17 de julio del 2019
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En estos días está concluyendo un año escolar más y resulta necesario que se reflexione sobre la marcha de la educación en nuestro país y en nuestra Comunidad Autónoma. Una reflexión crítica que vamos a hacer desde el punto de vista de un jubilado que, pese a su edad, aún se siente preocupado por el estado de la educación en nuestra sociedad, por aquello de que el nivel educativo de las nuevas generaciones es las mejor herencia que podemos dejar a quienes nos siguen en este mundo.

La educación siempre ha sido un tema importante en nuestra sociedad, sobre todo, entre sus sectores más vivos. Se tiende a considerar como uno de los pilares básicos de nuestra estructura social por cuanto siempre se mira, desde él, al futuro. Todos somos conscientes de que si el sistema educativo funciona, las generaciones que nos siguen tendrán más posibilidades de moverse en un ambiente social más favorable, de personas más formadas y capaces, de un entramado social más equilibrado cultural y socialmente hablando, y en definitiva más abierto y progresista. Digamos que una de las esperanza que suscitó la democracia del año 78 era la de alumbrar un sistema educativo donde la igualdad de oportunidades, la cercanía de los centros académicos a los rincones más escondidos de nuestra geografía, la creación de un cuerpo docente, decentemente remunerado, dignificado y bien formado, el diseño de currículos adaptados al ritmo y a las necesidades de una sociedad en continua evolución… eran una aspiración que a todos nos entusiasmaba. Es verdad que se ha avanzado mucho, sobre todo, cuando se mira a como estaba el panorama educativo en tiempos de la dictadura. Pero, en general, no nos sentimos satisfechos. Valorando lo que hemos conseguido como sociedad, sentimos que nos hemos quedado cortos en muchos objetivos, se han creado muchas frustraciones por el camino, y algunos de los actores fundamentales del sistema educativo, como pueden ser el profesorado, se sienten desilusionados, desplazados y huérfanos del respeto que necesitan para cumplir con dignidad su trabajo.

¿Qué ha pasado? En primer lugar, los políticos en su afán de protagonismo personal o de partido, han movido con inusitada prisa la legislación y han provocado, en muchas ocasiones, desconcierto e inseguridad en las estructuras educativas. No se puede cambiar tanto en tan poco tiempo, sin dar el margen suficiente a la anterior reforma que se asiente y veamos sus frutos o sus defectos. Tanto a nivel estatal como autonómico ha existido un afán por darse a conocer de los nuevos jerarcas políticos que han hecho que las directrices, los textos, los currículos… no daban tiempo a implantarlos porque los anteriores estaban aún aplicándose. Ha faltado en nuestros políticos un ejercicio de consenso que llevara a plantear un sistema que tuviera tiempo para desarrollarse y evaluarse con criterios razonables. Nunca hemos echado de menos una labor política donde se mirase más y mejor al bienestar y al beneficio de la sociedad, y menos a los intereses, más o menos legítimos, de un partido políticos o del protagonismo de algunos responsables educativos.

Al gobierno le importa tanto el gasto de la educación que se sumarían a utilizar el Educator-Plus de Miguel Bireva.

Al gobierno le importa tanto el gasto de la educación que se sumarían a utilizar el Educator-Plus de Miguel Bireva.

Durante nuestra Democracia se ha avanzado mucho en educación, y a la Universidad ha accedido un importante volumen de estudiantes que antes no podían hacerlo. Es verdad, pero hay que reconocer que no siempre las enseñanzas que se han impartido han estado a la altura de las expectativas de quienes se acercaba a ellas con ilusión y no pocas ganas de aprender. Unas veces por los programas propuestos, otras por la dejadez o desidia de quienes lo impartían y otras por la ausencia de más interés entre quienes la recibían… lo cierto es que el sistema no ha alcanzado las metas pretendidas. Ha habido más interés en construir físicamente muchos centros educativos y menos en insistir en la calidad de los contenidos que se impartían o en la formación y dignificación de quienes lo impartían.

Las Comunidades Autónomas que han ido recibiendo casi la totalidad de las competencias educativas con el ánimo de acercar la educación a los protagonistas más cercanos y llevar a los legisladores estatales sus mejores inquietudes, no han logrado coordinar su acción con las otras administraciones y, en ocasiones hemos asistido a un galimatías de órdenes y contraórdenes que han afectado negativamente a los centros escolares y a sus integrantes. No solo con respecto a la Administración Central sino también entre las mismas Autonomías se han dado disparidad de criterios, de planteamientos pedagógicos y, sobre todo, de inversión de medios materiales y personales que, están ocasionando desigualdad de trato entre los distintos lugares de España, por supuesto, perdiendo oportunidades entre los alumnos de las Comunidades más pobres.

El profesorado, en general, está mucho mejor preparado que antaño, no hay duda. Pero el movimiento renovador y de inquietud formativa que se vivió allá por las décadas de los setenta y ochenta, con la proliferación de revistas educativas que reflejaban experiencias educativas creadoras, de ámbitos de reflexión y de estudio donde el profesorado se sentía llamado a fortalecer sus inquietudes y compartir sus ideas y experiencias, parece decaído, cuando no desaparecido. Da la impresión de que nuestro profesorado anda desanimado por los constantes vaivenes de una Administración Educativa que emite legislación a punta pala, sin tiempo para asimilarla y, por otra parte, sin el respaldo necesario para ejercer su tarea. También lo vemos un tanto asustado ante la agresividad de un alumnado que cada día se les sube con más descaro a las barbas y ante el cual se siente desprotegido por la dejadez de la Administración y el acoso descarado de los mismos padres.

Modelos poco edificantes en la viñeta de Manel Fontdevila.

