18 de septiembre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



“La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María, / de espíritu burlón y de alma quieta, / ha de tener su mármol y su día, / su inefable mañana y su poeta. “, sentenció Machado. Cierto. ¿Por qué la derecha española no puede alumbrar poetas que colmen de laureles nuestras letras y exporten nuestro ingenio al mundo entero como ya hicieron San Juan de la Cruz o Calderón de la Barca? ¿Acaso la tierra de Trajano, de Séneca, de Maimónides y Averroes, negaría un poeta, siquiera uno, a la derecha española? Sería injusto. En la foto tienen a dos. Llevábamos décadas esperándolos, aunque rimar “lubina” con “ruina” y “Torra” con “gorra” no invite a celebrar su llegada.

¿Pero y antes? En las movilizaciones agrícolas de antaño, ¿dónde estaban los poetas? Recuerdo una remota concentración –una de cientos- que hubo en Mérida en 1992. Sí, en 1992, hace 28 años. El ahora vicepresidente Pablo Iglesias tenía 14 años y ni la menor idea de ser culpable de aquello y de esto, y el presidente Pedro Sánchez, que andaba por los 20, lo mismo. Los agricultores y sus organizaciones protestaban por lo que protestan hoy: por los bajos precios de las cosechas y por la Política Agraria Común. El salario mínimo estaba en 338,25 euros. Hubo 20 heridos, pero ningún poeta pidiendo lubinas, que yo recuerde.

Desde entonces se han sucedido las protestas. Todos recordamos las carreteras llenas de tomates y lechugas… Las ovejas y las cabras cortando las autovías como los CDR… Los montones de naranjas echados a perder por mor de los bajos precios y de las canalladas y latrocinios permitidos por los golfos de turno. ¿Dónde estaban entonces nuestros poetas de la derecha? Se pregunta uno ahora, asombrado. ¿No había o no estaban inspirados?

La lucha de la gente del campo es antigua y necesaria, y debió reflejarse no solo en las carreteras, donde se vio, sino también en las urnas, donde nunca se vio. Ojalá los agricultores pongan ahora coto a las ancestrales injusticias que padece nuestro necesario campo, pero cuidado con poetas como los de la foto, sus intereses son políticos y sus amos no son el sudor, la tierra y la familia. Si los agricultores bajan la guardia, los involucrarán en una lucha política, los fragmentarán y los dejarán sin apoyos populares. El capite censi de hoy día no está dispuesto a dejarse manipular y menos por cuatro catetos que ni siquiera disimulan.

Camino de Gapalagar se descolgarán miles de españoles que hoy simpatizan con la causa, miles de agricultores también, huyendo espantados de “esa España inferior que ora y bosteza, / vieja y tahúr, / zaragatera y triste; / esa España inferior que ora y embiste / cuando se digna usar la cabeza.” De esa España que luchamos por dejar atrás y en la que solo caben ellos y sus poetas.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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