22 de septiembre del 2019
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Asómese a Twitter, es probable que en este preciso instante alguien esté siendo ajusticiado. Para acceder al espectáculo sólo le pedirán una cuenta en la red. No hay límite de edad. Si está de humor, puede incluso participar. Busque en el listado de trending topics un nombre propio y pinche sobre él; acaba de situarse bajo el cadalso de la ejecución. Haga scroll en el timeline para conocer de qué se acusa al infractor, los detalles del juicio y la posterior sentencia. Tiene varios trucos a su disposición que le ayudarán a acotar el contexto: identifique a los denunciantes de la infracción, revise los tuits con mayor interacción y examine qué figuras públicas intervienen en el proceso. Para terminar, posiciónese. Déjese llevar por la corriente que más le convenga; encontrará posturas marcadas a favor y en contra del condenado.

Si es su primer ajusticiamiento debe entender una última cuestión. Suponiendo que ha llegado hasta aquí por voluntad propia, con intención de participar, sea cual sea su postura sumara en el proceso condenatorio. Hágase cargo de la paradoja. Ponga sus mejores 140 caracteres al servicio del reo y estará alimentando su sobreexposición, cebará un debate excesivo sobre el valor del personaje para nuestra sociedad. Algunos elogiarán su obra frente al desprecio de los otros, pero ambas partes estrecharán tanto el marco moral que terminará asfixiándole. La soga digital.

Cualquiera es susceptible de caer por esa trampilla. Dentro de Twitter conviven múltiples sensibilidades en eterna fricción, algunas siempre dispuestas a sentirse agraviadas; basta con tocar la tecla adecuada para verte confinado entre hashtags de #felizjueves y #Cámbiame369. Es el nuevo ’15 minutos de fama’. No obstante, el escarnio público suele estar reservado a figuras de cierta trayectoria que, o bien han cometido alguna imprudencia, o directamente han buscado generar polémica. En 72 horas hemos sentenciado a Antonio García Ferreras, Álvaro Zancajo, el Nega de Los Chikos del Maíz, Tania Sánchez, Dani Parejo, la revista Jot Down y el anuncio de Campofrío.

Algunos casos son especialmente reseñables. El Nega, por ejemplo, fue reprendido tras caracterizar a la clase obrera con una metáfora bucodental mientras él, a su vez, arremetía contra la Jot Down por parodiar el asesinato del embajador ruso. Se crea aquí un circuito cerrado de ofensores y ofendidos en continua disputa por fijar el estándar ético, partes en un juzgado de guardia constante que procesa sin discernir entre personas o entidades; igual de injusto para todos.

Otro ejemplo fascinante es el caso de Campofrío. Fiel a su tradición invernal, la marca de embutidos lanzaba un anuncio pretendidamente conciliador en el que distintas personas representan extremos irreconciliables. Tras un giro final, los supuestos antagonistas resultan ser pareja. “Que nada nos quite nuestras diferencias. Que nada nos quite nuestra capacidad de superarlas”, reza el spot. ¿Cuál fue la reacción inmediata en Twitter? Resaltar lo que nos separa de él. “Que nada nos quite la capacidad de señalar nuestras diferencias”, habría sido más acertado.

Escapar de la soga 2.0 parece sencillo, bastaría con mantenerse al margen. Quedarse fuera de la red. Sin embargo, el comité de moralistas inclementes ejerce a ambos lados de la frontera. La ciberjusticia es una carretera de doble sentido y suele ocurrir que el pecado material termina purgándose en Internet; lo cual se presta a interpretaciones disparatadas: «Los ‘tuiters’ habéis condenado a Rita Barberá a muerte», Celia Villalobos dixit. Existe, además, la convención posmoderna de que quien no está en las redes sociales, no existe. Como las acciones de una empresa, la reputación online fluctúa en función de los sentimientos que generamos, de manera que existimos porque tenemos redes y nos volcamos en ellas para acumular valor -canjeable en el plano real-. Esta buena reputación garantiza una mayor visibilidad en el procedimiento que evaluará al reo; el matonismo será más efectivo.

Dando por hecho que resulta imposible abstraerse, muchos abordan el asunto al estilo de La Ciudad y Los Perros: “O comes o te comen, no hay más remedio”. Determinados trending topics se plantean siempre en esos términos, sabes que al pinchar sobre el político de turno entras automáticamente en una reyerta. Da igual si son de izquierdas o de derechas, siempre habrá perros que quieran cazar al zorro.  A los pies del cadalso se amalgaman turbas de anónimos que defienden atacando, denigran a @fulano y @mengano con sonrisa caníbal y la ironía a flor de piel; que para eso es Internet. Si hacemos cuentas, Twitter sale a guerra civil por día.

En estos casos el condenado excusa trifulcas. Hay otros procedimientos más ordenados. Unánimes. Ajusticiamientos oscuros con los anónimos repudiando a coro. Y Twitter ardiendo. Aquí conviene pedir la soga, siempre es mejor que una pira.

Independientemente de cómo  suceda, resulta aterrador. Es la horca en la plaza del pueblo, y el pueblo está tan viciado que lastima por diversión. Represaliados y resarcidos, todos participan en este sucedáneo de justicia social que ha extraviado su razón de ser. La pobreza no se erradica en Twitter. En Twitter se juega a encontrar las siete diferencias entre lo que es y lo que, para nosotros, debería ser; y en la partida intervienen auténticos ludópatas pertrechados con este altavoz tamaño industrial.  Quienes ya hablan a gritos, ¿de verdad necesitan el altavoz?

Pero no pierdan el foco, estábamos hablando del acusado. Haya o no caso, su reputación quedará marcada. Urge crear una segunda AVT: Asociación de Víctimas de Twitter. Afectados por lo que llaman posmodernidad cuando quieren decir cinismo. En la actualidad retuiteamos contra el TT de turno, un gesto mecánico, cerramos la tapa del ordenador y a dormir con la conciencia que cada uno tenga. En un futuro, cuando la radicalización y el iNihilismo converjan, la metáfora de la horca será insuficiente; entonces el proceso mutará en una experiencia más vivencial. El verdugo, provisto de un smartphone, pondrá en marcha el streaming y tuiteará: “Pena capital @acusado. RT para salvar. Fav para ejecutar. Elige instrumento (emoji de pistola y emoji de jeringa)  Reserva tu fotografía post mortem en el siguiente enlace – #JusticiaOnLive.

 

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Claudio Moreno

Periodista freelance. Redactor de laSexta entre 2012 y 2015. Ha publicado artículos culturales en Yorokobu y Negratinta.
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