15 de julio del 2019
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Dimitió Soria, y como ya pasará con Camps, Aguirre, Ana Mato y tantos otros de la cúpula del Partido Popular, no ha pasado nada. La banda mafiosa más prolífica del país sigue aguantando como fuerza con más intención de voto, pese a frecuentar con asiduidad los juzgados, el enorme desprestigio de su líder y la incapacidad de regenerarse. Misterios de España. Debe haber en alguna parte del estado un río de rabia e impotencia a punto de desbordarse.

Rajoy continúa con la misma táctica que aplica con insultante eficacia, elige bien sus apariciones, evita nombrar al corrupto de turno en sus intervenciones públicas y los protege; desde la intimidad con su complicidad, en lo institucional con la influencia que ejerce sobre los poderes «independientes» y en lo mediático poniendo en marcha toda su aparatología. Soria se pronunció en 13tv y ha tenido una entrevista en El País que lo sitúa casi como una víctima del sistema.

Pero en su esencia, Soria era un Rato de la vida; ministro de prestigio artificial, vilipendiado por los profesionales del sector en que se desempeñaba, pésimo para la mayoría de la sociedad y con un tufo a corrupción desprendiéndose de las páginas de su historial. Al final, al más puro estilo Soprano, su destino estaba marcado.

La paradoja es que a Soria no lo retira su desfachatez, ni su colección de mentiras, ni un error de comunicación ni una traición de la memoria, a Soria lo retira el concepto de españolito servidor de la patria que tanto predica el PP y que tan poco practica, «hijos míos, haced lo que yo os diga, pero no lo que yo haga». Soria, como en su día Rato (que también figura en los papeles de Panamá como ladrón profesional que es), o el recién multado Aznar, se regodeó tanto en su lecciones de españolidad que pronunció aquella frase de «quien aparezca en los Papeles de Panamá, tiene que salir de inmediato a justificarlo».

Por supuesto, no supo justificarse y ahí fue cuando terminó su carrera política, porque si algo bueno tienen los papeles de Panamá es que no esconde ambigüedades, quien ahí estaba, lo hacía por codicia y traicionaba el acuerdo (fiscal) de todos los españoles. O lo que es lo mismo, que tan patriota no eran. Panamá es la prueba del algodón para esos ricos tan españoles y que en el fondo son tan neoliberales. A la tribu de la españolidad reciente se les están acabando las máscaras.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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