04 de abril del 2020
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Los libros de Historia, la memoria colectiva, los medios de comunicación, la opinión pública y, en muchas ocasiones, las propias instituciones por poner algún ejemplo significativo, siguen ignorando la valiosa aportación que muchas mujeres realizaron a la sociedad, la mayoría de veces simplemente por el hecho de ser mujer.

Esta discriminación histórica no sólo ha sido y es producto de leyes injustas, de dinámicas sociales y económicas discriminatorias o del resultado del papel ejercido por siglos de patriarcado, sino también por algo menos tangible, pero muy poderoso, como es la mentalidad social dominada por patrones netamente masculinos.

Gracias a internet cuesta poco descubrir figuras relevantes mujeres y también cuesta poco descubrir la poca o nula proyección y difusión que han tenido en comparación con hombres que destacaron en disciplinas o actividades similares, pero obtuvieron un rédito memorial más importante (sí, las comparaciones pueden ser odiosas; la perspectiva de la evidencia lo es más todavía).

En el caso del papel de la mujer en la Guerra Civil española existe un paradigma de figura histórica que no ha obtenido el lugar y el reconocimiento que se merece en la Historia:

Micaela Feldman de Etchebéhère (1902 – 1992)

Existieron muchas mujeres que estuvieron en primera línea del frente de la Guerra civil española. En la retina de la memoria colectiva han quedado para la posteridad las fotografías de Gerda Taro de mujeres milicianas. Quizás el ejemplo personal que se aproxima a aquel ideal que inmortalizó Gerda sea el de Micaela Feldman, única mujer – según algunas fuentes – con mando de tropa militar en la Guerra Civil española.

“Mika” nació en Santa Fe (Argentina) hija de padres judíos que huyeron de la represión zarista en Siberia. De joven simpatiza con grupos políticos comunistas y anarquistas, se licencia en odontología y ejerce como odontóloga en la Patagonia, junto al que sería su marido Hipólito Etchebéhère.

Micaela Feldman. Font: Wikipedia


En 1931 emigran a Europa y viven un tiempo en Berlín cuando Hitler asciende al poder. Los comunistas empezaron a ser perseguidos por el régimen nazi, razón por la cual deben salir del país y se instalan en París donde prosiguen su militancia política con grupos de ideología trotskista. En julio de 1936 deciden dar apoyo al Frente Popular cuando estalla la Guerra Civil española y se trasladan a España a dar soporte a la causa revolucionaria. Se mezclan con obreros y campesinos y se alistan al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Su marido Hipólito es nombrado jefe de una columna motorizada, pero pocas semanas después muere en combate en agosto de 1936.

Frente de Sigüenza (1936). Font: L’Estel Negre

Es cuando Micaela decide seguir peleando y asume la responsabilidad de la columna, la cual es militarizada poco después, alcanzando así el grado de capitana en el frente de Guadalajara. Se acababa de convertir en la única mujer reconocida con rango militar de oficial en la contienda española. Resiste en inferioridad de medios y condiciones ante las tropas nacionales llegando a estar atrapada varios días en la catedral de Sigüenza.

De ocupar un lugar secundario en la milicia, comienza a dirigir la columna: empuña un fusil, dirige la construcción de los refugios, se ocupa de que sus compañeros tengan comida, abrigo, comida caliente al día… Mantiene la moral de la tropa a toda costa y ejecuta las órdenes de mando. Sus propios milicianos la eligen capitana de la segunda compañía del POUM.

Carta de España online. Elisabeth Cortez Sánchez. 2015.

Mika con un compañero miliciano
Hipólito Etchebéhère y Micaela Feldman

Trasladada al frente de Madrid en 1938 dedica tiempo y esfuerzo a montar una escuela improvisada para que milicianos analfabetos aprendan a leer y escribir. Los soldados se ven motivados e impelidos a la lucha gracias al empuje de Mika, pero también tiene que luchar contra los prejuicios de otros compañeros milicianos. Al igual que el resto de fuerzas, que defienden la República o luchan por la revolución, van mal armados, están en inferioridad de condiciones y logísticamente cada día que pasa en la guerra sus fuerzas van menguando, llegando a fabricar granadas artesanales con latas de conserva y dinamita. Finalmente, su columna es derrotada y es detenida llegando a ser acusada por los propios comunistas de ser contraria a la República.

No sé tampoco mandar; mejor dicho, tampoco lo necesito, porque los hombres tienen confianza en mí. Los protejo y me protegen –escribe–. Son mis hijos y al mismo tiempo son mi padre.

Tener pasaporte francés le permitió encontrar asilo en el Liceo Francés y logra salir de España con destino a Francia, dejando tras de sí la amenaza no solo de los nacionales sino de la persecución de los agentes secretos de Stalin. Al poco de su estancia en París Francia es invadida por los nazis y de nuevo tiene que huir y en esta ocasión regresa su Argentina natal.

Su lucha no acaba aquí. En mayo de 1968 se le ve colaborando en levantar una barricada de adoquines con jóvenes estudiantes. Tenía sesenta y seis años y sus ideales seguían tan intactos como cuando vino a apoyar a los milicianos espñaoles. Diez años después encabezaría marchas de protesta en París contra la dictadura argentina.

Sus vivencias quedaron inmortalizadas en las memorias: “Mi guerra de España” que ella mismo redactó en francés y tradujo al español, un texto lejos del tono heroico que se presupondría en un libro de estas características y sin embargo mucho más cercano por dar voz a su convivencia con los milicianos que estuvieron bajo su mando.

Moriría en 1992 en París y sus amigos esparcieron sus cenizas al río Sena. Años después, en 2013 los directores argentinos Fito Pochat y Javier Olivera realizaron un documental sobre la figura de Mika que se estrenó en España en el centro Matadero de Madrid sin que tuviera un eco informativo destacado en los medios de comunicación.

Su entusiasmo y capacidad de liderazgo bien podría haber sido objeto del célebre verso del poema de William Blake: ¡Oh, capitana! ¡Mi capitana!

Foto tomada de: Frontera D

Portada del documental Mika, mi guerra de España. (2013)

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Jesús Sánchez Tenedor

Historiador. Documentalista. Licenciado en Historia del Arte (UB) y en Documentación (UOC) Máster en Estudios Históricos (UB). Tesina sobre "Violencia política en la Transición". Entabla a diario estrechas relaciones con los documentos en los archivos: cuentan cosas que la ficción envidia. La Historia es su ideología. Su hábitat mental es el extrarradio. Su pasado también: Prefiere escuchar, ya que es un arma de sabiduría masiva. El problema es que en las raras ocasiones en que habla, arranca y no para y Fidel Castro parece un aficionado a su lado. Por eso casi nadie le escucha y prefiere tener la razón de los locos que ser un loco de la razón. Fascinado por la Transición, prepara un libro sobre su gran agujero negro: el Caso Scala.
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