12 de diciembre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



La sentència

28 octubre 2019 0 Réplicas Categorías: Actualidad, Debate

Anava a ser el tema del que parlaria tothom fa dues setmanes. Jo també en volia. Volia posicionar-me públicament per primera vegada en relació al conflicte entre Catalunya i Espanya. Mai n’he parlat, tret d’una apel·lació al diàleg, que es va publicar en aquest mitjà en un moment de màxima tensió. Aquesta vegada volia definir-me. 

Volia confessar que per molt de temps m’he sentit exclòs d’allò que a la meva terra s’ha anomenat com “el procés”, entre d’altres coses, per no voler renunciar a una part del meu substrat cultural, que des d’algunes trinxeres de l’independentisme fa nosa. Fill d’andalusos nascut a Catalunya, volia escriure que em sento profundament xarnego. I volia recordar que aquest és un problema identitari no resolt.

Volia portar al debat que molts diuen que això ja ho va tractar Marsé i no hem de tornar; però al meu parer ningú s’ha preocupat pels fills del Pijoaparte, per com els hi ha anat la vida i les dificultats que s’han trobat. També volia dir que no és just haver de renegar de tot allò que provingui de l’altra banda de l’Ebre, ni dir que és millor merda catalana que merda espanyola. Tampoc preferia que em governessin els meus idiotes, en comptes d’altres idiotes. Volia explicar-li a tothom que per a mi la merda és merda i els idiotes, idiotes, i que no m’agrada que se m’apropin, independentment del drap, anomenat bandera, que els acompanyi. I també volia recordar que no m’agrada que ningú fiscalitzi l’ús de cap de les meves dues llengües. I sí, volia compartir que sí, que Espanya és un país que pateix un dèficit en cultura democràtica. Però també ho pateix  l’independentisme, que només vol votar una cosa, i per fer-ho no ho tramita prèviament de forma democràtica.

Tot i així, sobretot volia parlar d’una altra cosa, més important, no fos que aparegués en algun moment un monarca passat de moda i afirmés que tot això era pel meu bé, que m’estaven protegint, quan en realitat m’estaven complicant la vida una vegada més. No volia dir que estava trist des del dilluns 14 d’octubre, perquè l’Antoni Puigverd havia dit que no es pot dir, i potser tenia raó. Sí volia dir, però, amb la veu ben alta, que pensava en la cadira que quedaria buida a l’hora de sopar a les cases de 9 famílies catalanes. I que no, que no em reconfortava pensar que algunes d’aquelles cadires potser estarien ocupades per Nadal, com havien criticat diversos diaris de Madrid, tal vegada perquè sé el que val un sol dia privat de llibertat. Volia escriure que penso en la lletra d’aquella cançó “carcelaria“ que es podia escoltar de petit al meu barri amb un accent inconfusiblement gitano: “Mama ¿Por qué lloras? ¿Que no viene el papa?” Volia dir que en aquest cas es podia aplicar a 7 pares i 2 mares. Però ha arribat la violència i s’ho ha portat tot per davant, incloses les paraules que volia escriure. Qui parla ara dels presos? Em pregunto a qui beneficia la violència.

LA SENTENCIA

Iba a ser el tema del que hablaría todo el mundo hace unas semana. Yo también quería. Quería posicionarme públicamente por primera vez en relación al conflicto entre Cataluña y España. Nunca he escrito nada, con la excepción de una vez en que apelé al dialogo en un texto que se publicó  en este medio en un momento de máxima tensión. Esta vez quería definirme. Quería confesar que por mucho tiempo me he sentido excluido de eso que en mi tierra llaman “el procés”, entre otras cosas, por no querer renunciar a una parte de mi sustrato cultural, que desde algunas trincheras del independentismo molesta. Hijo de andaluces nacido en Cataluña, quería escribir que me siento profundamente charnego.

Y quería recordar que este es un problema identitario por resolver. Quería traer al debate que muchos dicen que eso ya lo trató Marsé, y que no hemos de volver, pero en mi opinión nadie se ha preocupado por los hijos del Pijoaparte, por cómo les ha ido en la vida y las dificultades que se han encontrado. También quería decir que no es justo tener que renegar de todo aquello que proviene del otro lado del Ebro, ni decir que es mejor la mierda catalana que la mierda española. Tampoco prefería que me gobernasen mis idiotas en vez de otros idiotas. Quería explicarle a todo el mundo que para mí la mierda es mierda y los idiotas, idiotas, y que no me gusta que se me acerquen, independientemente del trapo, llamado bandera, que los acompañe. Y también quería recordar que no me gusta que nadie fiscalice el uso de ninguna de mis dos lenguas. Y sí, quería compartir que sí, que España es un país que sufre un déficit en cultura democrática. Pero también lo sufre el independentismo, que solo quiere votar una cosa, y para hacerlo no lo tramita inicialmente de forma democrática.

Sin embargo, sobre todo quería hablar de otra cosa, más importante, no fuera a ser que apareciera en algún momento un monarca pasado de moda y afirmase que todo esto era por mi bien, que me estaban protegiendo, cuando en realidad me estaban complicando la vida una vez más. No quería decir que estaba triste desde el lunes 14 de octubre, porque Antoni Puigverd había dicho que no se puede decir, y quizás tenía razón. Pero sí quería decir, en voz bien alta, que pensaba en la silla que quedaría vacía a la hora de cenar en la casa de 9 familias catalanas. Y que no, que no me reconfortaba pensar que algunas de aquellas sillas tal vez estarían ocupadas en Navidad, como habían criticado diversos diarios de Madrid, tal vez porque sé lo que vale un solo día privado de libertad. Quería escribir que pienso en la letra de aquella canción carcelaria que se podía escuchar de niño en mi barrio con un acento inconfundiblemente gitano: “Mama ¿Por qué lloras? ¿Que no viene el papa?” Quería decir que en este caso se podía aplicar a 7 padres y 2 madres. Pero ha llegado la violencia y se lo ha llevado todo por delante, incluidas las palabras que quería escribir. ¿Quién habla ahora de los presos? Me pregunto a quién beneficia la violencia.

La fotografía es de EFE.

The following two tabs change content below.
Avatar

Carlos Gámez

Carlos Gámez (Barcelona, 1969) es licenciado en Ciencias Físicas. Cursó el Programa de Doctorado en Historia de las Ciencias por la Universitat Autònoma de Barcelona, y el Máster en Creación Literaria por la Universitat Pompeu Fabra. Ha disfrutado de una estancia en las intituciones penitenciarias de Nicaragua, de donde salió su primer libro, un diario titulado 'Managua seis'. Ha sido galardonado con el IX Premio Café Mòn por la novela 'Artefactos'. Colabora con las revistas Sub-Urbano, Culturamas y La bolsa de pipas. En su bitácora personal, "El blog de Carlos Gámez", estudia las relaciones entre ciencia y literatura. Actualmente está peleándose con una novela corta.
Avatar

Últimas entradas de Carlos Gámez (ver todo)

Tags: ,

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para ofrecerte una experiencia de usuario óptima. Si sigues navegando estás dando tu consentimiento a nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies