15 de octubre del 2019
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Vivimos tiempos de pasmosa frivolidad, de sorprendente artificialidad y supina estupidez. El relato histórico, secuestrado por la inminencia de unos medios de comunicación ávidos de audiencia y de publicidad, ha quedado convertido en una mera crónica de sucesos, la mayoría intrascendentes desde el punto de vista del campo de la historia. En este contexto, los intelectuales serios, expulsados del ruido de los “mass media”, encuentran su acomodo en el ámbito marginal de la reflexión.

Es el precio que deben pagar por la seriedad y el trabajo bien hecho, el precio de la honestidad, en todo caso preferible al precio del autobombo y de la hipocresía. Como escribía Serge Halimi, director de “Le Monde Diplomatique”, en la edición del mes de octubre, “…en un clima ideológico tan pesado, un periódico independiente no está de más. Se dirige a lectores que reclaman distanciamiento, que están hartos de ser bombardeados con información sin importancia y emociones destinadas a ser consumidas, digeridas, olvidadas. Alienta las resistencias allí donde tantos otros se dedican a aplastarlas”.

Me permito acotar la afirmación para acusar de aplastar las resistencias, no solo a quienes genéticamente forman parte de las élites dirigentes sino, sobre todo, por renegados, a quienes sin ser portadores de genética alguna, pretenden incorporarse a dicha élite sin la menor voluntad de transformación, esos “falsos progres” que denunciaba hace casi un año y que proliferan en el día a día de un campo cultural cada vez más saturado de ignorancia por connivencia con esos medios de comunicación tan ávidos de dinero como faltos de argumentación.

Serge Hamili La Réplica

La auténtica cultura, en proceso de demolición, cuando no de exterminio, construye sus barricadas muy lejos de la primera línea de fuego. Y es que debe uno reconocer que en un clima tan adverso  no resulta inteligente consumir energías en discusiones estériles. Siguiendo con el escrito de Serge Halimi, “¿Debe uno escandalizarse y abrumar a todos sus contactos con tuits furiosos? A la larga, el acoso a los sitios sulfúreos con comentarios inadmisibles con los que uno se indignará de común acuerdo con sus amigos se vuelve un ejercicio fastidioso y vano. Para preparar sus combates, es mejor tratar de comprender. Con el riesgo de que uno nunca sea comprendido por los profesionales de las portadas sensacionalistas y de las denuncias altisonantes”.

En efecto, alejarse de los frentes de las superficialidad y, por consiguiente, del poder establecido, no debe interpretarse en ningún caso como una genuflexión ante el fuerte o como una aceptación de la derrota. Antes al contrario, constituye el remedio legítimo de quien no está dispuesto a librar la batalla en el campo enemigo y con las armas elegidas por éste. El remedio de quien huye de la conquista de los tiempos cortos periodísticos en busca de una hegemonía cultural en el tiempo largo de Braudel.

 

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David Condis Almonacid. Escritor y letrado de la Seguridad Social. España no puede caer en una espiral autodestructiva. Replicar forma parte del proceso dialéctico que debe conducirnos a soluciones equitativas.
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