20 de agosto del 2019
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El TTIP es el mayor tratado de comercio en el que participaría la UE en toda su historia. Su objetivo fundamental es la eliminación de barreras económicas y burocráticas al comercio de bienes y servicios entre los países miembros de la Unión y Estados Unidos, y su firma creará la mayor área de comercio del planeta, cercana a los novecientos millones de consumidores, con un 60% del PIB mundial y un tercio del comercio de bienes y servicios.

El tratado se apoya en tres ejes fundamentales: 1º- la eliminación de aranceles, 2º- la armonización legislativa y 3º-la generación de instrumentos para “la solución de diferencias” entre inversor y Estado; es decir, la protección de las inversiones.

La opacidad decretada por el buró político de la UE y Estados Unidos se ha visto comprometida en los últimos días, Greenpeace ha filtrado una serie de documentos secretos sobre las negociaciones del TTIP  y esto, en apariencia al menos, lo sitúa en el punto de mira del debate público.

El oscurantismo y en consecuencia, la desinformación  de parte de la sociedad civil supone una enorme barrera al debate publico, una reciente encuesta[1] dice que alrededor de un 30% de la población española tiene algún conocimiento sobre este tratado, aunque Carlos Taibo dice tener serias sospechas y advierte de lo exagerado del dato.

En el debate público se pueden observar dos posturas extraordinariamente enfrentas, según la comisaría de comercio de la UE, Celia Malmstrom[2], existe una “mayoría silenciosa de ciudadanos” de la unión que apoya el tratado frente a una “pequeña parte muy vociferante que esta en contra”.

Malmtrom

Malmström sólo convence a liberales y conservadores. Qué casualidad.

Los partidarios de el TTIP, es decir, “la mayoría silenciosa” subraya la importancia del acuerdo, y bendicen un mercado sin ningún tipo de trabas para adquirir productos a ambas orillas del atlántico, donde a su vez las corporaciones podrían actuar en condiciones de igualdad en cualquier territorio y por fin, donde las barreras legales y medidas proteccionistas desaparecerían para bienes y servicios con el consecuente aumento del PIB, según algunas estimaciones[3], 0,5% para EEUU y 1% para la EU, en palabras de Susan George[4], “una taza de café a la semana por ciudadano en 2027”, el sueño de cualquier creyente del laissez faire.

La “parte pequeña muy vociferante” presentan dudas y miedos al respecto, ¿que ocurriría si las diferentes normativas americanas y europeas se equiparasen y se unificaran por ejemplo en derechos labores, donde EEUU no reconoce los convenios de la OIT?, ¿Y con los alimentos transgénicos, clorados y hormonados?, ¿Y con el fracking?, ¿Y con un conflicto entre una multinacional y un estado?

Las alabanzas proceden principalmente del ámbito económicos; mercaderes, banqueros y demás fervorosos del libre comercio… estos, a partir de datos empíricos (número de potenciales consumidores, eliminación de aranceles y tasas, etc., por ejemplo), realizan  previsiones, generalmente optimistas para sostener su hipótesis sobre la bondad de los Tratados de Libre Comercio.

Por su parte, la sociedad civil, colectivos de todo tipo, ongs y sindicatos exponen sus dudas y miedos, y son más realistas, parten de las condiciones existentes (derechos laborales y regulación alimentaría y ambiental de allí y de aquí, por ejemplo) para describir los efectos negativos que conllevaría la firma del TTIP.

La cuestión importante aquí es identificar los elementos creíbles que proponen una y otra postura.

Partamos de que las ciencias sociales no pueden establecer leyes inmutables como otras ciencias, en general, las ciencias naturales experimentan y generan leyes científicas, mientras que las ciencias sociales difícilmente pueden hallar generalizaciones similares a leyes[5].

Las ciencias sociales si bien no buscan tratar de formular leyes inmutables, utilizan la observación y la comparación como método para buscar claridad, comprensión, y la explicación de fenómenos sociales sobre los que se puede obtener una certeza razonable.

