paquetes de viajes literarios” a precios imbatibles en los pasillos del metro.

Willy encuentra unos minutos para contestar a algunas preguntas. Su acento chileno nos acoge con simpatía para contarnos la historia de cómo todo empezó. El nombre de Juan Bagur se impone desde un principio. Él fue el gran gestor de esta red de Llibres solidaris. Él se empeñó en moldear este sueño. “Tenía ganas de hacer algo y se le ocurrió, con un grupo de amigos, la brillante idea de vender libros ––explica Willy––. Hicieron contacto por aquí y por allá, y se fueron a pequeños mercadillos, a los pequeños centros comerciales, ferias en la calle, y de ahí, la idea se fue expandiendo. Hoy en día, estamos en el metro de Barcelona, son siete paradas, tenemos tres librerías en Barcelona y alrededores”.

El concepto de Llibres Solidaris va mucho más allá de vender libros de segunda mano en el metro de Barcelona. Se trata también de contribuir a las redes solidarias de la ciudad y ayudar a los más necesitados, colaborando con entidades o Ongs como “Sense sostre”, o contribuyendo a un banco de alimentos.   

“Ayudamos a la gente que no puede pagar los alquileres para seguir en el lugar que les cobija. El tema de la crisis ha pegado muy duro”, explica Willy antes de recordarnos que los trabajadores en cada punto de venta son voluntarios que dedican parte de su tiempo a colaborar con la obra benéfica.

De inmediato, la islita que nos distrae y nos invita a soñar con un viaje literario cobra un nuevo sentido. Una nueva dimensión. Algunos de los espacios que nacen en el metro de Barcelona buscan neutralizar la frialdad de un laberinto subterráneo, son espacios de solidaridad, y dentro de estas iniciativas el libro florece como emblema ineludible.

El metro es también un lugar para la palabra, la conversación y un cierto humanismo. Willy nunca fue librero, pero al final, tras compartir el interés y las necesidades de los lectores, ha adoptado poco a poco esta faceta. Los clientes le preguntan por ciertas referencias o autores, opinan sobre los libros que acaban de comprar, le sugieren lecturas, y él, los va conociendo, se acuerda de sus preferencias, de sus experiencias, y hasta logra anticipar y recomendar algunos títulos.   

“El libro de segunda mano sigue vendiéndose mucho, mucho, mucho ––explica Willy–– . Lo podemos palpar aquí”. La acogida del proyecto ha sido muy positiva, es innegable, y ese éxito se refleja en la variedad y la cantidad de los libros. Las referencias se renuevan constantemente, casi a diario, con tanta facilidad que hasta los interesados no dudan en detenerse varias veces al día.  

Los gustos difieren, pero según Willy, los libros que hablan de historia universal y las novelas sentimentales representan los géneros que más interés suscitan. “La gente es muy romántica”, explica el librero, antes de mencionar también otras categorías como las novelas vampirescas que interesan especialmente a los jóvenes, la novela negra y sus investigaciones intrigantes, o los clásicos de autores como Dostoievsky o Tolstoi que siempre son buenos acompañantes en un viaje matutino.

En su islita cultural, Willy se siente a gusto. El ambiente de los libros genera paz y concordia, y esto le permite conocer a mucha gente. Además, su tienda se ha ganado la simpatía de los trabajadores del metro. “La gente del TMB es muy agraciada, y más de una vez, cuando voy a dar una vuelta para despejarme un poco, encuentro un café, un caramelo o incluso un libro que la gente dona sin esperar una reciprocidad”.

En la estación de Universitat, en otro punto muy transitado de la ciudad, otra islita con libros se levanta en el camino y llama la atención de los viajeros. Es del mismo tamaño que la de Sagrera. Parece, de hecho, que todos los estands tengan un diseño estandarizado. En esta estación, el punto de venta está estratégicamente ubicado. Antes de escoger la dirección que le llevará a una línea u otra, el usuario del metro tiene la posibilidad de perderse (definitivamente) entre las referencias de libros.

La verdad es que no hay nada mejor que perderse de esta forma. Mirar qué títulos se esconden detrás de la primera línea de libros expuestos, imaginar las historias que contienen, y comprobar que siempre hay un espacio para la sorpresa dentro de esas cajas, son algunas de las alegrías que experimentan los viajeros.   

Juan Velásquez es quien atiende en este punto. Lo hace con placidez, siempre atento a lo que quieren los lectores. Es evidente que le gustan los libros, y sin embargo lo suyo es el cine. Llegó a España buscando una salida a la situación trágica que experimenta su país natal, Venezuela, y ahora divide su tiempo entre este espacio de Llibres Solidaris y los estudios que ha iniciado hace poco.

En Venezuela dejó varios proyectos cinematográficos que no prosperaron por culpa de la inestabilidad, pero en este oasis de paz ha podido recuperar una cierta tranquilidad y volver a pensar en la creación artística. La novela negra le atrae especialmente, ya que se acerca al ambiente de intriga y suspense que valora en el cine, aunque, con el tiempo, ha aprendido a no subestimar ningún género. “Muchas veces, el libro que parece flojo se vende más que muchos otros”, explica con un aire reflexivo.

En su día a día, Juan observa atentamente la vida de los libros de acción y la acogida que les reservan los lectores. Cuando ve que algunos libros buenos llegan por la mañana, les da su oportunidad de venta, y, al finalizar su jornada, si todavía no se han movido, los compra.

El trabajo es entretenido, lo reconoce. Desde esta pequeña isla, siente que el mundo funciona mejor. Los libros rompen los muros, invitan al uso de la “palabra”, y a conocer otras realidades. Pero también, y quizás por encima de todo: brindan esperanza.

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Johari Gautier

Periodista y narrador franco-español nacido en París (Francia, 1979). Autor de los “Cuentos históricos del pueblo africano” (Ed. Almuzara), y las novelas “El Rey del mambo” (Ediciones Irreverentes) y “Del sueño y sus pesadillas” (Ed. Atmósfera Literaria).
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