15 de julio del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Por si fuera chica la cruz de vivir por encima de nuestras posibilidades, ahora nos viene fray Margallo avisando del Apocalipsis. Votar contra el Clan de los Genoveses, o sea, al frente popular masónico-sociata-chavista-separatista, será “una catástrofe de dimensiones bíblicas”. Algo como las plagas de Egipto, Sodoma y Gomorra, el derrumbe de la Torre de Babel, el diluvio universal… Pensando en eso me acosté anoche, maldita ocurrencia.

Se me metió en la cabeza que si gobernaban otros, España llegaría al billón de deuda, tendríamos ley mordaza, los sueldos estarían en 500 euros, Hacienda nos exprimiría, la corrupción política nos comería, la hucha de las pensiones se vaciaría… en fin, una pesadilla. Y vengan vueltas en la cama. Y una sed… Y de pronto me vi en un monasterio medieval. Y fray Margallo, con hábito dominico, chillando en el púlpito como cochino escaldado. Que si el populismo, que si Maduro, que si Podemos, que si el PSOE, que si Grecia… Y qué calor… Y qué sed…

Y yo vengan vueltas. Y en una de esas escucho a fray Iglesias, flacucho, a mis espaldas, las manos al techo, los ojos inyectados de herejía: “¡Penitenciágite! ¡Penitenciágite!”, como el hermano Salvatore en «El nombre de la rosa»: “¡Penitenciágite!” Y su voz retumbaba en la cripta, y la de Monedero, y la de Garzón, y la de Sánchez, y la de Manuela Carmena… “¡Penitenciágite!”. El grito de guerra de los dulcinistas, aquellos populistas que en el s. XIII degollaban a todos los curas gordos y ricos. En Europa, no en Venezuela.

Y el hermano Margallo desde el púlpito, los ojos fuera de las cuencas, el dedo tembloroso y acusador, señalándome: “Herejía, herejía”. ¡Gensanta! ¿Cómo sabía el puñetero fraile que yo era contrario a la jerarquía eclesiástica, al sistema feudal y al Pepé, S.A.? ¿Partidario de una sociedad igualitaria, comunitaria, basada en la igualdad de sexos, o sea, un dulcinista redomado? ¿En nombre de la doctrina del amor y de la otra mejilla, me despellejarían, crucificarían y descuartizarían como al hermano fray Dulcino, fundador del movimiento?

Y de repente vi al Clan de los Genoveses caminando por el atrio, cantando en latín, penitenciando, descalzos y medio en cueros, como coro de flagelantes. Mariano, Margallo, Floriano, la Espe, Fernandíaz, Marhuenda… Todos vaticinando la catástrofe de dimensiones bíblicas, penando por España, zurriagazos van y vienen, latigazos a diestro y siniestro, correazos a mansalva, los costillares al aire, las serranas carnes abiertas y sangrantes, castigar al cuerpo para salvar a España, y vengan cánticos, chasquidos y verdugazos, azotes y cuerazos… ¡Qué palizón! Y entonces sonó el despertador, en lo mejor de la pesadilla, y abrí los ojos: “¡Penitenciágite! ¡Penitenciágite, Mariano! ¡Cago en to lo que se menea! ¡Penitenciágite!”

Y una de dos: o hago caso a mi familia y olvido los periódicos o voy a terminar peor que España.

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Jose Antonio Illanes

José Antonio Illanes es escritor. Trabaja en la multinacional Red Bee Media como subtitulador para sordos y audiodescriptor para ciegos. Acumula multitud de premios en el campo de la narrativa: Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Malela Ramos, Ciudad de San Sebastián, De Buenafuente, Gabriel Miró, La Felguera, Tomás Fermín de Arteta... Es autor de "Historias de cualquier alma", "La trastienda de la memoria" y "El azor y la zura", premio de novela Malela Ramos. Es colaborador de la revista cultural Atalaya y ahora de La Réplica.
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