Vayamos pues…

Primero veamos algo sobre el NAFTA, el acuerdo de libre comercio firmado en 1994 entre Canadá, Estados Unidos y México  presentado como motor del desarrollo, instrumento para la atracción de inversiones extranjeras que traerían más y mejores empleos para la región, pero, ¿cuál ha sido el verdadero resultado de esas inversiones y de la apertura comercial[6]?

“Dos millones y medio de mexicanos han inmigrado en últimos seis años. No estamos encontrando los empleos que ofrecieron durante la negociación del tratado”[7].

Nafta La Réplica TTIP
Al mismo tiempo que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional se levantaba en Chiapas, entraba en vigor el acuerdo de libre comercio, fue en enero de 1994. Miles de fábricas para la exportación de Estados Unidos, Europa y Japón se trasladaron a México para aprovecharse de los salarios bajos y el libre acceso al mercado norteamericano[8]. En  el 2000 había casi 4000 fábricas de este tipo. Sin embargo, en 2002 las fábricas extranjeras comenzaron a abandonar el país, cerraron 500 y se perdieron 250.000 empleos en un año por que trasladaron a países como China, donde los salarios de los empleos fabriles de baja calificación eran de 0,25 dólares la hora frente a 1,5 en México[9].

Antes de la firma del acuerdo, más del 80% de los juguetes que recibían los niños mexicanos eran fabricados en el país.

En 1993 la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (Amiju) registró a 380 fabricantes, pero dos años después el número se redujo a sólo 30, y es que con la apertura comercial entraron al país cientos de toneladas de juguetes, la mayoría hechos en China, que devastaron a la producción nacional.

A su vez en Estados Unidos, en California o en Texas por ejemplo, un estudio del Economy Policy Institute mostraba que el tratado impactaría negativamente en sectores importantes del país[10], mas tarde, el sindicato del sector industrial AFL-CIO, aseguraba que con el NAFTA se habrían destruido mas de setecientos mil puestos de trabajo en sectores  industriales, sobre todo en las fábricas de equipos electrónicos o en el sector automotriz.

México pobreza

En México el nivel de pobreza extrema subió muy rápidamente, pasando de un 16% a un 28% solo en los primeros cinco años del Tratado. Cinco millones de campesinos tuvieron que abandonar sus tierras, según un estudio de la Universidad Autónoma de México, que además reveló que el 72 por ciento de los agricultores de ese país latinoamericano quebró en estos 19 años como consecuencia de la entrada del NAFTA[11]. Hoy la pobreza ha alcanzado un 52% de la población[12]

Casi dos décadas después, el Acuerdo de Promociones Comerciales entre EEUU y Colombia, el TPA, entro en vigor en octubre de 2011 a día de hoy la promesa sobre “sus bondades” no se ha cumplido, las compras de los colombianos a los americanos superan con mucho a las ventas, en economía se diría que desde entonces no ha habido ni un solo día de superávit comercial[13].

Por otra parte, el gobierno colombiano. a instancias y presiones de EEUU, dictó en 2010 una resolución mediante la cual se prohíbe almacenar semillas que provienen de cosechas para sembrarse nuevamente, esta resolución acaba con una práctica ancestral, así pues, el TPA concede carácter de mercancía a los recursos naturales, brindando derechos a los inversores para su “explotación, extracción, refinamiento, transporte, distribución o venta”, para beneficiar a multinacionales como Monsanto, Dupont y Syngenta.

Otra condición para ratificar el TPA fue el acuerdo sobre derechos laborales, firmado entre el Presidente Santos y el Presidente Obama en abril de 2011, se comprometía a brindar protección a los sindicalistas y a adoptar medidas para abordar la violencia anti sindical. Según estadísticas proporcionadas por la Escuela Nacional Sindical, la principal organización encargada de observar el sector laboral en Colombia, 34 sindicalistas y líderes campesinos han sido asesinados y otros 485  han recibido amenazas de muerte desde que el Plan de Acción Laboral se puso en marcha[14].

