15 de octubre del 2019
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Lo leía hoy con estupor.

La cuenta de la Polícia Nacional en Twitter se mofaba de un hombre que, supuestamente, escondió droga en su peluquín. Medio kilo de cocaína para ser exactos.

La Policía Nacional, entre cuyas obligaciones está, la de mantener la presunción de inocencia, utilizó un canal de comunicación masivo para informar del suceso en tono de mofa, haciendo escarnio del caso.

El tweet es el siguiente:

No se trata de corrección política, tampoco de falta de sentido del humor (Buenafuente, por ejemplo, hizo un tweet riéndose del caso, y no tengo nada que reprochar), es una cuestión de derechos y libertades. Si a una persona se le detiene por lo que podría ser un caso constitutivo de delito, demasiado tiene con la que se le viene encima, como para verse en las redes sociales siendo objeto de bromas y soportar un linchamiento público.

¿Por qué la Policía española decidió publicar un tweet así?, por cierto, ¿alguien sabe a qué vienen esos emojis? ¿En qué aporta valor informativo a la ciudadanía? ¿Sirve para concienciar? ¿Tiene intención ejemplarizante?

Ninguna explicación parece de recibo, pues es evidente que se trata de una anécdota elevada a la categoría de mofa por quienes deberían preservar los derechos de las personas, sean culpables o inocentes.

A la Policía Nacional, una institución que pagamos con el dinero de nuestros impuestos, se le presupone saber estar, educación, respeto y capacidad de comunicación. Su cuenta de twitter está demasiadas veces politizada y muestra salidas de tono propias de cuentas personales.

En comunicación se dice que cada mensaje debe adaptarse al canal en que va a ser comunicado, pero no pueden ser los códigos del canal los que deformen y desnaturalicen el mensaje. Bastaba con decir, «un hombre es detenido por tráfico de drogas». La Policía española decidió hablar del peluquín y precipitar una conclusión: Se le va a caer el pelo (o lo que es lo mismo, le espera la cárcel). Decidió usar el tono heredado de un Community Manager estrella que dejó también la semilla de malas praxis en el sector. Lo institucional, lo legal y lo ético, mal que pese a muchos CM, está muy por encima de un estilo particular a la hora de comunicar.

Usar bien las redes de una institución de tanto calado tiene que ver con la ejemplaridad que muestras, con la responsabilidad pública y el buen uso de las mismas. En definitiva, con ser profesionales por encima de todo.

Lo peor es que no se trata de un mensaje aislado, esa falta de responsabilidad y sensibilidad en la cuenta de la Policía Nacional nos ha acompañado estos últimos años y nadie parece ponerle remedio.

La ciudadanía merece un mejor uso de los canales públicos. No parece de recibo que, de tanto en cuanto, terminemos preguntándonos cual Rorschach en Watchmen, ¿quién vigila a los vigilantes?

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
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