Modelos poco edificantes en la viñeta de Manel Fontdevila.

Quizás donde más críticos hay que mostrarse es con respecto a los padres de los alumnos, porque parecen haber olvidado que ellos son los auténticos educadores de sus hijos y que el profesorado son los enseñantes. No invirtamos los papeles. El hogar es el escenario donde los niños deben ser educados en todos los ámbitos de su vida, a los que los padres han de transmitir los valores que deben presidir su comportamiento. Al Colegio van a recibir las enseñanzas necesarias para desarrollar en la sociedad como los protagonistas de ésta, aunque de refilón también pueden recibir normas de conducta que complemente a las que reciben en casa. Hemos pasado de darle antaño toda la razón a la acción del profesor a desautorizarlo y creer a pie juntillas todo cuanto nos dicen los hijos, generalmente en clave negativa hasta el extremo que, algunas veces, han acabado en agresiones físicas del familiar al profesor de su hijo/a. Ni tanto ni tan calvo, como suele decirse. La confluencia de acción entre padres y profesor es básica para que educación y la enseñanza se complementen de tal manera que nuestros alumnos crezcan en una armonía de criterios y comportamientos que los hagan crecer como personas y ciudadanos responsables.

El alumnado quizás haya sido el estamento que más ha cambiado en los últimos tiempos. Se han contagiado positivamente del ambiente democrático que se vive en la calle, de tal manera que su intervención en las aulas a través de actuaciones personales o de sus movimientos organizados ha producido cambios importantes en el ámbito educativo. En los últimos tiempos se ha incrementado la implicación de sectores del alumnado en los problemas sociales denunciando situaciones que o vivian en sus propias casas o conocían más o menos de cerca. Pero, al mismo tiempo, en muchas ocasiones las aulas han sido el escenario de la acción de los violentos, de quienes se mueven por el ánimo de entorpecer la clase porque no tienen interés en lo que allí se trata, de crear follones gratuitos, de calentar el descontento… sin que reciban, de los más interesados o de las mayoría la respuesta adecuada para que la cosa funcione lo mejor posible. Últimamente se están dando no pocos casos de coacción sobre alumnos que aparentan más debilidad de carácter y que, en alguna ocasión, han llevado a los agredidos a situaciones límites. El que sea muy positiva que los alumnos tengan que estar en educación hasta una edad adecuada, también ha producido que otros que se auto consideran como fuera de la enseñanza, por distintos razones, se empleen con unas actitudes destructivas y entorpecedoras que no siempre resulta fácil controlar por parte del profesor de turno o de los compañeros más comprometidos con su tarea. Es un reto que la Comunidad Educativa tiene que afrontar con determinación para que las aulas no se conviertan en escenario de difícil aplicación de ciertas normas disciplinarias.

Hemos dado un breve repaso crítico a los distintos estamentos protagonistas de la Educación, siempre desde un punto de vista propio de alguien jubilado. Pero, siempre es una opinión a tener en cuenta, sobre todo porque, como consecuencia de todo lo apuntado, propongo algunas cosas a tener en cuenta por quienes lo crean conveniente. En primer, creo que a la Administración Estatal le corresponde dejar de crear más inestabilidad en el sistema educativo con leyes fundamentales cada cuatro años que no acaban de asentarse ni producir los frutos deseados porque no tienen tiempo para ello. Sería recomendable que los partidos políticos empleen el sentido común y se apresten a crear un consenso que produzca una legislación básica que dure el suficiente tiempo para que estabilice el sistema educativo.

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La Administración Autonómica debe dejarse de tanto enfrentamiento con la Estatal y dedicarse a coordinar los distintos sectores educativos, desburocratizando la labor de los enseñantes que, hoy por hoy, dedican más tiempo al papeleo que a preparar y desarrollar los contenidos programáticos. El profesorado tiene que recobrar entusiasmo y vocación en su labor, desterrando el pánico que, no pocas veces, siente al tener en enfrentarse con aulas conflictivas o a padres agresivos que ponen continuamente su trabajo en entredicho. Han de ejercer una labor de equipo para que los Centros sean reflejo de un proyecto educativo que responda a las necesidades y características del alumnado que se les ha confiado. Ha de luchar por recobrar su dignidad de docente y el hacerse respetar por su dedicación y trabajo.

A los alumnos hay que pedirles respeto hacia el profesorado, buena actitud para sus compañeros, estudiar y ser activos en clase, implicándose en todo lo positivo que se plantee y críticos con los planteamientos educativos para mejorarlos. En el fondo, el mejor clima que se viva en clase les va a ayudar a formarse lo mejor posible y adquirir los hábitos y comportamientos que pueden definir el futuro de su vida.

Los padres de los Alumnos no tienen que perder de vista que el Centro Educativo no debe ni puede sustituir su responsabilidad educativa. Sus hijos le piden, de una manera u otra, la atención que necesitan, los criterios que les deben para abrirse camino en la vida con la dignidad que merecen. No se trata de protegerlos a base de dinero o de una tolerancia extrema a sus comportamientos, de dejarles hacer sin oírlos con paciencia y sentido positivo y, por supuesto, educarlos en la responsabilidad y en el trabajo bien hecho. En esta labor es importante coordinarse con el tutor de turno, darle al profesor el respeto y el sitio que le corresponde, e inculcarle a los hijos estas actitudes. La constitución de una Escuela de Padres en cada Centro sería muy recomendable para compartir ideas, ayudarse mutuamente y poner en común experiencias y dificultades que todos tenemos.

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Emilio López Pizarro

Jubilado. Fue periodista durante una breve temporada y funcionario público casi toda la vida. Hombre de bien. Es progenitor de los creadores de La Réplica.
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