Otro caso significativo que nos podría ayudar en nuestro empeño de comparar para clarificar y comprender la magnitud de los acuerdos de libre comercio. En Ecuador, la Corte Nacional de Justicia, ha ratificado la sentencia condenatoria contra Chevron dictada por un juzgado provincial en 2011[15].

“La contaminación en la zona se ha cobrado más de un millar de vidas  por enfermedades derivadas de los vertidos de Texaco durante las prácticas extractivas que desarrolló en la región entre 1964 y 1992. Muchos indígenas y agricultores siguen afectados por secuelas que incluyen defectos de nacimiento y distintos tipos de cáncer”.

Correa Chevron

La batalla de dos décadas que lleva un grupo de campesinos e indígenas de la Amazonia ecuatoriana contra la petrolera estadounidense Chevron, llega a un aparente final. No obstante la multinacional de petrolera americana se negó hacer frente a la indemnización impuesta por los tribunales Ecuatorianos, apelando en última instancia a al Tratado Bilateral de Protección de Inversiones suscrito entre los dos estados en 1997… y la batalla judicial sigue.

Próximamente, el TPP, Acuerdo de Asociación Transpacífico, fomentado por EEUU y once países más que representan el 40% de la economía mundial ha de ser ratificado, su fundamento al igual que el secreto TTIP  y otros, se basa en “promover las bondades del libre comercio”.

Sectores como la industria automovilística, que en el caso de Estados Unidos y Japón ha supuesto una difícil negociación, la farmacéutica, cuyas principales trabas han estado que Estados Unidos quería el mayor tiempo posible de exclusividad, la inversión y los negocios, que se verán facilitados entre los países implicados, la agricultura y la ganadería, y la propiedad intelectual, que afecta a las grandes compañías tecnológicas, son solo algunos ejemplos donde la observación y la comparación pueden convertir las previsiones bondadosas en simples ilusiones de los creyentes del laissez faire.

Con los ejemplos anteriores creo que podemos dar respuestas a las cuestiones planteadas por la “pequeña parte vociferante”, es decir, a cómo podría afectar el TTIP al empleo, a la seguridad alimentaría y del consumidor, a los servicios públicos, al medio ambiente, a la democracia…

Como conclusión, decirles que por supuesto, me incluyo en el bando de esa “pequeña parte vociferante”.

 


[1] El Intermedio , 26/4/2016
[2] Eldiario.es 23/9/2015.
[3] Eldiario.es 23/9/2015.
[4] ¿Qué es el TTIP? El País 27/10/2015.
[5] Política Comparada, Todd Ladman, Alianza Editorial 2011.
[6] El NAFTA acentuó la pobreza en México, Rebelión.org, Julio 3º, 2007.
[7] Emilio Álvarez Izaca, Presidente de la Comisión de DDHH del Distrito Federal(CDHDF)
[8] Estratificación Social y Desigualdad, Harold R.Kerbo 2010.
[9] Internacional Heral Tribune, 21/6/2002.
[10] Los ganadores y perdedores del NAFTA en México y EEUU, BBC.com, 1/1/2014
[11] Andes, agencia pública de noticias del Ecuador y de Suramérica, 2/9/2013.
[12] Las consecuencias negativas de los tratados de libre comercio, Vicens Navarro, 15/6/2015.
[13] Balance de los 3 años del TLC con EEUU, Recalca.org 15/5/2015
[14] El TPA ha fracasado en detener el asesinato de sindicalistas, David Bacon, 26/10/2012
[15] El País, 13/11/2013, Ecuador condena a Chevron a una multa millonaria por contaminar.

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Antonio Jose Pecellín

Graduado en Ciencias Politicas y Máster en Intervención Social
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