22 de julio del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



En Jerez, los más incondicionales del que fuera, durante bastante tiempo, alcalde de la Ciudad, Pedro Pacheco, suelen comentar que “el gran defecto de Pedro es el no haberse retirado a tiempo”. Parece que es uno de los defectos más acusados de los políticos que, en su día, pudieron ser más brillantes, el creerse indispensables, el no saber retirarse a tiempo porque acaban creyéndose que sin ellos al frente de la poltrona correspondiente, todo se va a venir abajo y  “su obra” va a hundirse en el olvido. Dicen los “pachequistas” de mi ciudad que si “Pedro se hubiera ido a tiempo, ahora hubiera vuelto en olor de multitudes…” porque son muchos de los suyos que lo echan de menos al comprobar, a su criterio, la poca calidad de los actuales políticos en el Ayuntamiento. Y añaden algo así como que… “cuando una batalla está perdida, sólo los que han huido pueden combatir en otra”.

Frases sobre aduladores

Frases sobre aduladores

Naturalmente, los forofos de este tipo de estrellas políticas no quieren darse cuenta que han sido ellos mismos los que han desprestigiado a su líder, les han cargado los oídos con adulaciones y consejos de permanencia en el puesto, cuando incluso el mismo candidato veía que tenía que dejarlo. Pero la insistencia de los aduladores de turno, que buscan sólo su propio interés a la sombra de su bienhechor político, frena el posible intento de retirarse a tiempo. Eso de acabar reconociendo que nuestro tiempo ya pasó, que hemos de dejar paso a las nuevas generaciones y que el mundo no se va a hundir porque no estemos al frente de las instituciones u organizaciones de turno. Porque el tema no sólo se circunscribe a los políticos, sino que también a los líderes sindicales que se eternizan en sus puestos y prácticamente se van casi enlazando con su jubilación cronológica: o incluso a los dirigentes de asociaciones de vecinos, de comunidades, ONG, etc… les cuesta mucho el dejar el puesto de relevancia, aun cuando se quejan continuamente de la responsabilidad que les supone estar al frente de la organización y del trabajo que conlleva su presidencia.  Eso de retirarse a tiempo o dejar el puesto para los que vienen detrás no es una costumbre ni un hábito frecuentes en nuestra sociedad. El puesto parece que da carácter y  está hecho  para perpetuarse en él.

Hace tiempo leía un escrito cuyo titular me llamó la atención: Las enfermedades del poder” y subtitulaba así: “Los psiquiatras consideran que la soberbia, la ambición y la arrogancia son patologías de la política” y yo añadiría que el creerse imprescindible el político a los sones de los aduladores de turno.

Piero Rocchini

El escrito aludía al estudio realizado por el psicólogo italiano Piero Rocchini “Las neurosis de sus señorías”. Piero había sido durante nueve años psicólogo de la Asamblea Italiana y, por tanto, sabia de qué opinaba. Refiriéndose al mayor de los peligros que podría amenazar a un líder político, decía: “es no saber controlar el placer que experimenta hacia su propio papel y conseguir que éste no sea el objetivo final de la acción de todo su grupo”. Y eso lo hemos ido experimentando los ciudadanos con los aquellos líderes que se endiosan de tal modo que confunden el bien de su persona con el bien del propio país, de tal manera que como dijera, en su día un célebre político: “Si gran parte de mi actividad se considera puramente criminal, entonces gran parte del sistema sería criminal”. Naturalmente, él identificaba sus desmanes políticos con el sistema, y lo acababa justificándolo todo por ser él quien era. No permitía ni una sola autocritica de su labor política porque se consideraba por encima del bien y del mal. Hasta ese nivel llega la arrogancia y la soberbia de una persona que se cree elevado a los altares del olimpo por las adulaciones y lisonjas de quienes lo rodean.

Hace algún tiempo, un equipo de psiquiatras realizó un informe sobre los trastornos que provoca la adicción al poder y sacan unas conclusiones tremendas: “Si los políticos prolongan su permanencia en el poder, se vuelven seres irritables, prepotentes, megalómanos, sólo buscan el halago, pronuncian discursos farragosos, padecen incontinencia verbal, se aíslan, pierden su capacidad de autocrítica y, por tanto, el sentido de la realidad”.

El informe seguía con afirmaciones demoledoras que, a muchos de nosotros nos resultan familiares cuando contemplamos las actitudes de muchos de nuestros políticos, unos que nos dejaron empujados por el abandono de los electores y otros porque aún continúan en la palestra pero entorpeciendo la marcha de su propio partido y, sobre todo, de la misma nación. Eso de retirarse a tiempo no es un actitud que se emplee con frecuencia ni  sin ella, la adicción al poder viene a ser una enfermedad que algunos nos hacen pagar a los ciudadanos con cierta crueldad, eso sí, enmascarada con sentimientos de amor a la patria y de sacrificios que nadie les ha pedido.

González y Aznar, dos expresidentes que cada vez que vuelven hacen el ridículo.

González y Aznar, dos expresidentes que cada vez que vuelven hacen el ridículo.

El informe aludido venía a decir en otra de sus conclusiones que el político “cuando pierde el poder le invade el terror al vacío. Entonces se da cuenta de que ha perdido la familia, amigos y carecen de puntos de referencia”. Entonces los que ellos consideraban como amigos que, en realidad, eran aduladores y, en todo caso, colaboradores complacientes, desaparecen del mapa cuando el líder se cae del pedestal y ya no lo necesitan. Ahora buscarán a otro para continuar comiendo en el mismo pesebre. Esa es la realidad que hemos visto en tantos y tantos políticos que, en su día, vivían rodeados de mucha gente, que les gritaban toda clase de parabienes y les adornaban los oídos con que eran los mejores, los imprescindibles, los que se llevaban de calle a los electores por su valía y clarividencia… pero que, cuando las urnas lo olvidaron, ya no era el pequeño “dios” que se creía y que lo habían hecho creer el entorno complaciente y adulador que le rodeaba. Hay algunos políticos que intentan resucitar cuando hay quien les hace creer que la nación, la ciudad o la Autonomía lo necesitan y vuelven para hacer sus pinitos, pero ya la multitud no se acuerda de él y acaban reprochándole frases como “con lo que yo he hecho por vosotros.. y así me lo pagáis”. Pero la vida es así, y la política en un día te endiosa y en otro se olvida de ti. Esa es la realidad que hay que asimilar. Muchos son los que no aceptan esto y siguen pordioseando un puesto de altura a costa de esas puertas giratorias que llevan a los perdedores al Senado o al Consejo de Administración de una gran empresa, donde acaban recibiendo buenos sueldos y un estatus que, cuando comenzaron en su vida política, a veces criticaron y que hoy les parece merecido por sus servicios al  “bien común”.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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    Una Réplica

  1. Joseph

    Los dinosaurios se extinguieron. Y sería un caos que volvieran ahora. .. Francisco murió y algunos lo quieren de vuelta. .. incluso el Adolf es echado de menos. .. la política a de evolucionar con la ciudadanía. . Y tenemos Buenas personas. . Nuevas y renovación tanto de ideas ya conocidas y válidas como de nuevas ideas… la unión entre las fuerzas que en sus propias iniciativas y programas piden lo mismo es lo más seguro. .. que se antepone el bienestar del pueblo a la poltrona de unos u otros. .. vamos TODOS a votar. . Que también nosotros como pueblo tenemos el deber de impedir que usen la frustración ocasionada por el ninguneo al que la vieja escuela política nos somete y evitar que se use la abstención a favor de los que están. . Ero abstención. .. así ganará el deseo de TODA la población.

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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