17 de noviembre del 2019
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No es equidistancia defender el derecho de reunión y manifestación pacífica en cualquier rincón del planeta. Y eso engloba, a veces a tu pesar, todo tipo de reuniones.

No es equidistancia apoyar el derecho de autodeterminación de los pueblos, así como el derecho de la ciudadanía a no compartir un deseo emancipatorio.

No es equidistancia entender que la cuestión catalana se debe resolver con el noble ejercicio de la política.

No es equidistancia sentir que un referéndum sería la salida más justa y democrática a un embrollo que lleva años ocupando la actualidad social y política, a veces eclipsando asuntos primordiales para nuestro futuro inmediato.

No es equidistancia, más bien todo lo contrario, creer que ninguna bandera garantiza oportunidades, derechos y libertades.

No es equidistancia afirmar que la sentencia que han recibido los políticos del procés y los Jordis es una absoluta barbaridad, un ejemplo más de la politización de la judicatura de este país y su afinidad con los sectores más conservadores. Un tipo de condena que los activistas llevan sufriendo años.

No es equidistancia manifestar tu repulsa a la violencia policial, así como señalar su conexión con la extrema derecha como una de las peores lacras que tiene este país.

No es equidistancia creer que parte de la decrepitud moral de la situación la tienen la irresponsabilidad de los medios de comunicación.

No es equidistancia sentir que muchos apelan al diálogo cuando mantienen una conversación de besugos.

No es equidistancia sentir que la marxa de la llibertat viste de defensa de libertades fundamentales lo que es una marxa por el independentismo.

No es equidistancia sentir que ninguno de los máximos responsables políticos que tuvieron el poder hicieron lo más mínimo por establecer un diálogo y llegar a algún tipo de acuerdo. Ninguno.

No es equidistancia preguntarse por qué todas esas personas se manifiestan ahora y no hay, ni la mitad, cuando se lucha en las calles por mantener las pensiones, los recortes en sanidad y educación, o el abuso de los alquileres en Barcelona.

Y no es equidistancia sentirse triste, por más que se empeñen.

Lo llaman equidistancia, pero es todo lo contrario, un posicionamiento político. Lo que les sucede a muchos, es que no es el que ellos quieren que tengas.

La fotografía es de Reuters.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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