03 de agosto del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Cuando uno da el paso de representar a sus conciudadanos con un cargo político tiene que saber que los errores se pagan. Es lo lógico entre los que nos consideramos por encima de todo demócratas. Pero en un país como el nuestro, donde sus mas altas instancias se permiten el lujo de cometer graves errores, pedir perdón y seguir chupando de la teta de papa Estado, ¿qué podemos esperar de representantes de bajo nivel? Si al mandamás Juan Carlos I le hemos permitido de todo, lo lógico es que aquí nadie sea capaz de conjugar el verbo dimitir.

El concejal jerezano Antonio Saldaña ha cometido un error: dar positivo en una tasa de alcoholemia con un 0,88 según la prensa. A cualquier persona sin cargo público le supondría la retirada del carnet durante algún tiempo y una sanción económica, pero a alguien que sustenta sobre sus espaldas el apoyo de tantos votos, no le basta con pedir disculpas, sino que debería dimitir y dedicarse a otra cosa.

Porque la reflexión es: ¿Cómo se puede dictar las normas, votarlas y luego no cumplirlas? Por cosas como esas las gentes manifiestan luego un desapego evidente con la política y los políticos demócratas, dando alas a los partidos que se ceban con los populismos. Hoy vemos una gran cantidad de impresentables dirigiendo los designios de la humanidad, ¡y así nos va!

Todos tenemos derecho a equivocarnos, a pedir disculpas y a corregir nuestros actos, pero en política no se puede permitir tanto: la mentira, los incumplimientos de las leyes, sustraer dos botes de crema, los privilegios, robar, prevaricar, las cajas en B, alentar a la violencia y mil cosas más… este caso debería de ir acompañado de la dimisión y de la restauración del daño causado.

Pero en este país hay una calaña de individuos que han hecho de la política su profesión. Viven permanentemente engañando, sacando rédito personal de esta actividad para él y su partido. Algunos cambian de partido como de chaqueta y se camuflan tras signos y banderas preocupándose solamente por saber cuántos votos van a sacar en las próximas elecciones para seguir ordeñando los recursos públicos.

Puede que yo no sea ejemplar. No me he puesto de luto ni me he desgarrado llorando, pero sí tengo en la mente los miles de muertos que hay en este país en estos días y lo que menos me apetece es estar de copas.

¿Con qué autoridad le puedo pedir a la gente que hagan lo que yo no soy capaz de cumplir?

Estoy seguro que el Señor Saldaña no va a morir de hambre si deja la política, pues es una persona con recursos, algún título y capacidad de trabajo, pero lo que si ha quedado claro es que políticamente ha perdido cualquier atisbo de credibilidad. Por lo que desde esta columna solo le puedo recomendar que no se esta tan mal siendo un simple militante de la organización que represente tus intereses.

Haga usted lo que le venga en gana, pero si me hubiera tocado a mí este episodio yo conjugaría el verbo dimitir diciendo claramente: “Yo dimito”.

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Manolo Fernández

Activista contrapoder. Fue concejal de Ganemos Jerez
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