26 de mayo del 2020
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Mi relación con el idioma catalán siendo hispanohablante

Hice un curso de catalán básico en 2006 en México, antes de venir a Barcelona. Pensaba que tothom me hablaría en catalán y tendría dificultades en la universidad. Para mi sorpresa y frustración, mucha gente (la peixatera, el del forn, el del banc, etc…) después de escuchar mi pobre catalán, me cambiaban al castellano/español.

Así que lo practiqué poco o nada en aquellos primeros años. Hicimos la universidad en español y todxs mis amigxs, incluidos los catalanohablantes, se comunicaban perfectamente en castellano. Dejé pues de esforzarme. Al final me di cuenta de que ambxs (el catalán de turno y yo), lo que primábamos era eso: la comunicación.

Volví a intentarlo con la llengua d’aquesta terra cuando trabajé en periodismo político. Descubrí que partidos como ERC o CIU (antepasados de JXCAT) me contestaban mejor y más rápido si les hablaba/escribía en catalán.

Trabajaba entonces en una radio de las llamadas «latinas». Dirigía y presentaba un magazine político/social por el que pasaron Albiol, Duran i Lleida, Rivera, Oriol Amoros y varios representantes del PSC e ICV (debo decir, estos últimos siempre fueron los más abiertos a dar entrevistas). También entrevisté a representantes de asociaciones culturales y de ayuda social que trabajaban con inmigrantes de todas las nacionalidades, grupos de apoyo a mujeres, latinos a favor de la independencia, grupos de ayuda legal para sin papeles… En fin, tan variadas las agrupaciones como los lugares de procedencia de sus miembros.

Ya en aquel entonces (2008-2011), en medio de una difusión exhaustiva de programas de integració, interculturalitat y normalització lingüística debatíamos el por qué els catalans cambiaban el idioma cuando se topaban con un no-catalanoparlante.

Yo concluí en ese momento que:

1. En Barcelona, la gente está tan acostumbrada a convivir con tantos idiomas tan diversos que se prioriza la comunicación. El castellano se vuelve, por su popularidad, la lengua vehicular entre gente de distintas culturas/nacionalidades. Como pudiera ser (salvando las distancias) el inglés en Malasia.

2. El catalán/a promedio (perdó per la generalització) no está acostumbrado a escuchar su idioma sin fluidez y con titubeos. No nos pasa con el español: Es un idioma que escuchamos chapurreado en boca de turistas y estudiantes extranjeros, aquí y en América Latina. Chapurreado como nosotrxs chapurreamos el inglés/francés o idioma que estemos aprendiendo. En Catalunya, creo, no hay una cultura de esperar a que el otro termine de articular su discurso. Aquí vamos al grano, no te voy a hacer sufrir si ambos podemos cambiar al español y asunto arreglado. Algo similar me pasó con colegas belgas, suizos y franceses cuando yo me quedaba con el símbolo de loading en la cara. Del francés pasábamos al inglés para encontrar un common ground.

Anna Erra y sus catalanes de pura cepa

Quienes me conocéis sabéis el asco que le tengo a CIU-JXCAT desde que los conocí de primera mano en la época de Mas. No seré yo quien les defienda; pero creo que el comentario de Anna Erra es más que nada, tremendamente desafortunado. Sobre todo, en tiempos en los que la corrección política es un deber.

Creo también, que la petición que ha hecho la alcaldesa de Vic a los catalanes de “no hablar en castellano a cualquier persona que por su aspecto físico o por su nombre no parezca catalán” https://www.lavanguardia.com/politica/20200212/473496239529/anna-erra-alcaldesa-vic-disculpa-pedir-catalanes-no-hablen-castellano.html está arraigada en un pasado idílico (e imaginado) al que ciertos catalans se aferran cuando defienden su idea de nación.

