03 de agosto del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Es la madrugada de un domingo de la última semana de julio. Son noches calurosas en Barcelona, sin embargo, la ciudad está desierta, vestida con el color oscuro de esta inusual y calmada anormalidad.

Desde mi terraza no veo el mar, pero apuesto a que está tan quieto como una balsa. No tiembla con las músicas atronadoras de los chiringuitos del paseo. Sus visitantes nocturnos están ya en casa, o acaso no han venido.
La noche es bochornosa, pero nadie se refresca en un parque a base de cervesa/biar. Ya entró la madrugada hace rato y las terrazas de los bares cerraron a las doce de la noche.

Ni siquiera alcanzo a oír coches ni motos pasando por la calzada. En mi cabeza solo se escucha el zumbido de mis oídos tras una larga noche de discoteca. Es el precio de años trabajando tras las barras de festivales, discotecas y salas de conciertos. El ruido de las noches de verano ya no es ese de una Barcelona embriagada y en ebullición, si no este zumbido molesto que me recuerda que este año se nos esfumaron muchas de nuestras libertades y deseos.

Quizá echamos ahora de menos lo que antes llegaba a molestarnos del verano en la capital catalana

De mi ventana cuelga una guirnalda de bombillitas baratas con forma de piña y con unas baterías ya gastadas, que se iluminan de vez en cuando, como único resquicio divertido del silencioso verano en la Ciutat Comtal.
Cuando no teníamos dinero para grandes viajes vacacionales. Con tan sólo unos euros para rebajar el caluroso clima en el centro de la ciudad, pasando la noche en sus diferentes rincones, calles y plazas. No teníamos mucho, pero Barcelona nos daba tanto…

Algunos medios de comunicación dicen que la madrugada del sábado fue un desmadre de fiestas sin control en las plazas y en las playas de la ciudad, con jóvenes de botellón repartidos por todo el litoral, buscando divertirse en la noche de un caluroso sábado de verano, buscando algo de luz en la luna, cuando su verano ya no es azul, sino color ceniza. Los rescoldos de una sociedad que ya no soporta tanta restricción a falta de medidas preventivas y eficaces para combatir una pandemia global.

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Silvia S.Rubio
Alicantina afincada en Barcelona, es Licenciada en Periodismo y Máster en Comunicación. Ganadora de un par de concursos por sus relatos de ficción. Creadora de #STREETSTORIES, proyecto literario de relatos y microrrelatos. Utiliza la escritura para crear su propio 'street story art'. Historias simples y callejeras, de lenguaje común y al alcance de todo tipo de lectores.
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