28 de septiembre del 2020
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Acabo de leer en la prensa local un artículo de un buen amigo titulado Otro referente que se nos ha ido. Se refiere a la reciente muerte de Pedro Casaldáliga, un obispo nacido en un pueblecito de Cataluña, que hace muchos años se fue de misionero a lo más inhóspito de la selva brasileña, y desde allí luchó contra la injusticia y opresión que sufrían los habitantes de la zona.

Fue una tiranía perpetrada por los terratenientes, que eliminaban a todo aquel que se opusiera a sus pretensiones. Hace unos meses también desaparecía otro referente cristiano, Ernesto Cardenal, que había significado una importante luz para quienes intentábamos no perder la estela e inspiración de Jesús de Nazaret.

Para los creyentes comprometidos, sobre todo a finales del siglo pasado, hubo una serie de personas que fueron referentes de su caminar por ese sendero difícil y sinuoso de una fe comprometida con los sectores más pobres de la sociedad. Fueron creyentes que se tomaron en serio su compromiso de fe en el mensaje cristiano y lucharon por dar voz, desde su modestia, a los más marginados de la sociedad.

Algunos de estos referentes han muerto y otros han sido eliminados por la jerarquía católica tachándolos de lo peor por quienes han creado un tipo de Iglesia ritualista y anclada en las peores formas de unas creencias sin compromiso ni vitalidad alguna.

En esto tuvo mucho que ver, en su versión más negativa, la actuación en su día de Juan Pablo II, que se cargó todo lo que suponía algo de primavera en una institución que necesitaba de alicientes para la juventud y los sectores más vivos de nuestra sociedad.

En mis tiempos jóvenes, vivíamos mucho de mirar a los referentes tanto religiosos, sociales, como políticos. Estas personas actuaban como animadores de nuestras ilusiones sociales y religiosas, sirviéndonos siempre de apoyo y sostén de los valores y compromisos sobre los que intentábamos construir nuestra vida. Creíamos que nuestros ideales podían realizarse porque otras personas, de carne y hueso, nos indicaban con su ejemplo que era posible.

Hoy nos resultan complicado vislumbrar donde se encuentran estos referentes vitales, que pudieran iluminar a quienes andan intentando dar sentido a su vida. Hay demasiado juguete roto, sobre todo, a nivel político que nos confunde. Muchos de los que, en su día, a nivel político y social ejercieron de referentes, más o menos positivos, hoy los vemos eclipsados, deteriorados en su pensamientos, defendiendo posiciones e ideas de lo más “carca” que abundan por ahí, cuando no han caído en la red de la corrupción.

Su aburguesamiento ha llegado a tales extremos que su figura nos produce tristeza cuando no lastima nuestra sensibilidad. Lo mejor que hubieran hecho, algunos de ellos, es mantenerse callados y escondidos para no herir a muchos de los que, en su día, fuimos sus seguidores, o al menos nos sentíamos acompañados por sus ideas.

Esta falta de referentes está creando una sociedad más mediocre en todos los aspectos. Sin ellos, difícilmente nos ilusionamos por llevar a adelante compromisos para crear una sociedad más justa y solidaria. Puede que el escepticismo se vaya apoderando de la mentalidad de los sectores más vivos y comprometidos  de esta sociedad; y que la mediocridad cultural, religiosa y política, vayan ganando terreno a una velocidad que se nos escapa. Y, sin embargo, necesitamos como referentes a esas personas que, por su compromiso y sus ideas, vayan ayudándonos a armarnos de esperanza e ilusión para trabajar por un mundo mejor dentro del ambiente en que nos movamos.

Ciertamente, a las personas de cierta edad se nos están yendo los referentes a los que, primero en nuestra juventud y después en nuestra madurez, nos agarramos para poder ilusionarnos y seguir luchando por una mejor sociedad en su contexto.

Esos ideales, que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas, se han ido diluyendo a medida de que la sociedad en que vivimos ha ido amortiguando su empuje debido al deterioro de la convivencia y al enfrentamiento continuo con unos mensajes violentos que han ido desanimando a los mejores.

Los jóvenes necesitan encontrar personas sanas, valientes y comprometidas en todos los ámbitos; sociales, religiosos o políticos, ejemplos que les sirvan de espejo donde mirarse, de estímulo para luchar por una sociedad mejor y de luz para aclararse en sus ideales y compromisos.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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    Una Réplica

  1. Jose Luis Alvarez

    Otro gran referente fue a mi juicio, y no ceso de leerlo desde hace decadas, es Luis Cencillo, madrileño nacido en 1923 y fallecido en 2008, pensador creyente comprometido con los más débiles y autor prolífico que ahonda en los fundamentos filosóficos, antropologicos y psicologicos de la fe en Jesús de Nazaret, muy crítico con el pensamiento oficial e histórico de la Curia Romana y de sus curias locales seguidistas. A mi me ayudó muchísimo a refunfamentar mi fe y a crecer espiritualmente. Tres años antes de su fallecimiento publicó un solido libro, El entramado de las creencias, Ediciones Syntagma, 2005, en el que resume y actualiza su pensamiento y praxis cristianos. Lo recomiendo vivamente. Un saludo cordial desde San Sebastián.

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