Lo de identificar a alguien como no-catalán por su aspecto físico y su nombre responde a ese pasado (y futuro) ficticio en el que el català es un pueblo puro y superior, donde su lengua se expande más allá de donde están sus embajadas y crece libre sin el yugo de España y su español imperialista. Además este poble català es 100% blanco y de apellidos 100% catalans.

No puedo afirmar que Anna Erra sea una xenófoba. Tampoco puedo negarlo. Para empezar, no sería la primera ocasión que la población de Vic ostenta un racista entre sus representantes políticos . ¿No os acordáis de Josep Anglada? De hecho, ya cuando trabajaba como periodista de temas de inmigración, ciertos personajes de CIU me llegaron a decir off the record que los inmigrantes de América Latina hacíamos peligrar el catalán porque, como ya hablábamos castellano, no hacíamos el esfuerzo de hablar/estudiar la seva llengua. (Esa gente no había ido nunca a los centros del Consorci per a la Normalització Lingüística. Aquello parece reunión de la ONU).

A lo que voy es que CIU/JXCAT/como-se-llame-mañana nunca se ha distinguido por ser políticamente correcto con la inmigración, ya no digo integrador de veritat. ¿No os acordáis de cuando Duran i Lleida andaba preocupado por la cantidad de hijos de inmigrantes que nacían en Catalunya? De verdad, en 2010 nacían más hijos de inmigrantes que hijos de catalanes, algo que le tenía realmente preocupado. Recuerdo que yo misma le pregunté sobre estas declaraciones en una feria latina en L’Hospitalet durante nuestras horas de radio en directo, con público delante. La cara que Duran i Lleida me puso no se me olvidará en la vida. Por cierto, hay fotos de tal encuentro irrepetible.

Así que, si bien es verdad que el catalán te suele (o solía) cambiar al castellano al primer titubeo; no tengo la impresión de que lo haga por tu linda cara morena no-catalana. No voy a negar el racismo y la discriminación que hay lamentablemente en Catalunya, sobre todo institucional. Pero tampoco creo que la campaña #NOEMCANVIISLALLENGUA sea una campaña racista. Al contrario, creo que es una campaña de empoderamiento para los hablantes de una lengua minoritaria.

Comunicación en múltiples lenguas

Han pasado años desde mi experiencia como periodista de inmigración. Hoy puedo decir que el meu català es mucho más fluido que cuando llegué y que, tras un examen de nivel, he quedado en el B2 del programa de Normalització Lingüística (Por cierto, también odio el término «normalización lingüística». Me apesta a discriminación, ¿Y a vosotrxs?). Últimamente convivo con catalanxs menores de treinta años (¡Ah! La vuelta a la vida universitaria). Todas hablan catalán entre sí. Y conmigo. Y a veces me quedo pensando, y cometo catañoladas y mi acento es una mezcla que suena a mexicatañol. Sin embargo, algo ha cambiado y esto es verdad: si por alguna razón yo vuelvo al castellano, ellas siguen en el catalán. Nuestra comunicación se mantiene impoluta.

¿Será generacional? ¿Será que la gente mayor de treinta arrastra todavía una baja autoestima en relación a su lengua?

Además de su infame frase, Anna Erra también dijo que los catalanohablantes “piensan que dirigirse a alguien en castellano es un acto de respeto, y no es así”. La sombra de la represión sigue viva, no hay duda. Como también siguen vivas las ideas de una España única o la de una Catalunya 100% europea, blanca y de ocho cognoms catalans. Pero lo que de verdad sobrevivirá, pienso (y me voy a poner optimista), es la magia del multilingüismo y la persistencia de la multiculturalidad; aunque algunxs se nieguen a verlo.

FOTOS: elindependiente.com // skaramelka

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Ale Oseguera

Periodista de profesión, escritora por vicio y performer de oficio. Interesada en la política, el arte y las personas, no necesariamente en ese orden. Actualmente trabaja como productora y redactora para ZoominTV Holanda. Su primer poemario "Tormenta de Tierra" se ha publicado en España y México.

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