03 de agosto del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Media España ve aumentada su dioptría cuando perpleja lee el eslogan de una campaña del ministerio de Igualdad. ‘Sola y borracha, quiero llegar a casa.’ ¿Apología al alcoholismo? ¿Alientan a las mujeres a beber en bares y discotecas? La misma España que entiende lo que quiere es la que en sus medios afines habla luego de cómo iba vestida la víctima tras ser violada, o que ‘es que las dos chicas viajaban solas’ cuando acabaron desnudas y sin vida en algún descampado.

Querer mirar el eslogan atendiendo a pura hermenéutica sin entrar a digerir el contexto y los porqués del mismo, es asignatura clave para todos estos medios apocalípticos de la autoproclamada España de bien. Si el eslogan tenía intención de llamar la atención lo ha conseguido y bien, y mal que pese a los mismos que también les parecía mal la Ley de Violencia de Género en 2004 y hoy desde la derecha se ponen medalla de su existencia, solo trae a la superficie una necesaria problemática que existe en nuestras calles.

En un país con catorce mujeres asesinadas por sus parejas en 66 días de lo que va de año, es innegable que una de las situaciones en las que la vulnerabilidad es mayor sucede cuando se encuentra sola, ya sea volviendo a casa de fiesta, haya o no bebido, de hacer footing o de cenar. Pero si ha bebido, por el mero efecto del alcohol, su vulnerabilidad se acrecenta, y no resulta precisamente difícil encontrar hemerotecas de chicas que en los mismos escenarios, volviendo solas a casa tras beber en una fiesta, no llegaron a despertar al día siguiente.

¿Cuántos padres dejan a sus hijos volver solos a casa de fiesta, pero a sus hijas las van a recoger a tantas de la madrugada aunque ya tengan 25 años o más? ¿Cuántas veces las mujeres han escrito a otras para avisar cuando lleguen a casa, sus amigas se han olvidado de hacerlo y la han llamado preocupadas? ¿Cuántos padres y madres no duermen tranquilos hasta que sus hijas vuelven a casa y sin embargo no les cuesta tanto conciliar su sueño cuando sus hijos son los que han salido de noche?

Querer negar esta realidad es querer negar lo que sucede. Es no querer plantar cara a un problema real. Y la manera de plantar cara es con las campañas de sensibilización y prevención, tanto en institutos y escuelas como fuera de los mismos. Campañas de concienciación en las calles y de hacer sentir seguras a las mujeres, y por ende, a la sociedad en sí. Entre quienes alientan el pin parental ya eclipsado por el apocalíptico coronavirus, están en contra de esto, y usan la prisión permanente como arma arrojadiza en el debate.

No parecen entender que de lo que estamos hablando es de prevenir que mueran, y sin embargo, solamente saben dirigir el discurso hacia qué hacer con el que queda vivo una vez ellas ya están violadas y muertas. Como si al desgraciado que ve a la chica sola por la calle le vaya a regar el cerebro en ese momento para hacer cálculos de cuantificación de las penas. Como si la violación y asesinato de mujeres solas por la calle se haya reducido en países donde existe la cadena perpetua o la pena de muerte para tales conductas. Van a resultar los suburbios de los Estados Unidos o China parnasos de la seguridad callejera a medianoche.

Es cuestión personal de cada uno decidir adónde dirigir el debate. Si a prevenir que mueran, o a preocuparnos más de cómo castigar al que la matará. Porque es que iba sola, vestida de aquella manera, no opuso suficiente resistencia o lo iba pidiendo. Ni para acabar con esta sangría quieren abandonar la trinchera. Quien sabe si en 16 años, como hoy hacen algunos, la derecha volverá a ponerse la medalla de esta ley. Y al que en su hombría de barra de bar diga que le da miedo acercarse a las mujeres por la entrada en vigor de la misma, porque es que te puedes buscar la ruina, que se lo haga mirar, porque igual no hay más ruina para el resto de hombres, que tener entre los nuestros a alguien con ese pensar.  

fotos: El Español y Twitter 

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Alejandro García Maldonado

Residente en Suecia. Licenciado en Derecho por la Universidad de Málaga y pianista por el Conservatorio Profesional Manuel Carra, con estudios de antropología biográfica impartidos por la Bernard Lievegoed University (etresobiografias.com) y de periodismo por el NCTJ de Inglaterra. Ha colaborado en medios como El Confidencial, Claridad Digital, El Turbión, El Importuno, La voz del sur y Cubainformación. Es autor de los ensayos «Testigos cegados» (2011) y «Transcripción del Manifiesto» (2013), la obra biográfica «Tra due anime» (2015), la novela filosófica «Al resguardo del tilo rojo» (2018) y la compilación de relatos «Son de lirios» (2020) con la que homenajeó la obra «El libro de los abrazos» (1989) de Eduardo Galeano. Actualmente cursa un máster en Teología Sistemática impartido por la Gothenburg University y escribe un libro relacionado con mujeres del pasado y presente de Málaga que se titulará «Cincuenta fenicias para una biznaga».
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    Una Réplica

  1. juan

    Es cierto que tampoco es para llevarse las manos a la cabeza por el eslogan…pero también es verdad que por mucho que queráis argumentarlo, no es acertado que una institución pública de ese calibre (un ministerio!!) utilice esa expresión…hay miles de opciones que ponen mas en valor e identifican a todas las mujeres…no solo a las que salen de fiesta y vuelven borrachas….

Participa libremente y desde el respeto. Del debate nos enriquecemos todos.

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