19 de octubre del 2019
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«La derecha gestiona mejor», la gran leyenda urbana mil y una veces repetida en los medios de comunicación conservadores se hace añicos. Aunque sigan repitiendo la monserga pocos se la creen.

Sus gobiernos recientes han sido sinónimo de despilfarro, corrupción, liberalismo salvaje y podredumbre moral. La España de Rajoy o las comunidades de Madrid y Valencia (bastiones de la derecha) fueron ejemplos de ruina, saqueo institucional y deterioro vertiginoso de lo público.

Pero su incompetencia va más allá de lo económico. Tenemos razones para preocuparnos si la derecha gestiona una respuesta gubernamental en situaciones de emergencia social. Recordemos algunos casos: el propio Rajoy, junto con Álvarez-Cascos, gestionó en 2002 el accidente del Prestige en las costas gallegas. Dijo que se trataba de «unos pequeños hilitos de plastilina» restando importancia al suceso. A lo que realmente asistimos fue a un desastre ecológico de consecuencias nefastas y una gestión impresentable en la toma de decisiones, tanto en el plan de emergencia como en las labores comunicativas. Greenpeace concluyó años después que Rajoy «no fue capaz de coordinar los diferentes ministerios provocando una gestión ineficaz de la catástrofe».

¿Hablamos de los atentados del 11 de Marzo? El Partido Popular de Aznar y sus palmetos se empecinaron en la falsa teoría de ETA como autora de los atentados. La gestión fue nefasta, como así reconocieron numerosos medios internacionales, analistas políticos e incluso las voces discordantes dentro del PP. ¿Recuerdan el accidente del Yak-42 en Turquía? Los familiares de los militares fallecidos seguro que sí. Aparecieron restos de diversas personas en un mismo féretro. Federico Trillo, ex ministro de Defensa, fue reprobado en el Congreso de los Diputados por los grupos de la oposición por «las graves negligencias detectadas en el seguimiento y control de la contratación del vuelo del avión siniestrado, así como los importantes errores del proceso de identificación de cadáveres, durante el cual se constató además un constante y claro menosprecio a las familias».

¿Se acuerdan hoy de la gestión por el primer contagio de ébola en España? Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que contrajo el virus, la recordará durante toda su vida. Se enteró de su contagio por la prensa, fue aislada y tratada tarde, mal y sin los medios necesarios. Para colmo fue culpabilizada públicamente. El mismo Gobierno tuvo que admitir que fallaron los protocolos contra el virus. Salvó la vida milagrosamente.

¿Y la gestión del accidente del Madrid Arena? Horrible, Ana Botella, entonces alcaldesa de la ciudad, la vivió desde un spa en Portugal mientras morían cinco chicas aplastadas aquella funesta noche de Halloween. Hubo negligencias antes, durante y después de la tragedia.

Hoy vivimos una alerta sanitaria por listeriosis en toda España vinculada a los productos cárnicos de la empresa «La Mechá». La crisis la gestiona PP y Ciudadanos, échense a temblar. Dos personas han fallecido durante el brote de intoxicación alimentaria y más de 200 se han visto afectadas. La organización de consumidores Facua lleva semanas advirtiendo que se está gestionando mal la situación: todo se está realizando tarde, a rebufo y sin rigurosidad. La Junta de Andalucía lleva días desorientada, cerrando filas y sin informar con transparencia a pesar de que la situación empeora cada día. Jesús Aguirre, el consejero de Salud que no cree en la sanidad universal, está al mando de la gestión de la crisis y no piensa dimitir. Da escalofríos pensar cómo ha gestionado la crisis el tripartito anteponiendo intereses personales, empresariales y privados a nuestra salud pública.

Otra gestión lamentable, otro episodio más para la infamia. La historia reciente nos demuestra que la chaqueta azul, la corbata, el rolex y la pulserita de España no garantizan una respuesta profesional, útil, estricta y eficiente durante una alerta social. Estas crisis se agudizan cuando no crees en lo público, cuando las herramientas del Estado te incordian, cuando piensas a nivel individual ante una amenaza colectiva, cuando tus prioridades son privadas y no colectivas. Ocurre que se descubren las vergüenzas: la incapacidad, la indolencia, la falta de compromiso, el desastre sempiterno.

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Periodista. Codirector de La Réplica.
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