15 de octubre del 2019
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Esta foto debería pasar a la historia como aquellas del desembarco de Normandía. Por su simbolismo y su profunda carga contra el sistema capitalista, parece sacada por Capa en aquel Madrid de la Guerra Civil. El tema central de la foto no es la gürtelesa consorte de Génova, sino su perro, el Pecas, quien el mismo día de las elecciones puso sobre aviso a miles de votantes indecisos.

El Pecas, como reo conducido a patíbulo, se resistía a entrar por las buenas en el colegio electoral. No, no y no. Y doña Esperanza, tira que tira, anda que te vas enterar cuando lleguemos a palacio, sinvergüenza, etarra, populista. Y el Pecas que no y que no, que no me fío de ti ni muerto. Y los madrileños poniendo a funcionar el magín: ¿quién puede votar a una candidata en quien no confía ni su propio perro?

Y luego las pintadas de la pared, como presagios adversos. No hace falta ser Pontifex Maximus de Roma para barruntar el advenimiento de una dolorosa y funesta catástrofe: por detrás un falo con dos gónadas masculinas tamaño XL; por delante, otro falo tamaño extragrande; en medio, la víctima. Interpretación: bocadillo de candidata. Dies nefastus. Y el Pecas, medio ahorcado por su collarito rojigualda, que no y que no, antes muerto, yo ahí no entro.

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Y es que el Pecas ha sufrido en sus carnes la dureza de la crisis. Ya dijo la gürtelesa que no tenía ni para comprarle pienso y el perrillo se conformaba con las sobras de la mesa. Pobre Pecas, obligado a masticar trozos de langosta cántabra, centollos gallegos en su punto, rosbif a las finas hierbas, hojaldres de bogavante con puerros… Pobrecillo, obligado a roer huesos de jamón de Jabugo de cinco jotas. Qué asco. Todo ese sinvivir lo arrastraba el animalito, y el día de las elecciones dio la cara.

Ahora le echan la culpa. Ya se oye a los medios de la caverna culpar al Pecas del desastre: que si hacer campaña con el perro, que si perro va y viene… en fin, ya saben: el capitán del Prestige, el maquinista del tren, la enfermera del ébola… y ahora el Pecas. Me barrunto consejo sumarísimo y fusilamiento al amanecer en los jardines de palacio, por andarse con mamandurrias.

“Je suis el Pecas”, sí, porque me siento como él, como media España, estrangulado con ese collarín rojigualda, el poder tira que tira, gilipollas, trabaja y paga que el marianismo te necesita. Y no rechistes, populista de mierda, bolivariano, anda, tira p’alante, obedece, calla y produce. Si acaso, orea et labora. Pero parece que hoy el collar aprieta menos. Muchos españoles se resistieron ayer, como el Pecas, y algunos chulos y soberbios, fascistoides analfabetos, podridos de corrupción y poder, probaron la amargura de la derrota. Y vendrán muchos más, ahora somos nosotros los que tiramos de la correa. Sí se puede.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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